Ñoña

ÑOÑA: Mierda encontrada en la vía de paso del peatón.

Una ñoña en plena calle

HARTO DE VIVIR: Se dice de las cosas que están muy usadas o los alimentos muy pasados.

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Melón lunero

MELÓN LUNERO: Melón robado en el bancal por la noche.

Melón lunero

CABALLITOS: Tiovivo, feria infantil en general.

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Micerinos, faraón de Cartagena

Pirámides en Egipto hay muchas pero cuando hablamos de «las pirámides», por antonomasia, nos estamos refiriendo a tres: las de la meseta de Gizeh. La más grande es la de Keops (o Kufú), la mediana es la de Kefrén, y la pequeña, si es que se puede llamar pequeña a una edificación de 64 metros de altura, es la de Micerinos, llamado también Menkaura.

Pues bien, Micerinos fue faraón del Alto y Bajo Egipto y -un poquito al menos- también de Cartagena, ya que tenemos su sarcófago y parte de su ajuar funerario en nuestras aguas.

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La calle es mía

La calle es mía. Eso dijo en su día D. Manuel Fraga, ministro franquista de la Gobernación, advirtiendo a los obreros que no les permitiría manifestarse el 1 de Mayo. También fue Fraga el del famoso bañador Meyba con el que se dio un bañito en aguas que simulaban ser las de Palomares.

 

Pues parece que el espíritu del Sr. Fraga, con o sin Meyba, veranea desde hace años en La Manga y ha poseído a cientos, miles de bañistas que también dicen eso de “La calle es mía”.

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Zangonear

ZANGONEAR: Hacer el vago, el gandul.

Zangonear

DAR EL QUEO: Aviso entre delincuentes de presencia policial. (¡Queo, queo, queo…!) // QUEO: Golfo, sinvergüenza, ladrón….

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Lebechazo

LEBECHAZO (o Lebechaso, claro): Lebeche muy fuerte y destructivo.

 

LÁGUENA: Tierra de pizarra que cubría los tejados para impermeabilizarlos

 

MACOCO: Fruto maduro en exceso // Estado de que ocurra algo inminente. // Persona de edad avanzada.

 

TENER UN MAL MALO: Tener un cáncer.

 

SIENTE LA GRAMA (O LA HIERBA) NASER: Se dice de las personas muy avispadas y despiertas.

 

 

Lanzar un ¡Viva Cartagena!

Los más cultos o los más antiguos, porque la expresión se está quedando obsoleta, saben lo que es lanzar un Viva Cartagena.

Es como se designa al recurso fácil o hábil para ganarse el aplauso y la adhesión del público o para salir de una situación comprometida.

Menos conocido aún que la propia frase es el origen de la misma. Nació en Cartagena, claro, y ocurrió cuando un tenor de no mucha calidad estaba interpretando la ópera «Marina» en el Teatro Circo cartagenero y se le escapó un clamoroso «gallo».

Cuando el público estaba iniciando el correspondiente abucheo, el tenor, que era mediocre con la garganta pero brillante en rapidez mental, entonó un vibrante «¡Viva Cartagena!». ¿Cómo iba el público cartagenero a abuchear aquello? Por supuesto que no y lo que consiguió nuestro avispado cantante fue una ovación apoteósica.

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La vuelta del Chingu

Víctor Fernández ha vuelto al FC Cartagena, ahora como entrenador.

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Víctor, el Obama del Efesé.

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Ajoduro pelotero

AJODURO PELOTERO: Juego infantil consistente en tirarse con fuerza una pelota, sin contemplaciones.

Ajoduro pelotero. No hay cuartel.

AJO SANJUANERO: Ajo común, no chalote.

AJO PORRO: Puerro.

PEJIGUERA: Achaque, enfermedad // Problema, dificultad // Conversación pesada y molesta

BOLA o BOLICA: Pimiento rojo redondo y seco. O sea, ñora.

¿Hay moros en la costa?

Casi todo el mundo conoce la expresión de «haber moros en la costa» como sinónimo de advertencia ante un peligro o situación comprometida posible. Está muy generalizada y es utilizada en toda la geografía española. Lo que no es tan conocido es el origen de esa expresión y el que naciera en estas tierras levantinas en general y cartageneras en particular.

Los moros en cuestión eran los piratas berberiscos, llamados también corsarios otomanos, que operaban desde el norte de África y hacían incursiones depredadoras en las costas levantinas. A fin de estar ojo avizor de estos ataques, se fueron construyendo torres de vigilancia en diferentes puntos de nuestro territorio en las que habían vigías que se encargaban de dar la voz de la alarma a la población con la consabida frase de «¡Hay moros en la costa!» cuando veían aparecer aquellas catervas de energúmenos.

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Algunas poblaciones del Campo de Cartagena deben su nombre a aquellas torres de vigilancia, alrededor de las cuales fueron estableciéndose pobladores que quizás se sentían así más protegidos: Torre Pacheco, Torre del Rame, Torre del Negro, etc. Por cierto, un lugar donde solían «hacer parada» para descansar aquellos piratas era en la hoy turística Manga del Mar Menor.

Uno de los personajes que más se distinguieron en la lucha contra los piratas berberiscos fue Don Pero Niño, marino, militar y corsario castellano que, aunque nacido en Valladolid, tuvo su base en Cartagena -los cartageneros estábamos integrados en el reino de Castilla- y desde aquí partió para varias de sus campañas. La ciudad tiene una calle dedicada a su memoria, pero de un modo un poco chapucera porque se le llama Calle Peroniño, todo junto, sin saber porqué. Pero (Pedro) era el nombre y Niño el apellido.

Primera campaña de Pero Niño contra los piratas. (Fuente: Wikipedia)
Primera campaña de Pero Niño contra los piratas. (Fuente: Wikipedia)

La expresión «Moros en la costa» sigue estando en plena vigencia desde entonces aunque no me extrañaría que, con ola de gilipollez que nos invade, los apóstoles de lo políticamente correcto empiecen un día de estos a querer sustituirla por «hay magrebíes en el litoral» o algo similar.