Diccionario cartagenero:
DAR REPARO: Dar vergüenza algo, timidez.
REPARO: Mezcla de brandy y vino dulce de pasas.
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Diccionario cartagenero:
DAR REPARO: Dar vergüenza algo, timidez.
REPARO: Mezcla de brandy y vino dulce de pasas.
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Si se le conocía como “La Voz del Sureste” era por algo. El propio Matías Prats senior dijo una vez que escuchar a Manuel López era como escucharse a sí mismo. Nació en 1935 y falleció en 2007.
Manuel López Paredes fue locutor durante muchísimos años en Radio Nacional de España en Cartagena, aunque la emisora fue cambiando de nombre a lo largo de los tiempos. Primero fue Radio Juventud, luego pasó a ser Radiocadena Española y finalmente, y hasta ahora, Radio Nacional de España. Inicialmente estuvo ubicada en el Lago, en el Palacio de Aguirre, y luego se mudó al Paseo de Alfonso XIII, donde continúa.
Manuel López fue de los pioneros y aunque su labor abarcó todos los campos de las ondas, su especialidad, o al menos por las que fue más admirado y ahora recordado, fueron las retransmisiones deportivas (partidos de fútbol del Efesé, básicamente) y las procesiones de Semana Santa.

Aparte de su labor radiofónica dedicó grandes esfuerzos a difundir todo lo referente a Cartagena, siendo autor de bastantes libros. Gran parte de ellos los dedicó a la Semana Santa. Perteneció a la Cofradía Marraja y fue parte activa en la creación de la agrupación de La Lanzada, de la que fue directivo. Asimismo también fue creador de la Llamada Literaria de la Semana Santa de Cartagena, evento cultural que cuenta ya con una gran tradición en la ciudad. Como reconocimiento a esa gran tarea recibió el premio de Procesionista del Año 1984. En este video de 1987 se puede escuchar su voz.
Diccionario cartagenero:
CHINCHE PREÑAO: Persona de cuerpo poco agraciado, sobre todo gordo y piernas delgaditas.

TAMBALILLO o CHAMBALILLO: Puesto de venta callejero, tenderete // Porche pequeño o de poca resistencia y calidad.
Se llamaba Charo Beriso, o más exactamente María del Rosario Beriso Terrer, pero en Cartagena era conocida como “La Charito”.
Tenía un aspecto peculiar, barroco y recargado. Con atuendos y abalorios que llamaban la atención. Pero lo más singular de todo eran sus costumbres, entre las que destacaba sobre todo el bañarse a diario, fuese verano o invierno, en aguas del muelle de La Curra.
Esa rutina de bañarse a diario en la mar, que adquirió durante su estancia en Sidi-Ifni, colonia española –entonces- en África, y que cumplió religiosamente hasta avanzada edad, le hizo tener un bronceado constante que habría envidiado la mismísima Ana Mato, pero el de La Charito no era de rayos UVA, era natural.

No era cartagenera de nacimiento, puesto que vino al mundo en Valencia, en 1919 y vivió la primera etapa de su vida en diferentes lugares, debido a que era hija de un militar y periodista, Alfonso Beriso Lardín, que tuvo diferentes destinos en su carrera, como es habitual. Recibió una buena educación y tuvo un buen nivel de vida social, aunque sus costumbres atípicas hicieron que fuese mal vista y marginada por la jet-set cartagenera.
La Charito, que había vivido aquí algunas temporadas, volvió a Cartagena definitivamente cuando su padre se retiró de la vida militar activa. Estuvo soltera toda su vida, cuidando de su madre hasta su muerte.
Por su parte, La Charito falleció el 24 de Julio de 2000. Es decir, que tenía entonces 81 años.
Diccionario cartagenero:
MORSIGUILLO o MORCIGUILLO: Murciélago.
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Diccionario cartagenero:
REFREGONAZO o REFREGÁ: Rasguño o herida superficial extensa.
CON PALICOS Y CAÑICAS: Algo hecho con dificultad o con material de poca calidad, de aquí y allá.
MALACATÓN: Melocotón.
PAGAMENTA: Sueldo, salario.
DAR BARRIGAZOS: Ir sin rumbo, sin orden preestablecido, al tuntún // Cambiar a menudo de trabajo.
Uno de los mejores pintores y dibujantes que ha dado nuestra tierra ha sido Nicomedes Gómez Sánchez (1903-1983), al que tuve el placer de conocer personalmente cuando volvió de Francia a Cartagena, definitivamente en, 1979. Y hay que decir volvió definitivamente porque ya había vuelto antes, en 1957, y volvió a marcharse. El motivo de esas idas y venidas fue primero el exilio, al que marchó en 1939 al finalizar la guerra civil, por haber luchado en el bando republicano, y luego porque había establecido ya su vida personal y profesional allí, como fotógrafo, dibujante, pintor…
Su carrera artística la inició en Cartagena recibiendo clases del pintor Andrés Barceló en “La Económica”, que es como se conocía a la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Se marchó luego a Madrid y continuó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y tuvo como profesor, entre otros, a Julio Romero de Torres; sí, el que pintó a la mujer morena. Como queda dicho antes, cuando estalló la guerra estuvo con el gobierno legítimo y fue oficial republicano. Al acabar la guerra tuvo que irse a Francia y allí, después de pasar por campos de concentración, pudo empezar a trabajar en Perpignan y ya en 1941 realizó su primera exposición. Fue labrándose fama como artista por el sur de Francia y en 1954 realizó la colección de dibujos de El Quijote, que le consagró.

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Ya han llegado las fiestas patronales del barrio de San Antón y huele a pulpo por las calles.

Cuenta la leyenda…
Así empiezan todas las historias de las que no hay fiabilidad ni documentación. Esta es una de ellas.
En la calle de San Diego hubo en tiempos un convento de frailes franciscanos, cerca de donde hoy está la muralla púnica. Y perteneciente a ese convento era el fraile de nuestra historia. No se ha conservado su nombre, si es que existió alguna vez. El susodicho religioso, aunque pertenecía a una comunidad que estaba enfocada al perfeccionamiento y superación de cada uno de sus miembros, parece que no estaba muy por la labor de la castidad y la mesura, sin embargo era conocido en todos los tugurios y antros de mal ambiente del puerto de Cartagena.
Allá por el siglo XVII eran frecuentes los ataques de los piratas berberiscos, procedentes del norte de África, dedicándose al saqueo, pillaje y secuestros por los que pedir luego rescate.
Estando en una de sus juergas, el fraile recibió el soplo de que se iba a producir una incursión pirata aquella noche. En lugar de dirigirse a las autoridades y ponerlas sobre aviso, decidió ponerse en acción por su cuenta, vaya usted a saber porqué, quizás los vapores etílicos o quizás un arranque de heroicidad.

El caso es que se fue a La Linterna, esa construcción árabe todavía existente, por suerte, en el castillo de la Concepción (el castillo de los patos, en cartagenero castizo) y apagó la luz que brillaba en lo alto y que servía de referencia para entrar al puerto, a falta de otros faros inexistentes entonces. Luego encendió otro fuego en un lugar diferente (la leyenda no dice dónde) que confundió a los piratas y les hizo dirigirse en una dirección errónea hasta encallar. Luego hizo sonar la campana de la alarma establecida para ataques piratas y, una vez que falló el factor sorpresa, para la guarnición cartagenera, aprehender a los atacantes fue coser y apresar.
Otra versión dice que lo que hizo fue lo contrario, apagar la luz habitual y encender una en la Linterna. Tampoco sabemos donde embarrancó la nave pirata, se habla de arrecifes pero por aquí hay pocos; lo que sí tiene muchas opciones es que fuera en la Laja, la enorme roca submarina que llegaba casi a nivel de agua y que hizo estragos en multitud de barcos hasta que se construyó el muelle de la Curra y la «integró» en el propio dique.
Sea como fuere, el caso es que, si ocurrió realmente, aquel fraile, acostumbrado a los buenos tragos, aquel día le evitó a Cartagena un mal trago.