Los chemtrails (chemical trails) o estelas químicas son una de las teorías de la conspiración más actuales. Según esta teoría, la población está siendo fumigada con objetivos no aclarados pero en ningún caso buenos.
Aquí hay más información sobre los chemtrails. Pero en la red se pueden hallar miles de artículos y opiniones sobre estas estelas, de diferentes formas, aunque una de las más comunes son las líneas rectas que se entrecruzan entre sí formando una especie de parrilla.
A finales de Diciembre de 2012, el día 30 exactamente, si la teoría es cierta, estuvieron fumigando sobre mi casa. Esta era la imagen de aquellos chemtrails.
Es curioso, pero siempre sobran árboles. Siempre hay buenos motivos para eliminarlos y nunca los hay para plantarlos. En todo lugar, en cada circunstancia y por cada agente actuante, siempre sobran árboles.
Una triste verdad
Si se hace una carretera, hay que talar árboles por donde pasa. Y si ya está hecha, hay que talar los árboles que había a los lados, por seguridad vial. Si se urbaniza, hay que eliminar los árboles para construir las casas, y si el terreno no es urbanizable, algún oportuno incendio forestal se encargará de que lo sea después. Y hasta he visto que en alguna urbanización ya existente que iba a hacer reformas, cortaba tooooodos los pinos de una calle para que no estorbaran a los camiones de los reparadores.
Se talan árboles para crear terreno cultivable, para criar pasto para la ganadería, para hacer pistas deportivas, para obtener madera, para hacer papel, para sanearlos porque están demasiado secos, o demasiado juntos, para hacer leña y venderla clandestinamente, o para que no aniden los pájaros y manchen con sus cagadas… la lista es tristemente larguísima. Pero sea legal o no la tala, parece que nadie está obligado a reponer esos árboles plantando otros.
Y no pensemos en que siempre son empresas o colectivos con intereses más o menos oscuros. El gen destructor de árboles lo llevamos todos (o casi todos, por dejar una puerta abierta al ofendido y aludido de turno), a nivel individual.
He visto a una anciana venerable regar a diario con lejía una enorme higuera del jardín comunitario, para secarla porque estorbaba para los juegos de sus nietos. Por suerte, ganó la higuera. Y al vecino empeñado en talar una majísima palmera porque le tapaba parte de la vista desde su terraza. Se salvó por los pelos, al estar protegida y tener sanción; al final se trasplantó a otra zona.
Estamos cavando nuestra tumba con nuestros propios dientes. La venganza de la tierra puede ser lenta, pero es segura. El clima es el ejemplo más claro e impactante con sequías, inundaciones, deshielos… y luego está el aumento de la contaminación, los cambios en las conductas de la fauna, la desaparición de las abejas… nada que no sepa cualquiera que tenga ojos y oídos.
Me duele ver desaparecer árboles en cualquier parte y en donde vivo, Tentegorra, a quien hay quien llama “el pulmón de Cartagena“, lo veo continuamente. Aquí hay algunos ejemplos que voy recogiendo aquí y allá. Ojalá no termine siendo un pulmón tuberculoso o silicótico.
El hombre que plantaba árboles
Hace ya mucho tiempo que leí “El hombre que plantaba árboles” y todavía recuerdo el grato impacto que me produjo. Su autor, el francés Jean Giono, lo publicó en 1.954.
Jean Giono
Tuvo un gran éxito a nivel mundial, salvo en Francia (cosa realmente extraña conociendo el chauvinismo galo) y se tradujo a varios idiomas. Es un libro muy corto pero tuvo (y tiene) una gran trascendencia, ha llegado a inspirar incluso reforestaciones, se hizo un cortometraje de animación de él y según su autor, fallecido en 1970, fue la obra que más satisfacciones le dio pese a no obtener ningún beneficio económico de él, ya que renunció a sus derechos y su reproducción es libre y gratuita.
El personaje protagonista, Eleazar Bouffier, es ficticio, como explicó el propio autor en una carta, pero mucha gente creía que era real, incluso el gobierno francés lo creyó porque la zona en cuestión, anteriormente desolada, luego se fue repoblando sin saber la razón y en la actualidad hay una hermosa vegetación y bosques. Por eso, todavía hay quien cree que podría ser una realidad novelada, inspirada en alguien que realmente existió.
El libro describe cómo el hecho de plantar árboles, o mejor dicho su resultado, el que haya árboles o no, puede transformar la vida, y no solamente el paisaje, sino el carácter y la salud de las gentes que habitan esas tierras.
En Cartagena nació el inventor del submarino, en Cartagena se construyen todos los submarinos españoles, y en Cartagena está, ahora bajo techo, el primer submarino del mundo, el de Isaac Peral, que es símbolo no oficial de la ciudad. Este ingenio, que revolucionó la forma de explorar el mar, fue diseñado no solo con el objetivo de la guerra, sino también para permitir una nueva era de exploración subacuática. El primer submarino que pueda llamarse así, claro, porque hubo otros intentos anteriores pero que no llegaron a la funcionalidad requerida. Es algo que sabe casi todo el mundo. Pero parece que a los cartageneros el ingenio y la visión de futuro se nos quedaron estancadas en algún momento de la historia. Entre 1973 y 1975 se botaron en la Empresa Nacional Bazán de Cartagena los cuatro submarinos de la clase Daphne de la Armada Española: S-61 “Delfín”, S-62 “Tonina”, S-63 “Marsopa” y S-64 “Narval”. El Delfín y el Narval fueron dados de baja en 2003, el Tonina fue baja en 2005 y el Marsopa en 2006. Posteriormente, el Narval fue desguazado, un proceso que simbolizó el final de una era para las embarcaciones que habían servido con lealtad. En cambio, el Tonina y el Marsopa están a la espera de destino, uno en seco y el otro a flote, lo que refleja el destino incierto de muchos submarinos de esa época. Mientras que el Delfín es el que ha corrido, hasta ahora, mejor suerte, siendo preservado como un monumento histórico, lo que permite a las nuevas generaciones aprender sobre la rica historia de la ingeniería naval en Cartagena y apreciar la evolución de la tecnología submarina.
El Ayuntamiento de Torrevieja adquirió el Delfín y, desde el 8 de Mayo de 2004, está siendo visitado por turistas y curiosos, en visitas guiadas, al módico precio de 2 euros. Hasta hace unos meses, había recibido ya más de un millón y medio de visitantes, lo que da una cifra respetable de ingresos económicos para las arcas torrevejenses. El éxito ha animado a incorporar otros buques al museo flotante y ya están el patrullero “Albatros”, un velero que está en fase de acondicionamiento, y otros accesorios como torpedos, etc.
Cartagena provincia. Dibujé este plano-guía turístico entre 1998 y 1999 y lo inscribí en el registro de la Propiedad, es decir, que tiene copyright.
Hipotética provincia de Cartagena
Tenía una intención lúdica y comercial. De hecho se reprodujo en distintos formatos y se vendió en las tiendas del Grupo D’Costa. Recogía las principales especialidades turísticas, gastronómicas, típicas, populares, etc. de los diferentes puntos de un área que se corresponde aproximadamente con la comarca o campo de Cartagena. Era simplemente eso. Sin embargo, sin embargo…
Sin embargo, como siempre hay gente dispuesta a ver lo que no hay y a buscar cinco pies al gato, me llegaron comentarios y críticas relacionadas con la vieja aspiración de los cartageneros de tener su propia provincia, de la que fueron injustamente desposeídos en 1.833. Es una reivindicación a la que me sumo, sí, totalmente, pero aquel dibujo no era aquello, sino lo que dije anteriormente.
Por eso, el dibujo original no era como el que aquí reproduzco. No hablaba de provincia sino de campo de Cartagena, y no había bandera alguna. Además contenía un error en la ubicación de dos localidades. Por eso cuando, hace un par de años, me harté de escuchar majaderías, decidí que había llegado la hora de darles la razón y cambié algunas cosas en el plano.
En primer lugar corregí los errores. En segundo, en el globo incluí la bandera de la provincia marítima de Cartagena y el título del plano cambió a “Provincia de Cartagena y alrededores“. No hay fronteras ni límite, no se indica donde empieza o termina esa provincia que no existe -aún- y cada cual es libre de incluirse o no en la palabra “alrededores”.
Publiqué este plano modificado en Sportcartagena y fue dar una patada al avispero. Vinieron volando a picar desde bien lejos, más allá del puerto de La Cadena, hablando algunos hasta de “odio”(¿?). Me dijo una vez un anciano que tuviese mucho cuidado con la gente sin sentido del humor y he comprobado que estaba en lo cierto. La gente incapaz de reírse me da mucho miedo.
Bueno, además de las críticas, por supuesto hubo muchos más elogios de paisanos que comparten la misma vieja aspiración: Cartagena Provincia.