Estudiábamos en el colegio, al menos cuando yo era niño, ahora no lo sé, que hay una España húmeda y una España seca. Y yo vivo en Cartagena, que está en la seca. Quizás en la zona más seca de la seca, ya que el sureste español está en proceso de desertización y la aridez es tremenda.
Vamos que nos morimos de sed, metafóricamente. Desde siempre.
El día de la sed
En 1931, el día 1 de septiembre (hoy se cumplen 86 años) tuvo lugar en Cartagena “El Día de la Sed”, y aquel día los cartageneros de la ciudad y de su campo se echaron a la calle para pedir AGUA.
Hacía tiempo que no dibujaba en plan aquítepilloaquítemato y hoy me he quitado el capricho. Una cuartilla suelta, un rotulador medio averiado, un medio panfleto / medio tabloide leído… y a otra cosa.
La nueva alcaldesa de Cartagena, Ana Belén Castejón, lo primero que ha hecho al tomar posesión de su cargo ha sido retirar la bandera de la provincia marítima de Cartagena. En Murcia deben estar contentos, en Cartagena no tanto.
Somos guarros, así, en general, y desde el cariño. No hace falta encargar un estudio a ninguna universidad buena o mala para saberlo; es algo fácilmente comprobable a ojo de buen cubero, basta con salir a la calle y abrir los ojos. Y no estoy hablando de la higiene particular y casera de cada quien, que ni la sé ni me importa. Me refiero a la colectiva, al uso que hacemos de las vías y espacios públicas. Y por ser eso, públicas, normalmente no pensamos que son de todos, sino que son “mías”. Y como son mías, hago lo que quiero y me cago en ellas. Y si yo no, mi perro.
Hablo de las cacas de perro porque es ese el cao que me trae hoy aquí, pero puede ser de cualquier naturaleza la mierda y en cualquier ubicación el lugar. Podemos hablar de papeles, compresas y pañales usados, latas de refrescos vacías, pilas agotadas… lo que nos venga a la cabeza. Y el lugar son las calles, las playas, las plazas y parques, cines, bares… cualquier lugar por el que pasen los bárbaros. Y no los del norte, no. Los de los cuatro puntos cardinales, porque de ser guarros no se escape nadie. Así tenemos el planeta como lo tenemos.
Pero vuelvo a las cacas de perro. El Ayuntamiento de mi ciudad, Cartagena, ha lanzado una campaña para promover la limpieza o, mejor dicho, el no ensuciamiento, de las calles con las dichosas caquitas, que solo recogemos unos cuantos, porque me incluyo en los que sí lo hacemos porque es verdad, porque me gasto en bolsas una pasta ya que mis perros son unos muy cumplidores cagones, porque la falsa modestia es asquerosa, porque pese a mi artrosis doblo el esqueleto y recojo las porquerías, por un montón de razones y porque el blog es mío y lo escribo yo. Ea. Bueno, sigo, porque es que me indigno y se me va el oremus. El Ayuntamiento ha puesto unos carteles muy adecuados en que tienen una parte educativa y otra parte disuasoria-represiva-sancionadora recordando las multas por no recoger las heces, que van de 30 a 300 euros. Y 300 €, para los sueldecillos actuales, ya pueden suponer hasta el 90% del salario. Pero, no me parece mal porque, como decía al inicio, somo muy guarros.
Este es el cartel recordando los deberes cívicos
Pero quería escribir sobre esto no era para informar de las campañas urbanas municipales, que ya hay otros lugares dedicados a eso y lo hacen mejor que yo. Imaginemos ahora que el cartel fuera este otro.
Versión alternativa
Así es como vi yo el cartel cuando me lo eché a la cara la primera vez. Es un montaje mío, evidentemente. Pero resultaría chocante ¿verdad? ¿Qué hace ese buen hombre con la bolsa de la caquita? ¿A dónde va? ¿De dónde viene? ¿Cuánto tiempo hace que la lleva? Y si me hago tantas preguntas es porque vivo en Tentegorra. Donde no hay NI UNA papelera.
Y si fuesen solo las papeleras lo que falta en mi barrio, me daría con un canto en los dientes. Pero faltan muchas cosas más. Por ejemplo: no hay aceras. Ya escribí sobre eso una vez, y seguimos igual. Y tampoco hay alumbrado suficiente, tan insuficiente como que hay calles totalmente a oscuras y los vecinos salimos a pasear con linterna. Esto no es broma. Para ver y para que nos vean los coches que pasan a nuestro lado (recuerden, sin aceras). Tampoco tenemos un triste buzón de correos. Cuando escribimos una carta, porque todavía hay quien escribe en papel, hay que ir al pueblo vecino, Canteras, a echarla. Pasa el servicio de recogida de basuras a diario, faltaría más, pero… ¿limpieza viaria? Jamás. En los veinte años que llevo viviendo en Tentegorra no los he visto ni una sola vez. Por eso, las basuras que tiran los guarros al suelo se quedan ahí hasta que se van degradando por efecto del sol y la lluvia. Hay algunas paradas de autobús que son simplemente un poste que así lo indica (vuelvo a recordar: sin aceras). Y como ahí se detienen más tiempo los guarros -y las personas limpias, claro- también se acumula la suciedad. En una parada de autobús se pueden encontrar bolsas de patatas, colillas, cajetillas de tabaco, pañales usados 🙁 , envases de yogur, latas de refrescos, y todo lo que quiera imaginar. Y todo eso no se retira jamás. Jamás. Simplemente se va degradando durante el invierno, cuando hay menos tránsito peatonal. Y cuando llega el verano y regresan los usuarios de las piscinas públicas se renueva el montón de residuos para degradar durante la temporada siguiente. No estoy exagerando lo más mínimo. Es fácil de comprobar yendo al sitio en persona.
Pues allí vivimos muchos vecinos que tenemos perros. Y los sacamos a pasear, claro. Y habemos de todo. Están los guarros, que son muchos, estamos los civilizados que somos menos, y están los intermedios, que son los que tienen buena voluntad pero flaquean. Imaginen la situación, van con su perrito, al que le llega el momento de evacuar, tienen su bolsita preparada, recogen el regalito y luego… miran a un lado y otro, desconcertados… ¿dónde tiro la bolsa, dios mío? Hay algunos que hacen, mejor dicho, hacemos, una especie de Camino de Santiago, para redimir nuestros pecados, llevando la bolsa con la ofrenda hasta el próximo contenedor que, si tienes suerte, puede caer cerca pero, si el animalito hace caca en el sitio inadecuado, puede ser que tengas que recorrer un kilómetro o más con el pastel. Pues bien, en ese grupo de intermedios están los que aceptan el castigo con resignación y están los que, cuando han recorrido unas decenas de metros, optan por depositar con mimo y esmero la bolsita de la caca entre las plantas y matojos más cercanas. Y en ese punto, me pregunto yo si no sería mejor dejar la caca al aire libre para que pueda degradarse y reciclarse que dejarla en una bolsa de plástico, porque así, esas mierdas serán ETERNAS. Y ya hay muchas.
Me parece bien que se multe a los guarros, pero también hay que dar los servicios correspondiente. Se nos indica, con razón, que cada derecho implica un deber. Y los gobernantes deberían recordar que cada impuesto conlleva unos servicios a cubrir. Allí en Tentegorra, donde no tenemos alumbrado, no tenemos aceras, no tenemos papeleras, no tenemos buzones y no tenemos servicio de limpieza viaria, sí que pagamos nuestros impuestos y, además, nuestras multas cuando nos caen. Merecidas O NO.
Hace unos días se produjo una noticia que se propagó rápidamente por toda España: a Manolo el del Bombo le habían robado su ídem en Murcia, durante su visita para animar a la selección española de fútbol en su enfrentamiento a la de Colombia. Por suerte, la extraña desaparición tuvo un final feliz para el bueno de Manolo ya que, misteriosamente, el bombo robado en Murcia apareció poco después junto al Cuartel de la Armada, en Madrid.
Esta desaparición (robo) en Murcia y aparición en Madrid ha sorprendido a bastante gente pero, sin embargo, a muchos cartageneros no nos ha extrañado tanto. Estamos ya curados de espanto con cosas que, por estas latitudes, desaparecen de un sitio y aparecen en otro. Aunque casi siempre suele ocurrir que se desvanecen en Cartagena y aparecen en Murcia.
Los amantes del misterio apuntarían a que quizás sea cosa de marcianos. Quizás se estarían aproximando mucho. Mucho.
El caso es que estas abducciones se producen desde hace muchísimos años. Haciendo una relación (breve, para no cansar demasiado) de cosas que han desaparecido en Cartagena para aparecer en Murcia en los últimos 30 o 35 años, tenemos: la Delegación de Tabacalera, los Servicios de Defensa, la Delegación de Correos y su gestión comercial, la Delegación del Centro Farmacéutico, los Servicios de Telefónica, el Instituto Anatómico Forense, la Delegación de Distribución de Prensa, la Delegación del Banco de España, la Delegación Provincial de Cultura, la infraestructuras y servicios carcelarios por el cierre de la cárcel de San Antón, el Consulado francés, los servicios y aduanas del Puerto de Cartagena (no me he equivocado al escribirlo, lo repito: DEL PUERTO DE CARTAGENA), la terminal ferroviaria de contenedores, el CEHIFORM -Centro Histórico-Fotográfico de la Región de Murcia-, la carrera Solar Race y algunas otras que no recuerdo.
Pero, seamos justos, no todas las cosas que desaparecen en Cartagena luego aparecen en Murcia. Por ejemplo, el Parque Tecnológico, aprobado por la Asamblea Regional para Cartagena, apareció luego en Fuente Álamo. O los servicios ferroviarios Cartagena-Montpelier que luego aparecieron en Lorca. Aunque se sospecha que son los mismos marcianos los responsables.
La bandera de la provincia marítima de Cartagena parece que goza de pocas simpatías entre algunas fuerzas políticas, precisamente aquellas que tienen sus jefes fuera de Cartagena. ¡Vaya por Dios!
Ya no ondeará más en el Palacio Consistorial. Esperemos que sea suficiente con eso y no quieran además retirarla del escudo del Tercio de Levante, del Real Club de Regatas, del FC Cartagena y del Cartagena FC, y de todos otros sitios donde aparece.
Un cactus, o cacto, es una planta que se mueve poco, por no decir nada. Florece poco, por no decir nada.
Tan raras son sus flores que algunas tienen una vida de un solo día. El término “Flor de cactus” es sinónimo de algo efímero, fugaz. Un cactus es una planta simpática, a pesar de sus espinas, porque resiste, requiere pocos cuidados, la colocas en un sitio y, normalmente, queda bien.
Pero si hay algo que caracteriza bien a un cactus es que son capaces de vivir de las rentas como ninguna otra planta. Almacenan el agua mucho mejor que los camellos, que son capaces de atravesar desiertos. Los cactus no es que los atraviesen, es que viven en ellos. Llega un pequeño chaparrón y guardan esa agua, la administran, la racionan, y viven de ella largas temporadas de sequía hasta que llegue otra pequeña nube que calme la sed.
Digamos que un cactus no es brillante y colorido como una rosa, no enamora como una orquídea, no hace vibrar como los geranios, no te pone alegre como las sencillas margaritas, ni siquiera perfuma como un modesto jazmín. No. Un cactus es práctico, aguanta, resiste. Aunque, eso sí, aburre hasta a las ovejas.
Y, a veces, los cactus también llegan a ser entrenadores de fútbol. El entrenador de Cartagena podría ser un caso.
Nota: 8 de Octubre de 2017. Marbella 1 – Cartagena 0. El Efesé está en mitad de la tabla, han pasado los meses, sigo pensando lo mismo.
Desde siempre se ha sabido, claro que sí, que los gatos están asociados a las brujas, los herejes, los demonios en general y al Diablo, con mayúsculas, en particular. Hasta el Paga Gregorio IX lo declaró, en 1233, la reencarnación de Satanás. Y sabemos que el Papa no se equivoca nunca. Nunca. Y por si quedaba alguna duda y todavía quedaban remolones que miraban con condescendencia a los mininos, luego vino el Papa Inocencio VIII y, en 1484, excomulgó a todos los gatos. Además, aquellos que estuvieran junto a brujas (que prácticamente eran la mayoría de las mujeres que viviesen solas), debían ser quemados con ellas. Con un par.
Después vinieron las terribles plagas de la peste negra o peste bubónica, que se cargó a millones de europeos. Ojito al dato: millones. Una peste que transmiten las ratas, o mejor dicho, los parásitos que viven tan ricamente en las ratas. Por cierto, las ratas no habían sido excomulgadas ni nada de eso. No había prácticamente gatos que las mantuvieran a raya, de modo que se reprodujeron, no como conejos, sino como lo que eran, como ratas, que son aún más prolíficas. Y claro, salen algunos tontos por ahí diciendo que si hubiese habido gatos, no habría pasado eso, y que en el pecado cometido con los felinos llevaron la penitencia de la peste transmitida por las ratas.
La Amalia fue una pitonisa y hechicera famosa en la Cartagena de hace años. Vivía en la Algameca Chica y se sentaba a veces a ver la mar desde una roca que terminó por hacerse famosa. Hoy todavía se la conoce por «el banco de la Amalia«.
Ver al FC Cartagena líder varias jornadas seguidas era un sueño poco habitual y, claro, teníamos que despertar. Se han encargado de ello unos oportunos arbitrajes que han hecho una escabechina de tarjetas rojas a jugadores, entrenador y segundo entrenador y han desmantelado al equipo. Y ya están aquí los fantasmas. ¿Hay alguien a quien molesta que el Efesé pueda ascender? ¿Se han dado instrucciones a alguien por parte de alguien para que alguien solucione eso? Seguro que sólo son fantasmas.
Cosecha de tarjetas rojas para el Efesé
Lo malo es que los fantasmas, como las meigas, no existen. Pero, haberlos, haylos.