Otros se ensucian, los cartageneros se ponen enterquecíos

ENTERQUECÍO: Algo que ha perdido el blanco o limpieza original. // Sucio.

Ponerse enterquecío

MÁS PESAO QUE LA CORTINA DEL MÁIQUEZ: Lento, aburrido, cansino. Por las enormes cortinas de terciopelo del Cine Máiquez.

 

Fachada del desaparecido cine Máiquez.
Fachada del desaparecido cine Máiquez.

PERCHA: Zona de las tiendas y carnicerías donde se despacha el embutido y la carne.

 

COMER A TAJO PAREJO: Comer con ganas y apetito.

 

PONER AL PISTÓN: Expresión anfibológica. En positivo: dejar algo estupendamente. En negativo: recriminar y echar una monumental bronca a alguien.

 

 

 

Haciendo perdigones

PERDIGÓN: Moco extraído de la nariz con los dedos.

¿Qué? ¿Vas mañana de «casería»?

ESTAR CON LA BANDERA: Cuando una mujer está con la menstruación.

ESTÁ/ESTARÁ/SE PUSO/SE VA PONER BUENO : Locución para indicar un gran enfado de alguien.

 CABECERA: Almohada // Respaldo de la cama.

CABECERÓN: Almohada larga o grande

Calle de Juan Fernández, marinero y descubridor

La calle de Juan Fernández es una de las más largas y populosas de Cartagena y, además, era una de las que soportaban mayor intensidad de tráfico rodado debido a que era casi la única vía posible para el desplazamiento desde el casco viejo de Cartagena en dirección hacia el Barrio de Peral, La Palma, Las Tejeras, La Puebla y, partir del importante cruce de caminos existente en La Palma, una vía rápida de desplazamiento para trasladarse a Cabo de Palos, La Manga, Pozo Estrecho, Torre Pacheco y otros lugares de toda esa poblada y congestionada zona. Hoy, con la creación de nuevas vías que circundan Cartagena, ese tráfico se ha aliviado.

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Año 1992 – Zona Franciscanos

La calle de Juan Fernández  quedó proyectada como tal en los planes urbanísticos municipales de principios del siglo XX. En sus orígenes no se le adjudicó nombre alguno que la identificara. Únicamente, en los planos de la llamada Zona de Ensanche se le adjudicó el de “Calle nº 16”. En realidad era la carretera que unía el Paseo de Alfonso XIII con el Barrio de Los Molinos o Barrio de Peral, y dicha carretera discurría por campos desiertos de viviendas y cubiertos por grandes extensiones de juncos, ya que por aquellos años el suelo todavía era en cierto modo pantanoso e insalubre debido a que eran terrenos cubiertos con escombros y otros vertidos que terminaron por cegar lo que fue el mar interior de la vieja Carthago Nova, o mar de Mandarache.

Finalmente todo aquello empezó a poblarse, empezando precisamente por la zona más alejada del casco urbano de Cartagena. En el año 1946 se abrió allí un campo de deportes y recreo que, aún siendo propiedad de la Armada Española (Marina de Guerra en aquellos tiempo políticamente incorrectos) fue cedido por esta a la Empresa Nacional Bazán (hoy Navantia) para el personal de su factoría. Allí tuvo su sede el C.D. Naval, y junto al campo de fútbol se habilitaron pistas de tenis, baloncesto, bolos cartageneros y otras instalaciones deportivas.

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Escudo del C.D. Naval

Fue muy importante el Cine de Verano (cuya entrada costaba una peseta) en el que una vez terminadas las películas se celebraban bailes. También se hacían verbenas con sus tómbolas, y se traían compañías de zarzuelas y espectáculos de variedades. Al Campo de Los Juncos y en las noches de verano acudían muchos cientos de cartageneros, cuando aún no había llegado a estas tierras ese invento diabólico llamado televisión.

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Cine de verano de Los Juncos

Poco después, la calle Juan Fernández se vio animada con la edificación de la Barriada de Los Juncos, conocida popularmente como “Las Casas de Corea”, modernos bloques de viviendas (bueno, modernos entonces) construidos por la Empresa Nacional Bazán para su personal.

Barriada Bazán – «Casas de Corea»

En el año 1955 los Padres Franciscanos abrieron un gran colegio que abarca una manzana completa. Se denomina Colegio de la Inmaculada Concepción y en sus orígenes fue para varones solamente, aunque luego pasó a ser mixto.

El día 15 de enero de 1967 se colocó la primera piedra de la nueva parroquia puesta bajo la advocación del cartagenero San Fulgencio. Se trata de un gran templo, de considerables dimensiones.

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San Fulgencio – Celebración de misa, antes incluso de la construcción del templo

A la mitad de la calle se encuentra el Hogar del Pensionista, lugar de encuentro en el que nuestros mayores gozan de mutua compañía. En los últimos años y, pese  a que a la altura del Campo de Los Juncos, la zona sufría periódicas inundaciones, la calle Juan Fernández se fue desarrollando grandemente, tanto en la confluencia con las Calles Reina Victoria Eugenia (aunque el Eugenia nos los comemos los cartageneros), Pintor Balaca y Jiménez de la Espada, como allá arribota, donde está el Club Naval de Cabos y los grandes bloques de la firma Urbincasa. Finalmente el Campo de los Juncos fue cedido al Ayuntamiento y se transformó en el hermoso Parque de Los Juncos, lugar de disfrute público.

Parque de Los Juncos

Toda la calle es eminentemente comercial y por ella circulan varias líneas de autobuses, causa por la que está eminentemente comunicada con muchos lugares de Cartagena.

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Comienzo de Juan Fernández – Mercado Santa Florentina – Año 1992

El nombre de la calle Juan Fernández corresponde a un paisano nuestro, marino de profesión, que navegó por las aguas del Océano Pacífico en unos tiempos (siglo XVI) en que aquellos desconocidos mares y archipiélagos eran una atractiva aventura para las gentes inquietas y amantes de los grandes descubrimientos. Si quieres conocer algo más de él, ya le dediqué una entrada que puedes encontrar aquí.

 

Beber a cañete sin mojar la huevaúra

COSAS DEL HABLA DE CARTAGENA

 

BEBER A CAÑETE: Beber a chorro de un botijo, bota o porrón, sin que los labios toquen el «pitorro».

 

Nada que ver con comer yogures caducados

HUEVAÚRA: Apatía, pereza, negligencia. // Testículos.

 

HABA: Inflamación en la piel por picadura de algún animal o reacción alérgica.

 

INSINIA: Insignificancia, pequeñez, insuficiencia.

 

BAJARSE AL PILÓN: Cunnilingus.

 


 

 

El asunto de los sacaiñas tiene mucha olisca.

COSAS DEL HABLA DE CARTAGENA

 

OLISCA: Mal olor, peste.

 

SACAIÑAS: Persona parásita y estafadora que vive a costa de los demás.

 

La trama Gürtel y tantas otras, todo un muestrario de sacaíñas. Y de la de los ERTE, mejor no hablar.

PETACA: Vagina.

 

ROMPER: Labrar por primera vez un terreno.

 

KIKI: Moño o recogido de pelo pequeñito en las niñas.

¿El rey Arturo?

Se llama Arturo, como el de la tabla redonda, y lo que domina también es redondo, pero no una tabla, es el balón.

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Está llamado a ser el rey del gol en el FC Cartagena, el equipo de su tierra, y para eso ha venido. Seguro que lo consigue, que saca su particular Excalibur de la piedra y los goles empiezan a llover. ¡Suerte!

Si la vida te da Limones…

Hay una frase famosa que te invita a aceptar lo que te depare el destino sacando lo mejor de él y dice «Si la vida te da limones, haz limonada».

Pero hay otra opción mejor, que es la que ha hecho el F.C. Cartagena, a quien el destino le ha puesto en su camino a Jesús Reguillos Moya, «Limones», y lo que ha conseguido es un portero de lujo.

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Limones, portero del Efesé

También es cierto que en la última temporada 2016-2017 está cantando tanto en algunos partidos que hay quien dice que suena para Eurovisión.

La Alameda de San Antón de Cartagena, sin álamos

La Alameda de San Antón es una de las más importantes vías urbanas de Cartagena, y no porque yo naciera allí, lo cual tiene aún más mérito 🙂 Es de las más importantes y también de las más luminosas ya que, debido a su orientación de sur a norte, el sol la habita desde el alba hasta el ocaso, cuando pone en su hermoso paseo central su momento más intimista. Ya sé que esto queda un poco cursi, pero es que la Alameda me puede.

Antigua vista de la Alameda desde la Plaza de España
Antigua vista de la Alameda desde la Plaza de España

Este bulevar tiene exactamente un kilómetro de longitud, extremo que pude comprobar viendo el mojón indicador de carreteras a su inicio en la Plaza de España y otro semejante donde muere la Alameda y se inicia el barrio castillo de su mismo nombre.

Comienzo de la Alameda, con la cruz de los caídos. Época franquista, claro.
Comienzo de la Alameda, con la cruz de los caídos. Época franquista, claro.
El mismo lugar en 2005.
El mismo lugar en 2005.

La existencia de esta calle es antiquísima. El cronista Isidoro Martínez Rizo decía en su libro titulado “Fechas y fechos de Cartagena” que “…el día 15 de enero de 1591 nuestro Concejo ordenó plantar árboles de la familia de los álamos, desde las puertas de la ciudad hasta la fuente que existe a la orilla del camino de Murcia”. Eso explica su título de Alameda aunque los árboles que hay ahora sean otros.

En este despoblado ensanche de Cartagena de 1930 se puede ver la alameda a la derecha.
En este despoblado ensanche de Cartagena de 1930 se puede distinguir la alameda a la derecha.

En la Alameda siempre han existido árboles, a pesar de que sus troncos han sido talados infinidad de veces. Por ejemplo, el 7 de febrero de 1814 hubo que repoblar de árboles el paseo porque los otros ya estaban muy viejos. Estos nuevos fueron también talados en el año 1823 porque estorbaban para la defensa de la ciudad, que estaba sitiada por los franceses.

Hubo una nueva plantación, y otra vez se talaron en el año 1.844. Se volvió a repoblar el paseo y en el año 1873, cuando la sublevación cantonal volvieron a ser eliminados. Como digo en otra entrada, al parecer, siempre sobran árboles.

A finales del siglo XIX se plantaron muchos eucaliptos para que eliminaran la humedad del suelo y ahuyentaran a los mosquitos de la zona pero, habiendo envejecido los árboles y presentando un feo aspecto, a fines de 1989, la Corporación gobernante que era del Partido Cantonal, ordenó su tala. Ocasión que aprovechó la oposición para organizar una algarada callejera.

Eucaliptos talados
Eucaliptos talados

Pero una vez talada la mitad de la Alameda, se creó allí un hermoso paseo que aún perdura, por suerte. Los árboles restantes fueron talados con mucho sigilo y nocturnidad la madrugada del 22 de Enero de 1990, para evitar nuevos desórdenes.

La Alameda, con los "cadáveres" de los eucaliptos ya retirados.
La Alameda, con los «cadáveres» de los eucaliptos ya retirados.

En este paseo estuvo casi un siglo el Hospital de la Cruz Roja y en sus bajos tuvieron su acuartelamiento las Tropas de la Cruz Roja, antes de trasladar su sede a la calle San Diego y luego a la calle de Gisbert.

Antiguo hospital de la Cruz Roja
Antiguo hospital de la Cruz Roja

También en esta Alameda estuvo el hospital-clínica “18 de Julio”, fundado en 1940, y cuyos locales fueron cedidos posteriormente al sindicato CCOO, cuya sede fue inaugurada el 23 de Febrero de 1985, con la presencia del líder Marcelino Camacho.

Cuando corrían por las calles de Cartagena los tranvías eléctricos, que en sus orígenes eran arrastrados por parejas de mulas, en la Alameda podían verse dos líneas de carriles, una a la derecha, para “subir” hasta San Antón y otra a mano izquierda para “bajar a Cartagena”.

Los tranvías por la Alameda
Los tranvías por la Alameda

Y allá arriba, lindando con la entrada al barrio, el día 17 de agosto de 1901 se inauguró la Escuela Superior de Industria de Cartagena (la Escuela de Peritos) que en el año 1965 pasó al Paseo de Alfonso XIII. Esta escuela fue un gran logro para Cartagena, en su día, cuando gobernaba en Madrid la reina María Cristina de Habsburgo, madre de Alfonso XIII, que nos es que nos quería gobernar, sino que nos gobernaba aunque no le siguiéramos la corriente. Aunque, en realidad, la cancioncita se refería a otra María Cristina.

Luego pasó a ser la Escuela de Ingenieros Técnicos de Minas donde, un servidor, tuvo su primer trabajo remunerado. Y es que solo nací al mundo en general en la Alameda, es que también nací al mundo laboral.

Escuela de Peritos de Minas
Escuela de Peritos de Minas

También al final de la Alameda de San Antón se encuentra la más importante Estación de Distribución Eléctrica de Cartagena, perteneciente a Hidroeléctrica (luego Iberdrola) y, aunque en sus orígenes se denominó oficialmente Unión Eléctrica de Cartagena, siempre la hemos llamado “la Fábrica de la Luz”.

La "fábrica de la luz"
La «fábrica de la luz»

En la Alameda hay una fuente. Mejor sería decir una hermosa fuente. Resulta que el día 16 del mes de mayo de 1945 llegó por fin a los depósitos de Tentegorra la tan esperada agua del río Taibilla. Tres días después, para conmemorar tan venturoso evento, en el centro del paseo se inauguró una fuente luminosa de forma alargada. Aquello ocurrió el día 19 de mayo de 1945 y la fuente se puso en marcha y se encendieron luces indirectas en medio de una brillante verbena popular que ya casi nadie recuerda porque los cartageneros que la vivieron han ido desapareciendo casi todos.

La fuente de la Alameda, recibiendo los últimos retoques de su instalación.
La fuente de la Alameda, recibiendo los últimos retoques de su instalación.
La fuente central de la Alameda en tiempos actuales.
La fuente central de la Alameda en tiempos actuales.

A ambos lados de la Alameda de San Antón existe un variado comercio que intenta sobrevivir a esta estafa a la que llaman crisis. Pese a todo, hay cafeterías, edificios suntuosos y es un lugar agradable para pasear y encontrarse con los amigos que disfrutan en el ameno marco del paseo central.

Voy a terminar porque me estoy poniendo melancólico.

El escudo de la ciudad, al final de la Alameda, que era la entrada a la ciudad, desde Murcia, antiguamente.
El escudo de la ciudad, al final de la Alameda, que era la entrada a la ciudad, desde Murcia, antiguamente.

Olor a dátiles mauricos

OLOR A DÁTILES MAURICOS: Olor a alcohol típico de los alcohólicos.

Olor a dátiles mauricos. Olor típico y desagradable a consumo de alcohol.

EMBORIAO: Nublado, con niebla, borroso.

PORSAQUERO: Follonero, pesado.

QUE PA’ QUÉ: Coletilla sustitutiva de «No te digo más» o «Que para qué contarte».

MASCÓN: Impertinente, irreverente, molesto.

El Chipé, el matón de Cartagena por excelencia.

Vas a morir arrastrao, como El Chipé” o “Te has de ver como el Chipé” es una frase recurrente en Cartagena, para advertir a alguien de que se conduce por mal camino. Pero El Chipé no murió “arrastrao”, sino de un disparo en la cabeza. Arrastrarlo sí que lo arrastraron, después. Y mucho más que arrastrarlo. Pero empecemos por el principio.

Juan Vicente Fernández, alias El Chipé, no era cartagenero, ni falta que hacía, pero está ligado por siempre a la historia de Cartagena y por eso se recoge en esta sección del blog: Cartageneros y Cartagenericos.

Nació en Alhama de Murcia en 1903, era gitano, de constitución física débil, era el cuarto de cinco hermanos y en 1918 ya vivía, con el resto de su familia en Cartagena, en la Plaza de los Carros, hoy Plaza Alcolea. Su padre se dedicaba al esquilado y trata de ganado. Al parecer, el padre, José Vicente, se tenía a sí mismo en buena estima como esquilador, ya que cada vez que pelaba algún animal solía decir que le había quedado “chipé”, una derivación de chipén, que en caló significa estupendo, magnífico, bien hecho. El apodo o mote que tuvo el padre se hizo extensivo a toda la familia, como era habitual en aquella época, y todos fueron los chipés.

Juan el Chipé, además de dedicarse al ganado como el resto de la saga familiar, también era proxeneta en el barrio de El Molinete y matón al servicio de la gente poderosa de la ciudad. Ya tenía algunas muertes y palizas a sus espaldas cuando se produjeron los acontecimientos que culminaron con su asesinato, el 19 de Julio de 1936.

El Chipé, matón y proxeneta de Cartagena
El Chipé, matón y proxeneta de Cartagena

En febrero de aquel año el Frente Popular ganó las elecciones y El Chipé estuvo muy activo durante la campaña electoral, amenazando y propinando palizas a los simpatizantes de izquierda. En julio la derecha respondió con el golpe de estado que desembocó en la guerra civil.

Al día siguiente de la asonada, el 19 de Julio, las noticias eran confusas. El Chipé se fue a un bar del Molinete a celebrar el avance de los fascistas. Dos militantes socialistas fueron en su búsqueda para castigarle por su apoyo al golpe y resultaron malheridos por la navaja del Chipé en la refriega que se originó. También él resultó conmocionado por un golpe en la cabeza que alguien le propinó y, finalmente, fue arrestado por la Guardia de Asalto (la policía) y trasladado a la comisaría que había en la Subida de San Diego.

Cuando se supo que El Chipé estaba detenido se fue agolpando en la puerta una multitud que quería lincharlo. Al no serles entregado por la policía, se dirigieron al alcalde, César Serrano, con la misma petición, y este también se negó. Dado el cariz que iba tomando el asunto, el alcalde le encargó a un concejal, Martínez Norte, que fuese con un coche celular a comisaría, recogiese al Chipé y lo llevase a la cárcel de San Antón. A duras penas consiguieron introducirlo en el coche, pero de lo que no había forma era conseguir que vehículo avanzase, rodeado como estaba por una multitud de energúmenos que golpeaban y zarandeaban, a punto de volcar el coche celular.

Según palabras del propio Martínez Norte, le dijo al Chipé que “le iba a hacer un favor” y a continuación le disparó un tiro en la cabeza, matándolo instantáneamente. Luego abrieron la puerta del coche y dejaron caer el cuerpo. Al ver al Chipé muerto, la mayoría de aquella gente dio por terminadas sus ansias “justicieras”. Pero era tanto el rencor acumulado por las fechorías del Chipé, tantas las ansias de venganza por los acontecimientos que se estaban viviendo políticamente y es siempre tan cobarde y sanguinaria la masa que hubo algunos, unos 300 dicen, que no tuvieron bastante. Fueron 300, como los famosos espartanos de Leónidas en las Termópilas, pero poco tenían que ver con aquellos. Entonces fue cuando empezó el “arrastre” del Chipé.

Le ataron una cuerda al cuello y fueron arrastrándolo por el actual Paseo de Alfonso XIII, Plaza de España, calle Carmen, Puertas de Murcia, calle Mayor, Plaza del Ayuntamiento, y al llegar al muelle lo sumergieron en aguas del puerto, atado a la cuerda como iba. Después lo colgaron en la fachada de un establecimiento del Muelle.

Cuando lo descolgaron, decidieron atarle entonces por los pies y que fuese la cabeza la que rebotara por el suelo. Continuó el recorrido por el Paseo del Muelle, Cuesta del Batel y Plaza Bastarreche. Allí se le ocurrió a alguien empaparlo de gasolina y prenderle fuego pero, como estaba mojado del agua del puerto, no ardía bien. Se había acabado el espectáculo, las bestias habían aplacado temporalmente su sed de sangre y allí quedó el cuerpo del Chipé, convertido en un guiñapo, hasta que fue recogido al día siguiente.

Hasta aquí, la parte pública de esta historia sobre El Chipé en mi blog. Es una historia resumida; las hay más completas y mejor documentadas en diferentes puntos de la red. Me permito recomendar esta de Pedro María Egea Bruno.

Y la parte privada de la historia es la que afecta, aunque muy tangencialmente, a mi abuelo y mi padre. El primero, Enrique el Matachín, tuvo alguna relación con El Chipé referente a compra de ganado. En una de aquellas ocasiones el objeto de la compra fue un pequeño burro para que tirase de una tartana o carro que iba a manejar mi padre, que entonces era un chaval.

Mi padre me contaba que hizo con El Chipé un pequeño trayecto, en la tartana, desde la Algameca hasta Cartagena y viceversa para instruirle en el manejo del burrito. Le explicaba el matón que era un buen animal (me refiero ahora al burro) pero que, para no estropearlo, nunca le golpease o fustigase “a traición”. Es decir, que antes de utilizar el látigo, primero le advirtiese llamándole por su nombre –el cual no recuerdo- y luego asestase el golpe. Me contaba mi padre que así lo hizo siempre y que cuando lo llamaba, empinaba las orejas y se preparaba para lo que venía después, aunque nunca era nada violento, sino un simple y ligero aviso de que reavivase la marcha. Siguiendo las instrucciones del Chipé, aquel burro sirvió mucho tiempo a mi padre con total satisfacción.