El Efesé sigue cumpliendo, religiosamente, claro, la liturgia semanal. Empieza el partido, un jugador se autoexpulsa o es expulsado y deja al equipo con 10, se pierde justa o injustamente, la afición echa leche por un colmillo, unos se borran y otros se mantienen heroicos, transcurre una semana de tópicos (remar en la misma dirección, hacer del Cartagonova un fortín, conjurarse toda la plantilla, etc. etc.), la semana también se trufa de rumores, amenazas, esperanzas, comparaciones… y cálculos, muchos cálculos (con tantos puntos nos salvamos, hay que llegar a la jornada tal con tantos, en tal temporada estábamos igual o peor, y más etc.).
Y como la vida sigue -por ahora-, a medida que se acerca el fin de semana se van lanzando arengas y soflamas, llamando a la afición a darlo todo (una vez más, como si no se hubiera hecho antes tantos partidos y tantos años), salen fotos de gente animando con banderas y bufandas, casi siempre de épocas pasadas cuando las cosas iban mejor, todo hay que decirlo… Y llega el domingo. Empieza el partido, un jugador es expulsado, quedamos en inferioridad… y vuelta a empezar.
Como yo no soy precisamente el rey del optimismo, empiezo a ver pocas opciones. De momento, esta es la única que se me ocurre.
«Seis personajes en busca de autor» fue la obra maestra en teatro de Luigi Pirandello. La historia reciente del Efesé es la de un club en busca de dueño, y lleva camino de convertirse en una tragedia griega.
La Efesemanía empezó gritando «Vete ya, Jim vete ya». Luego siguió «Vete ya, Paco Gómez vete ya». Continuó recientemente con «Vete ya, Manzano vete ya» y… podría terminar cantando «Vámonos ya, y el último que apague la luz».
Cuando Paco Gómez dejó al FC Cartagena en caída libre, llegó Sporto Gol Man que resultó tener menos cuartos que un tío duchándose, y además de otros personajes misteriosos resultó que también llegaba escondido como Ulises dentro del caballo de Troya, Florentino Manzano. El Cristo que lo fundó. O, mejor dicho, el señor que lo fundó y que ha armado un cristo.
De los jugadores se esperaba mucho, pero no. Y ellos, los jugadores, lo que esperaban era cobrar mensualmente, pero tampoco.
Ahora se siguen buscando inversores, o compradores, patrocinadores… o milagros. De momento, el club, que ya está en zona de descenso, se ha convertido en una patata caliente. Sopla que viene quemando.
Las aceras en mi pueblo, Tentegorra, no son una especie en vías de extinción. Al contrario, son una especie que, un buen día, por casualidad o por evolución, aparecerán. Porque no son como las meigas esas que haberlas haylas, no. Es que no hay, ni las ha habido. Lo más parecido a una acera es esto.
Las «aceras» de Tentegorra
Esta «acera» de la foto es, concretamente, del Paseo del Canal, una de las calles más largas del pueblo. Una calle larga y recta donde algunos conductores hacen pruebas para ver qué velocidad alcanza su bólido, y ya quisiera Fernando Alonso conseguir la media de algunos que pasan por allí. Al no haber ni radares, ni vigilancia, ni pasos sobreelevados, ni ná de ná, aquello es el Far West de Cartagena.
El Paseo del Canal
La ausencia de aceras y los matorrales que hay a los lados obliga a caminar por la calzada. Es conveniente llevar un capote para torear a algunos de los descerebrados que pasan. Yo soy vecino y, además, superviviente de Tentegorra, porque llevo ya 18 años pasando por esta calle que une Tentegorra con Canteras y, hasta ahora, he podido contarlo. Por eso quiero dejar constancia por escrito, quién sabe si mañana o pasado ya no podré.
Me dijeron que Jesús Calleja pensaba rodar un episodio de su programa Planeta Calleja en el Paseo de Canal pero cuando le plantearon hacerlo de noche se echó atrás porque el riesgo era ya extremo. Y es que, muchas noches, bien por desidia bien por ahorro, están apagadas las farolas que lo iluminan a veces.
¿Se imaginan? Una vía urbana de Cartagena, en pleno siglo XXI, y en la que hay que llevar linterna. Para evitar meter el pie en un agujero, pisar una piedra más grande de lo habitual y, sobre todo, para que lo vean a uno Hamilton, Vettel, Räikkönen y compañía. Y aún así, a veces hay que dar un salto y lanzarse a la cuneta llena de matojos. Si Calleja se lo piensa mejor y finalmente hace el programa, yo me presento voluntario porque ya tengo entrenamiento.
Y mientras tanto, mientras se remodelan una y otra vez la calle del Carmen o las Puertas de Murcia, aquí seguiremos esperando a ver si brotan las aceras.