En Cartagena puede que tenga la marca de haber tenido menos tiempo un nombre oficial, y con razón. En Octubre de 1868 el Ayuntamiento la llamó Malcampo y claro, con ese nombre duró poco. Solo quince días después se la nonimó, también de forma oficial, calle de la Maestranza y esto tuvo más éxito, aunque sin pasarse. Porque también se le llamó, durante la primera guerra mundial calle de los Aliados, y eso que éramos neutrales. Y después, en tiempos de la II República, se le llamó Pablo Iglesias. Ha tenido casi tantos nombres como reformas. En las fotos que he tomado en estos últimos 23 años se recogen las últimas.
Pero no, la gente tenía claro antes y después de que era la calle Real, y así la siguió llamando y así se llama. Debe su nombre a las llamadas casas reales que había en tiempos, donde hoy está la Capitanía General y era donde se almacenaban los avituallamientos para los buques de guerra. Porque esta calle, antes de que se levantase la tapia que la separa del actual Arsenal Militar, bordeaba el llamado Mar de Mandarache y en sus orilla se construían, reparaban y avituallaban los buques.
Es una calle larga y también larga la historia y sucesión de locales que ha habido en ella, pero no es el objetivo de esta blog el recoger los establecimientos. Solamente por su trascendencia, recojo que aquí estuvo el famoso penal de Cartagena, llamado la Casa Negra por la población, que luego se transformó en el Cuartel de Instrucción de Marinería y hoy es una dependencia de la Universidad Politécnica. Su evolución positiva es significativa.
Y entre las muchas cosas pintorescas que conforman la historia de esta calle están las fuentes que instaló la Armada para surtir de agua a los buques y que quedaron luego adosadas a la tapia del Arsenal. Hoy el agua que mana es no potable pero, en su día, sí que lo era y procedían del manantial de Los Dolores y la fuente de La Perdiz. Y lo curioso es que se atribuyeron cualidades fertilizantes a dichas aguas y, según dicen, muchas cartageneras de nacimiento o adopción quedaron embarazadas gracias a dichas propiedades. 🙂
Son muchos los que han leído la novela «10 negritos» (Ten Little Niggers) de Agatha Christie. Para los que no la hayan leído (ni visto la película) se les puede adelantar sin destripársela que es la novela de misterio más vendida de la historia y cuenta cómo 10 personas van siendo asesinadas una tras otra, al tiempo que 10 figuritas de otros tantos negritos que, simbólicamente los representan, van siendo destruidas o desaparecen.
Tras un comienzo titubeante, el FC Cartagena empieza a entonarse con varios resultados positivos consecutivos y, sobre todo, la moral que da el haber pasado las eliminatorias de copa hasta llegar a enfrentarse con un grande de Primera División. Que luego habrá que ver si es tan grande o es mediano, el sorteo lo dirá.
El caso es que sus colores suben y empieza a ser de nuevo aquel globo que decía Samper, presidente del Murcia, que acabaría desinflándose. Fue así y será así siempre: todo lo que sube, antes o después, baja.
El globo que vuelve a subir
Pero ahora, de momento, estamos subiendo otra vez. Disfrutemos.
Las calles suelen cambiar de nombre a lo largo de su vida, casi siempre por avatares políticos, pero alguna, por extrañas razones, se mantienen firmes en su nombre sin cambiar. Ese es el caso de la calle de San Francisco, chiquita pero matona.
Cuando nació, hace un número largo de siglos, formándose la ciudad, tomó el nombre de San Francisco por formarse junto al convento de igual nombre que allí había y que luego desapareció. Y pese a que hubo algún escarceo con otros nombres, como “Joaquín Costa” o calle “de los carpinteros” por los talleres que allí había, el pueblo soberano siguió llamándola Calle de San Francisco, y así hasta hoy, por los siglos de los siglos.
Lo dicho, es chiquita, une la plaza de San Ginés de la Jara con la calle de Campos (la calle del Campo) y no hay ninguna otra calle que desemboque en ella… casi.
Casi porque no hay calles afluentes pero sí un callejón, y no un callejón cualquiera, sino el de Zorrilla, lugar donde nació, nada más y nada menos que nuestro paisano, padre del submarino, D. Isaac Peral y Caballero.
Por cierto, que el callejón no debe su nombre al genial autor de D. Juan Tenorio, sino a un religioso llamado Fray Manuel Zorrilla.
El cambio habido en ella en los años que han transcurrido entre las tres fotos que le hice no ha sido muy positivo. A ver si tiene mejor suerte en los venideros.
Incluyo aquí, con mayor resolución de la que permite el periódico, la viñeta que publiqué en Sportcartagena hace unos días.
Después de publicarla, algo debió funcionar mejor porque el Cartagena ganó en Córdoba su primer partido fuera y se vengó un poquito en los filiales del «cordobazo» de hace años. Mañana juega en Tudela. Ojalá que aparezca ese centro del campo que tanto se echa de menos y los locales no puedan cantar eso de
«Nos han «dejao» solos a los de Tudela
por eso cantamos de cualquier manera,
nos han «dejao» solos los de Castejón,
arriba la bota, arriba la bota y ¡Arriba el porrón!»
Ánimo Efesé, y que seas tú el que se quede solo. Solo frente a los de Primera División, que ya vienen por ahí.