Las fotos hechas con el móvil no son las más deseables, tanto por la calidad como por el formato, pero hay ocasiones que no hay que dejar escapar.
En realidad no es la calle La Mancha, pero debería serlo.
Iba con mi mujer por la calle Tierno Galván, en Cartagena, y lo vi allá al fondo, recortándose contra el cielo temprano, y me sentí Don Quijote ante un gigante.
Tampoco es un molino propio de La Mancha, sino uno típico del campo de Cartagena, especie singular y única en España. Dicen que lo más parecido se encuentra en la isla griega de Mikonos, no sé si será verdad.
El caso es que por unos momentos me volví el caballero de la triste figura, pero no lanza en ristre, sino con móvil.
Mis recuerdos navideños están llenos de olores, sonidos e imágenes variopintos. La mayoría agradables, y alguno un poco siniestro.
Entre los primeros están las tortas de Pascua que hacía mi madre, y su aroma, el sonido de los villancicos (todos en español, claro, el inglés no había llegado aún), el belén y sus figuritas de barro desportilladas, con el río hecho de papel de aluminio y el lago con un espejito.
Pero
Guardar
Copia de una tarjeta de Ferrándiz
Lo que hoy me ha despertado esos recuerdos son las tarjetas navideñas (entonces las llamábamos «crismas» por el Christmas inglés, y a mí me causaba perplejidad que denominase así a lo que se rompía uno cuando se caía por unas escaleras pero, en fin) y, entre ellas, destacaban los dibujos de Ferrándiz, el auténtico rey de la Navidad.
No he podido resistir la tentación de coger alguna de las que conservo y copiarla. Mejores, mucho mejores son las originales, qué duda cabe. Pero redibujarlas, fijarme en cada detalle, comprobar la complejidad y dificultad de cada trazo además de su belleza, me permite disfrutarlas mucho más que sólo mirarlas. Y ahí está de nuevo D. Juan Ferrándiz Castells, que falleció en 1997, que sigue ayudándome a disfrutar de la Navidad.
Especial ternura recuerdo a las bolas de adorno para el árbol, que iba a comprar con mi hermana. No sé si decir bolas o bola, en singular, porque el presupuesto de cada año no nos alcanzaba para más, y eso obligaba a elegir bien, pasando muchos minutos con la nariz pegada al cristal del escaparate, meditando y discutiendo la compra.
Aquellos objetos eran muy bonitos, al menos a mí me lo parecían, y muuuy frágiles, y eso ya no era opinión mía, era una realidad incuestionable. Eran de cristal, fino y delicado. Iban en cajitas con serrín o virutas de madera como embalaje y, aún así, se rompían con mirarlas.
He dicho que también había algún recuerdo siniestro, y es verdad. Ese era el buche del pavo, que mataban por Navidad las familias que se podían permitir hacerlo y que a veces se entregaba a los niños, inflado como un globo, para jugar con él. Y con las plumas nos hacíamos tocados de jefe indio para jugar.
Siniestro sí que era, pero no se puede negar que entonces se reciclaba mucho más que ahora.
Hacía tiempo que no dibujaba nada del Efesé. No me apetecía, son muchas decepciones seguidas. Creo que fue hace más de dos años cuando hice algo en este blog.
Hoy el Murcia le ha ganado por 2-0 pero lo peor no ha sido la derrota, que ya es mala perder con los pimentoneros, sino cómo se ha perdido.
Tras ver el partido, la impresión es de que al equipo le falta algo. Y oyendo y leyendo los comentarios de la afición, la opinión es unánime. Los aficionados le están enviando un recado. Todavía son líderes, pero…