El Covid-19 no era una lisquica

En las cosas del Habla Cartagenera hoy tenemos un 2×1, como si esto fuera la tiendesica de la esquina: «Lisquica» y «Bisagra».

Nos han encerrado, aunque ellos dicen confinado porque el jodío virus no era una lisquica, como decían ellos y todos sus bisagras y está muriendo mucha gente, sobre todo mayor.

Hay muchos bisagras y bisagros en televisión

Un cartagenero castizo entenderá el párrafo anterior pero van quedando pocos, de modo que habrá que explicarlo.

Un bisagra es un pelota, un periodista apesebrado, un tertuliano a sueldo, un estómago agradecido, un artista subvencionado, etc. Puede suponerse que esa bisagra tiene que ver con doblar el lomo y hacer reverencia al poderoso, y sí, algo de eso hay. Pero tiene otra explicación más culta y menos obvia que convive con la anterior.

Se refiere asimismo a esas personas que se avienen a cualquier cosa con tal de obtener un beneficio y su origen está en el latín bis-acra: dos puntas, dos extremos… DOS CARAS, en fin. Hipócritas.

Hemos visto y oído en estos días pasados a muchas bisagras y muchos bisagros, por utilizar el lenguaje que a ellos gusta, convenciendo al personal que el coronavirus era una lisquica. Y eso en cartagenero es una cosa insignificante, sin importancia.

Y resulta que no, no era una lisquica.

Mardal, un carnero heteropatriarcal.

Es extraño volver al blog después de tanto tiempo, como extraños son los tiempos que estamos viviendo, confinados en casa por culpa de un maldito virus chino y, en parte, por un gobierno inepto.

El dibujo de hoy lo hice en marzo, pero no de este nefasto año 2020, sino del pasado 2019. ¿Y por qué no lo había publicado hasta hoy? Son razones múltiples, tanto laborales como médicas, pasando por las familiares.

Pero a nadie importan mis dificultades personales y, digo yo, que si están aquí, seguramente es porque les interesa, entre otras cosas, el habla de Cartagena,  y más concretamente, el término mardal.

mardal

El mardal, en Cartagena, es un carnero, el macho de la oveja, con cuernos enrollados en espiral. Es el símbolo del signo de Aries, la representación del mito del vellocino de oro. Aquel carnero, llamado Crisómalo, era alado. Los mardales de Cartagena son normalitos y no tienen alas, se desplazan a patita, como cualquier hijo de vecino ovejuno.

Pero los mardales no son carneros cualquiera, no, son los carneros-padre, destinados a la procreación; ya saben, el heteropatriarcado y todas esas memeces tan de moda.

El término cartagenero mardal proviene de la voz aragonesa mardano, que se aplica o aplicaba a estos carneros. Hay muchas voces comunes entre Aragón y el campo de Cartagena, por las huestes y población en general con que se repobló esta zona cuando fueron expulsados los moros, por la Reconquista, (algo que nunca sucedió según los historiadores progres, en su intento de convencernos de que España no existe).