La calle de Santa Florentina, antes de ser calle fue rambla. Una rambla que discurría entre la muralla de la ciudad y la tapia del convento de San Joaquín y por donde discurrían las aguas del Molinete.
Cuando a aquellas aguas se dio un mejor destino alcantarillado, se urbanizó la zona y comenzó a ser una calle que siempre se ha llamado de Santa Florentina (tomando el nombre de la rambla) salvo un breve paréntesis en una intentona municipal de llamarla de Jaime Cubedo, sin que lograra cuajar a nivel popular.
En esta calle estuvo, entre otras muchas actividades comerciales, el mercado municipal, a base de puestos ambulantes, y en muy malas condiciones de salubridad, hasta que se trasladó al actual edificio de Mercado y Lonja, al comienzo de la calle Juan Fernández, pero manteniendo el nombre de Mercado de Santa Florentina.
A esa frase popular que dice “yo no soy ni río ni rambla” puede sumarse también, desde el siglo XVIII, la calle de Santa Florentina.
Casi nadie la conoce ya por “el Barrio”, salvo los muy mayores o muy castizos. Hablo de la calle del Carmen, claro.
Allá por el siglo XV ni siquiera estaba dentro de la ciudad, quedaba fuera de la muralla, y aquello era el arrabal de San Roque, por una ermita existente dedicada a este santo.
Aquella muralla se comunicaba con el arrabal por una puerta que se encontraba por la calle Santa Florentina, aproximadamente enfrente del actual Icue y que se llamaba Puerta de Murcia porque siguiendo el trazado de aquella vía hoy llamada calle del Carmen, Plaza de España, Alameda, etc. se establecía la comunicación con Murcia. La muralla se amplió y el arrabal de San Roque quedó entonces intramuros. La Puerta de Murcia se derribó y se construyeron otras puertas en la nueva muralla, al final de la calle del Carmen (todavía inexistente con ese nombre) y que entonces se llamaron de Puertas de Madrid.
Hubo allí un convento de los Carmelitas descalzos y la presencia del mismo, regenta por aquellos padres del Carmelo, dieron a que el pueblo comenzase a llamar a la zona Barrio del Carmen, lo cual se consolidó con la Parroquia del Carmen todavía existente. De Barrio del Carmen, por simplificar, pasó a conocerse como simplemente El Barrio y más recientemente cambió su nombre al actual de Calle del Carmen. Por el camino, hubo un intento fallido del Ayuntamiento de llamarla calle de Tomás Maestre.
El general Barceló, mallorquín y destinado en esta plaza, devoto de la Virgen del Carmen, y jefe de las expediciones marítimas que salían de Cartagena contra los piratas berberiscos, instauró celebraciones de sus tripulaciones a la Reina de los Mares en acción de gracias y fue el precursor de que pasase a ser Patrona de los Marineros, en sustitución de San Telmo. Algo de esto escribí en otro blog.
Aquel arrabal se ha convertido, con el tiempo, en una de las arterias principales y más cuidadas de la ciudad.