Calle del Conducto, donde tanto trabajé

Calle del Conducto, versión añeja.

No lo han pillao con el carrito del helao, sino con el de las chuches.

Tengo especial cariño a esta calle ya que la visitaba casi a diario durante una parte de mi vida, cuando trabajaba para Publicidad Cros, que entonces tenía allí su domicilio.

Origen del nombre de Calle del Conducto

Tomó su nombre por un conducto que recogía las aguas procedentes de la calle Santa Florentina, que entonces era una rambla (y que a su vez recogía las aguas procedentes de la Serreta) y las vertía en la calle Real.

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Severiano, duque de Cartagena

Empiezo esta serie de “Cartageneros y Cartagenericos” con uno que precisamente nacido en Cartagena no parece que fuese aunque sí que es uno de los personajes que más lustre y brillo han dado la ciudad, porque engendrar en un sitio a cuatro santos y pico no lo hace cualquiera. Hablo, claro, del duque Severiano. Y lo del pico ya lo aclararé después.

Severiano parece que nació en Italia, siendo hijo del rey ostrogodo Teodorico el Amalo, o también conocido como Teodorico el Grande. Como todo el mundo sabe 😉   Teodorico fue rey de Italia y gobernó sobre los ostrogodos, por derecho propio (el derecho que le daba haber asesinado al anterior rey, Odoacro, con sus propias manos), y sobre los visigodos en nombre de su nieto Amalarico, hasta que se hizo mayor de edad. Este gobierno sobre los visigodos le daba en la realidad el mando sobre España, aunque entonces se llamaba Hispania, caprichos de las historia. Y este gobierno indirecto sobre España es lo que nos manda a Severiano para acá.

El_Duque_Severiano

La provincia cartaginense era la mayor de España por aquellos tiempos y su capital era Cartagena. A fin de tenerlo todo atado y bien atado. Teodorico envió a su hijo Severiano como duque de Cartagena, y este cogió un barco en Ostia y se vino para acá. Ya tenemos a Severiano hecho todo un cartagenero de postín. Lo primero que hizo –o lo segundo, vaya usted a saber- fue casarse con una española, a fin de estrechar lazos y todas esas cosas que hacen los nobles. La buena mujer se llamaba Santina o Sancha, que suena muy español, y dicen que era descendiente del emperador Teodosio; Teodosio el Grande, claro, que aquí  todo el mundo parece que era grande. Todo el mundo sabe también 😉 😉  quién fue Teodosio, emperador de Roma, pero si alguien no se acuerda, para eso está la Wikipedia.  Es muy probable que, efectivamente, la mujer de Severiano fuese española y fuese descendiente del emperador Teodosio, en primer lugar porque este había nacido en España y en segundo porque esta gente no se casaba con la cocinera o la lavandera, tenía que ser de dama de alta cuna, aunque fuese de baja cama, como cantaba Cecilia.

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Aquella rambla reconvertida

La calle de Santa Florentina, antes de ser calle fue rambla. Una rambla que discurría entre la muralla de la ciudad y la tapia del convento de San Joaquín y por donde discurrían las aguas del Molinete.

Cuando a aquellas aguas se dio un mejor destino alcantarillado, se urbanizó la zona y comenzó a ser una calle que siempre se ha llamado de Santa Florentina (tomando el nombre de la rambla) salvo un breve paréntesis en una intentona municipal de llamarla de Jaime Cubedo, sin que lograra cuajar a nivel popular.

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Los Cuatro Santos, como los mosqueteros, pero al revés.

Como todo el mundo sabía, porque ahora ya se sabe cada vez menos, los Tres Mosqueteros eran cuatro. A Porthos, Athos y Aramis había que añadirle D’Artagnan, que aprobó luego las oposiciones a mosquetero del estado.

Y si alguien visita la calle de los Cuatro Santos podría llegar a la conclusión de que son tres porque en sus hornacinas están San Fulgencio, San Isidoro y Santa Florentina, pero no está San Leandro, que se halla en buenas manos para su restauración. Cuando pase la ITV, que se está haciendo larga, volverán a ser cuatro.

El lugar donde están las hornacinas con los cuatro hermanos cartageneros, hijos del Duque Severiano, y que alcanzaron la santidad, se llamaba antes Las Cuatro Esquinas, un nombre muy poco original ya que en casi todas las ciudades había un lugar llamado así, y solía ser centro de reuniones y actividad ciudadana.

Y las Cuatro Esquinas no eran, como hoy, centro de la Calle de Los Cuatro Santos, sino que eran comienzo y fin de dos calles porque, aunque hoy sea una sola, antes era calle de Sola (por Don Luis de Sola, un religioso que vivió en ella) desde la calle del Aire hasta la calle de Jara, o sea, hasta las Cuatro Esquinas. Y la otra calle, que partía de ese punto y llegaba hasta la plaza de San Ginés (de la Jara) se llamaba calle de Ginés Díaz.

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