¿Quién es el julay?

Para empezar, “julay”, formalmente no existe, porque la RAE no reconoce el término.

Sin embargo, sí que es un término utilizado coloquialmente, y el significado común es el de individuo incauto, alguien fácil de engañar. Tiene una segunda acepción, menos extendida y que va cayendo en el desuso y es el de homosexual, refiriéndose únicamente al hombre.

En Cartagena también se usa pero, cómo no, con un significado totalmente opuesto al de uso común. Y, en este caso, totalmente es lo que se dice totalmente.

Aquí, el julay no es el incauto, no es el engañado, sino el que engaña. Aquí, el julay es un ser bajo, despreciable y ruin.
¿Ganas de llevar la contraria? Podría ser. Como diría Eduardo Marquina, “Cartagena (y yo) somos así, señora”.
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Palaya del Mar Menor

Palaya del Mar Menor.  No, no es una errata. Cierto que son famosas las playas del Mar Menor pero hoy no hemos venido a hablar de playas sino de palayas.

Lenguado común, o solea solea, pero dicho en cartagenero.

Palaya

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Mi amigo Leonardo

Se llamaba Leonardo Bódalo Gabarrón, y fuimos amigos desde que nos conocimos hasta que falleció. Además, fuimos compañeros de trabajo, desde que yo entré a trabajar en Bazán hasta que se jubiló.

La primera caricatura que le hice, por los años 70.

Ahora el que se ha jubilado he sido yo y, por casualidad (o no, vaya usted a saber) me he  encontrado un sobre añejo entre mis papeles, esos que ya están amarillentos; como cantaba Serrat son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas, en un rincón, en un papel o en un cajón…

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Haciendo el gato

Los gatos tienen fama de ladrones, astutos, pillos, traidores, pícaros… el adjetivo, más o menos duro depende del grado de simpatía/antipatía que se les tenga.

La expresión hacer o hacerse el gato, por lo que sé, se usa en Andalucía para referirse a los jornaleros que recogen la aceituna y que utilizan algún ardid para pasar a los olivos que están en mejores condiciones, dejando los peores a otros trabajadores menos avispados.

Aquí, en Cartagena, se utiliza para referirse más concretamente al ladronzuelo, al descuidero, que aprovecha la oportunidad para hacerse con lo ajeno, y siempre con sigilio, rapidez y astucia, como un gato.

Haciendo el gato

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Népeta, que no es que no exista, pero…

Népeta. Con los años que tengo y el habla de mi tierra nunca dejó de sorprenderme. Y eso me ocurrió también con népeta.

Si se busca en la RAE  la palabreja esa, népeta, no la va a encontrar, pero no es que no exista , no. Es que es un término que corresponde expresamente a la horticultura. Se le llama también Népeta cataria, Hierba de gato, Menta gatera y Nébeda. Y el nombre científico, en latín, es Nepeta x faassenii.

O sea que existir, existe. Ahora bien ¿por qué en Cartagena una népeta es una nevada, o nevazo?  Doy mi palabra de que no he podido encontrar la explicación.

Una népeta en plena Cartagena, pocas veces se ve eso.

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Cala del Reventón, de Cartagena

En las costas de Cartagenaque no de Murcia, porque la ciudad vecina no tiene mar cercano– está la Cala del Reventón.

Cae, desde la ciudad trimilenaria, en dirección este, hacia Cabo de Palos, un poco antes de llegar a la Cala del Muerto, nombre que parece sacado de una novela de Robert Louis Stevenson.

Cala del Reventón, tal y como la muestra Google Maps

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Oye, copela, oye..

La palabra copela, existe, como Teruel, vaya que sí, aunque no es de uso corriente.

Se refiere a un vaso en forma de cono truncado, que se utiliza para trabajar y purificar los minerales de oro o plata, y como curiosidad añadida tiene que está hecho con ceniza de huesos calcinados. Es de suponer que no serán humanos, claro.

Pero en Cartagena, tan dados que somos en darle pescozones al diccionario y desconcertarlo, a él y quienes nos oyen, le cambiamos el significado.

Copela

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Honey, que tanto me hizo llorar

Cuando la vimos por vez primera no sabíamos si era macho o hembra, de eso hace ya tiempo.  Primero fue mi mujer, paseando a nuestro perro Lanzarote, y me dijo que era muy temeroso y no podía acercarse a él.

Parecía perdido, o más bien abandonado. Andaba buscando alimento, supimos después, pero siempre huía al intentar el acercamiento. Aparecía casi todos los días. Lo veíamos de lejos, suponíamos -y suponemos- que era un perro de caza de los muchos que hay abandonados por sus dueños, cuando son viejos o si no valen para la caza.

Me hacía sufrir aquel perro al que no podíamos ayudar, porque no se dejaba o no sabíamos convencerle. Era invierno, y trataba de suponer dónde pasaría las noches, con tanto frío.

Honey, hoy feliz ya.

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La jícara cartagenera

Una jícara, vaya por delante, es una vasija pequeña, generalmente de loza, según nos explica la RAE.  Y, además, suele emplearse para tomar chocolate, en estado líquido, claro, habría que añadir.

Es una especie de chocolatera, más o menos equivalente a la cafetera o a la tetera.

Sin embargo por alguna extraña razón, que no alcanzo a comprender ni he podido localizar, en Cartagena se transforma en un trozo de chocolate, en estado sólido.

jícara cartagenera

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Continuemos

He estado mucho tiempo sin escribir en este blog. No ha sido por olvido ni desidia. He estado en periodo de reflexión concerniente a diferentes aspectos de mi vida.

Con respecto a esta actividad bloguera en concreto, continuaré elaborando entradas correspondientes a la historia, constumbres, personajes, etc. de mi ciudad. Pero nada más. En el campo reivindicativo ya me he convencido de que los cartageneros no tenemos arreglo.

Continuemos

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