Dar un borneo

Dar un borneo o darse un borneo, en Cartagena tiene el significado de pasear. No caminar o andar, sino pasear, con ánimo lúdico y recreativo.

No conozco el origen exacto de esta expresión, pero creo que hay algunas pistas que pueden servir para darnos una idea.

Un cartagenero dándose un borneo.

Para empezar, aquí no existe el verbo “bornear”; la expresión utilizada siempre es la enunciada de dar un borneo. El habla típica de Cartagena y su comarca, como tierra de aluvión que es, tiene raíces en diferentes partes de España. Una de ellas es Cataluña.

En catalán, por lo que sé, aunque no es una opinión unánime, dicen que el término bornear significa pasear por una plaza. Y otros expertos dicen que bornear es participar en una justa, uno de esos torneos medievales tan famosos con caballeros.

Ambas cosas tienen sentido si vamos al diccionario de la RAE y buscamos borne o bornear.

El primero, borne, se refiere al extremo de la lanza que se utilizaba en las justas. Y me permito recordar que cuando el caballero y su caballo llegaban al final de la pista donde contendían, daban la vuelta para una nueva acometida.

En cuanto al verbo bornear, además de varias acepciones que siempre tienen que ver con girar, volver, retorcer, bailar… la primera acepción es dar vuelta, revolver.

Creo que toda esa suma de acepciones es la generó el término cartagenero de darse un borneo, equivalente a darse una vuelta, un paseo (por plaza o no) con el ánimo de recreo o distracción, como hacían en las justas medievales. Aunque a veces resultaran trágicas.

Guardar como un cristal

Por poco que le guste Tolkien y la saga “El Señor de los Anillos“, seguro que le ha llegado alguna vez la imagen del Gollum y su famoso latiguillo “mi tesoro, mi tesooooro”.

Si no sabe aún de lo que hablo, poco arreglo va a tener esto, salvo que indague por su cuenta. Con las pistas dadas, seguro que lo encuentra.

Bien. Lo que hace el Gollum con el anillo es “guardarlo como un cristal”, dicho en cartagenero castizo. Es decir, conservar algo con mimo y esmero, poniendo la máxima atención y hasta devoción.

No puedo explicar el origen de la frase porque lo ignoro, aunque lo he buscado. ¿Ese cuidado es por miedo a cortarse con el cristal? ¿O es porque los cristales de colores siempre han atraído como objetos valiosos aunque fuesen baratijas de intercambio? Repito, no lo sé.

Pero que en cartagenero es así, vaya que sí.

El blancor cartagenero

A ver, que nos entendamos, el blancor, como Teruel, existe. Nos dice la RAE que es lo mismo que blancura y esta, a su vez, es la cualidad de blanco.

Si se molestan en consultar la entrada de la RAE verán que blanco tiene hasta 25 acepciones. Una de ellas, por cierto, es un murcianismo para la urraca. Pero, a lo que vamos, no está el blancor cartagenero, eso es algo nuestro.

¿Y de qué se trata? Pues de esa calma que hay a veces, no sé si tras la tormenta o no, esa tranquilidad absoluta que se produce tanto en el mar como en la atmósfera, una situación despejada de paz y bienestar, sin nada que lo enturbie, ni un viento inoportuno, ni una marejadica, ni unos “nulos” amenazantes… Eso es el blancor.

Púa arriba, canto ensima

Algunas entradas me da entre pereza y tristeza hacerlas, como esta. Y es que no sé si a alguien le interesa de verdad saber qué significa una expresión como “¡Púa arriba, canto ensima!”

Intentaré explicarme mejor. Sí que hay todavía cartageneros a los que les interesa el habla peculiar de su tierra, pero son -somos- cada vez menos y, además, como ya no estamos en vías de hacer la primera comunión, los que utilizamos estas benditas/malvadas redes sociales, aún menos todavía. Estas autopistas digitales, como se les llama de forma bastante cursi, las transitan sobre todo jóvenes que, cautivos de la globalización, el habla vintage de los icues se la trae al pairo.

Un mal trago

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El Covid-19 no era una lisquica

En las cosas del Habla Cartagenera hoy tenemos un 2×1, como si esto fuera la tiendesica de la esquina: “Lisquica” y “Bisagra”.

Nos han encerrado, aunque ellos dicen confinado porque el jodío virus no era una lisquica, como decían ellos y todos sus bisagras y está muriendo mucha gente, sobre todo mayor.

Hay muchos bisagras y bisagros en televisión

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Mardal, un carnero heteropatriarcal.

Es extraño volver al blog después de tanto tiempo, como extraños son los tiempos que estamos viviendo, confinados en casa por culpa de un maldito virus chino y, en parte, por un gobierno inepto.

El dibujo de hoy lo hice en marzo, pero no de este nefasto año 2020, sino del pasado 2019. ¿Y por qué no lo había publicado hasta hoy? Son razones múltiples, tanto laborales como médicas, pasando por las familiares.

Pero a nadie importan mis dificultades personales y, digo yo, que si están aquí, seguramente es porque les interesa, entre otras cosas, el habla de Cartagena,  y más concretamente, el término mardal.

Mardal
mardal
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¿Quién es el julay?

Para empezar, “julay”, formalmente no existe, porque la RAE no reconoce el término.

Sin embargo, sí que es un término utilizado coloquialmente, y el significado común es el de individuo incauto, alguien fácil de engañar. Tiene una segunda acepción, menos extendida y que va cayendo en el desuso y es el de homosexual, refiriéndose únicamente al hombre.

En Cartagena también se usa pero, cómo no, con un significado totalmente opuesto al de uso común. Y, en este caso, totalmente es lo que se dice totalmente.

Aquí, el julay no es el incauto, no es el engañado, sino el que engaña. Aquí, el julay es un ser bajo, despreciable y ruin.
¿Ganas de llevar la contraria? Podría ser. Como diría Eduardo Marquina, “Cartagena (y yo) somos así, señora”.

Palaya del Mar Menor

Palaya del Mar Menor.  No, no es una errata. Cierto que son famosas las playas del Mar Menor pero hoy no hemos venido a hablar de playas sino de palayas.

Lenguado común, o solea solea, pero dicho en cartagenero.
Palaya

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Haciendo el gato

Los gatos tienen fama de ladrones, astutos, pillos, traidores, pícaros… el adjetivo, más o menos duro depende del grado de simpatía/antipatía que se les tenga.

La expresión hacer o hacerse el gato, por lo que sé, se usa en Andalucía para referirse a los jornaleros que recogen la aceituna y que utilizan algún ardid para pasar a los olivos que están en mejores condiciones, dejando los peores a otros trabajadores menos avispados.

Aquí, en Cartagena, se utiliza para referirse más concretamente al ladronzuelo, al descuidero, que aprovecha la oportunidad para hacerse con lo ajeno, y siempre con sigilio, rapidez y astucia, como un gato.

Haciendo el gato

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Népeta, que no es que no exista, pero…

Népeta. Con los años que tengo y el habla de mi tierra nunca dejó de sorprenderme. Y eso me ocurrió también con népeta.

Si se busca en la RAE  la palabreja esa, népeta, no la va a encontrar, pero no es que no exista , no. Es que es un término que corresponde expresamente a la horticultura. Se le llama también Népeta cataria, Hierba de gato, Menta gatera y Nébeda. Y el nombre científico, en latín, es Nepeta x faassenii.

O sea que existir, existe. Ahora bien ¿por qué en Cartagena una népeta es una nevada, o nevazo?  Doy mi palabra de que no he podido encontrar la explicación.

Una népeta en plena Cartagena, pocas veces se ve eso.

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