El nombre original fue “Calle del caballero” pero no se refería a ningún personaje montado a caballo ni alguien distinguido. En realidad no se refería a nadie, sino a algo.
Cuando ni siquiera había calle allí, lo que sí había era un “caballero” pero con el significado que tiene en la construcción militar, es decir, según la RAE, una obra de fortificación defensiva, interior y bastante elevada sobre otras de una plaza, para mejor protegerlas con sus fuegos o dominarlas si las ocupase el enemigo.
Luego, la ciudad se fue ampliando fuera de las murallas y la calle que allí se formó tomó el nombre del caballero, que luego desapareció aunque se mantuvo el nombre en la calle.
Como todo el mundo sabía, porque ahora ya se sabe cada vez menos, los Tres Mosqueteros eran cuatro. A Porthos, Athos y Aramis había que añadirle D’Artagnan, que aprobó luego las oposiciones a mosquetero del estado.
Y si alguien visita la calle de los Cuatro Santos podría llegar a la conclusión de que son tres porque en sus hornacinas están San Fulgencio, San Isidoro y Santa Florentina, pero no está San Leandro, que se halla en buenas manos para su restauración. Cuando pase la ITV, que se está haciendo larga, volverán a ser cuatro.
El lugar donde están las hornacinas con los cuatro hermanos cartageneros, hijos del Duque Severiano, y que alcanzaron la santidad, se llamaba antes Las Cuatro Esquinas, un nombre muy poco original ya que en casi todas las ciudades había un lugar llamado así, y solía ser centro de reuniones y actividad ciudadana.
Y las Cuatro Esquinas no eran, como hoy, centro de la Calle de Los Cuatro Santos, sino que eran comienzo y fin de dos calles porque, aunque hoy sea una sola, antes era calle de Sola (por Don Luis de Sola, un religioso que vivió en ella) desde la calle del Aire hasta la calle de Jara, o sea, hasta las Cuatro Esquinas. Y la otra calle, que partía de ese punto y llegaba hasta la plaza de San Ginés (de la Jara) se llamaba calle de Ginés Díaz.
Antes de estos nombres, habían existido otros, como calle de Jusepe Pérez, un comerciante de Génova afincado en Cartagena, y luego fue de calle de Juan Pérez Pica, que era hijo del anterior.
De Las Cuatro Esquinas a Los Cuatro Santos.
En el citado lugar conocido como Cuatro Esquinas y también como Cuatro Cantones hubo a principios del siglo dieciocho cuatro cuadros dedicados a los cuatro hermanos santos. En el año 1745, un vecino llamado Francisco García, pidió permiso al Ayuntamiento para sustituir los cuadros por cuatro esculturas hechas por él y como el permiso le fue concedido, poco a poco las dos calles se fueron viendo como una sola, que empezó a ser conocida como “de los Cuatro Santos”.
Después de alguna peripecia menor, la más importante tuvo lugar en 1905 cuando el Ayuntamiento decidió eliminar las cuatro hornacinas de los santos, lo que originó una protesta de los cartageneros, que obligó a recular al consistorio y además éste, para quedar bien quizás, ordenó que las hornacinas fueran cambiadas por otras de más calidad y mejor diseño, aunque, eso sí, las pagaron los vecinos de la calle.
San Leandro, ausente
Santa Florentina
San Fulgencio
San isidoro
Por cierto, el nombre oficial es “Calle de los Cuatro Santos” y no “Calle Cuatro Santos” pero tendemos a acortarlo todo, sea por prisa, comodidad, desconocimiento o pereza. Y por las nuevas tecnologías, supongo. Es un nombre muy largo para Twitter o SMS. A lo mejor algún día la rotulan como C4Snts. ¡Qué bonito!
Patronos a porrillo.
Los cuatro hermanos, junto a su padre el Duque Severiano, salieron de Cartagena al exilio, sobre el año 533, por razones políticas, cuando alcanzó la corona real el godo Atanagildo. Se marcharon a Sevilla y allí tanto San Leandro como San Isidoro alcanzaron gran relevancia, especialmente el último.
San Isidoro , fue Arzobispo de Sevilla, Doctor de la Iglesia, enciclopedista y autor de la obra “Etimologías”, llegando a ser el cartagenero más universal que ha habido hasta ahora. Más que Isaac Peral o Arturo Pérez-Reverte, sí.
Cartagena puede carecer de muchas cosas pero no de santos patronos. A cualquier que se le pregunte, nos responderá sin dudarlo que es “la virgensica de la Caridad”. Pero mucha gente sabe que, además, hay una patrona más antigua: la virgen del Rosell, a la que ahora se le da el título de consolación de co-patrona. Pero la cosa no acaba ahí. En 1612 el Ayuntamiento de Cartagena declaró patronos de la ciudad a los Cuatro Santos nacidos en ella.
No deberían tener los papeles muy en orden en el Ayuntamiento porque sólo 52 años después, cuando en 1677 se declaró una grave epidemia y se quiso pedir ayuda al santo patrón de la ciudad, nadie sabía quién era ni tenían documentación. Así que, ni cortos ni perezosos, metieron en una bolsa los nombres de muchos santos y eligieron uno al azar, saliendo el nombre de San Ginés de la Jara, que fue nombrado Santo Patrón y al que se encargó que combatiera la epidemia. Parece que no lo hizo mal y tiene desde entonces fama de milagrero. Aunque de San Ginés, el patrón más democrático de los, al menos siete, que tiene la ciudad, hablaremos otro día.
Santos futboleros
Antes que San Isidoro, su hermano mayor San Leandro, al que sucedió, también fue Arzobispo de Sevilla y a ambos se les considera de los mayores impulsores del catolicismo. Su labor desarrollada en Sevilla ha hecho que, entre otras cosas, estos dos hermanos cartageneros aparezcan en el escudo del Sevilla C.F., junto con Fernando el Santo, el rey conquistador de aquella ciudad.
Yo estoy muy contento de que los cartageneros estén en el escudo del Sevilla pero, a pesar de eso, sigo siendo más del Betis. ¡Manque pierda!
La calle de los Cuatro Santos, en 1990, 2004 y 2013.
Siguiendo esa manía que tengo de fotografiar el mismo sitio en épocas diferentes para poder comprobar su evolución (o no) con el paso del tiempo, aquí están las fotos que tomé de la calle de los Cuatro Santos en 1990, luego en 2004 y finalmente este año 2013, poco antes del verano.
También ha tenido muchos otros nombres esta calle. Se ha llamado de San Ginés, por San Ginés de la Jara, copatrono de Cartagena. Se ha llamado Calle de la Mesta. También tuvo un tiempo en que estuvo consignada como calle de Luis Angosto, fundador de la Cofradía de San Ginés de La Jara. Y también el Ayuntamiento la nominó un tiempo, sin éxito, como Calle de Milans del Bosch.
Pero los nombres que más nos van aproximando al actual son los de “Calle de los Corrales”, “Calle de los Corrales Nuevos”, “Calle de las Cocheras del Duque” y “Calle del Duque de Nájera”.
Tanto trajín de corrales y cocheras fue debido a que en esta calle no es que viviera tal duque, sino que en ella estaban ubicadas las cuadras donde se encerraban sus caballos.
La casa del Duque de Nájera, que también existe todavía, aunque no sé si vivió en ella alguna vez ya que ese ducado, creado por los Reyes Católicos en 1.482, y que todavía existe, ha tenido muchas por toda España y ésta sería una más de su patrimonio, está en la Plaza de San Ginés (de la Jara, claro) haciendo esquina con la propia calle del Duque y frente a la calle Cuatro Santos. Para más información, consultar el excelente blog de Juan Almarza Pozuelo en este enlace.
Finalmente… Calle del Duque
Todo un icono desaparecido: el gallo.
Como el idioma siempre tiende a ahorrar y economizar más que los gobiernos en crisis, todos esos nombres se quedaron finalmente en Calle del Duque. Y punto. Que es mucho más corto y cómodo, aunque suponga ir perdiendo información histórica.
Mi historia de esta calle, mucho más modesta y corta, recoge únicamente algunas de las diferencias habidas en estos últimos 23 años, desde 1990 hasta hoy, 2013.
Al fondo, el Lago y el Palacio de Aguirre.
Como casi siempre, ha habido cambios a mejor y también a peor.
Existen en occidente alrededor de 500 vírgenes negras, alguna de ellas de gran importancia por la devoción y número de sus seguidores. No son tallas de vírgenes de rasgos negroides, sino caucásicos pero con la piel negra, tanto ella como el Niño que casi siempre sostienen y muestran. Y no son negras porque hayan sido elaboradas en material negro u oscuro, sino que han sido tintadas de negro expresamente, con diferentes materiales, si era preciso. La más cercana a mí es la Virgen del Rosell, patrona de Cartagena.
La del Rosell, virgen negra.
El porqué sigue siendo un misterio ya que todas las explicaciones propuestas, algunas bastante pueriles como el del ennegrecimiento por el humo de las velas, han sido demostradas no tener base que las sustente. Otra razón que puede ser válida en algunos casos es el oscurecimiento paulatino de los materiales con que fueron hechas, como parece ser el caso de la Virgen de Montserrat, la popular Moreneta, aunque en otros casos es clarísimo que fueron teñidas de negro ex profeso. Por ejemplo, la Virgen Negra de Tindari, en Sicilia, tiene bajo sus pies una inscripción enorme que dice “Nigra sum sed Formosa”. (Soy negra, pero hermosa). Hay decenas de estudios y de publicaciones sobre las vírgenes negras.
De mi biblioteca he seleccionado uno, el de Ean Begg, porque es el que más me gustó de los que tengo y he leído, aunque no todo en él me convenza.
Las vírgenes negras de Ean Begg
Otro que recomiendo es “El enigma de las vírgenes negras” de Jacques Huynen.
Es fácil entrar en internet y ver el número de entradas que hay sobre ellas, desde las más serias y formales a las más disparatadas y delirantes.
El objeto de esta entrada no es aclarar el origen o el significado de las vírgenes negras, ni tengo los conocimientos ni es el propósito, solamente es la base necesaria para pasar a lo que realmente se orientan estas líneas: a la Virgen del Rosell de Cartagena, que fue negra y ya no lo es.
Algunos puntos comunes de las Vírgenes Negras
Hay antiguas deidades que también eran de piel oscura, como Isis, Astarté, Artemisa, Diana, Hécate, Deméter, Inanna, Kali, etc. que, además, a veces se confunden entre sí y resulta difícil separar unas de otras ya que a veces es la misma diosa, o casi, dependiendo del lugar donde fuese venerada: Egipto, Roma, Grecia, Turquía,… Casi siempre se les asocia también con la fertilidad y la sabiduría. A veces amamantan a un niño, como es el caso de Isis, y otras no. A la vírgenes negras de las que hablamos, con orígenes más cercanos, casi siempre rondando la Edad Media, se les asocia por algunos estudiosos con esas otras deidades antiguas, aunque esa relación no está muy clara.
Las Vírgenes Negras, en la mayoría de los casos están sentadas, sostienen sobre sus rodillas al Niño, que también es de piel negra como ellas, y a veces también tienen algún objeto en sus manos. Las tallas no suelen ser nunca muy grandes, más bien lo contrario. Y están hechas casi todas en madera.
También es común en las Vírgenes Negras un origen milagroso o plagado de leyendas y misterios que hace prácticamente imposible distinguir la realidad de la fábula. Salvo algún caso concreto en que se conoce al autor (creo que hay una de Donatello, aunque no estoy seguro) casi todas aparecieron flotando en las aguas del mar, o de un río, o se encontraron dentro de una cueva, o en el interior de un tronco de un árbol, o la tallaron los ángeles, etc. etc. Algo siempre muy etéreo y volátil que impide datar su origen.
El color negro también se asocia a la tierra fértil, que suele ser muy oscura, y el negro era símbolo de fertilidad. Asimismo representa lo desconocido, lo inefable, la sabiduría oculta, la que no está al alcance de cualquiera y hay que descubrir por uno mismo siguiendo ritos de iniciación que lleven a la luz. El caso es que en el pasado, las piedras negras eran algo muy común como objeto de culto pagano.
En el cristianismo inicial la figura de la Virgen no estaba muy extendida, era algo secundario, y la figura central y casi única era Cristo. Al regreso de las cruzadas, después de estar en contacto mucho tiempo con otras culturas y otros cultos, muchos caballeros trajeron consigo iconos, costumbres, conocimientos, que antes no eran habituales en su religión, y la figura femenina era una de ellas. Dicen (dicen, dicen) que San Bernardo de Claraval, fundador de los Templarios, estuvo detrás del impulso que surgió en aquella época acerca de las Vírgenes Negras, a fin de cristianizar esas tendencias. “Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él” dice el viejo refrán y que ha sido utilizado tantas veces a lo largo de la historia de la Iglesia. Entonces, las piedras negras a veces se convirtieron en las peanas sobre las que se sostenía la imagen de la Virgen María que, por supuesto, sustituiría o cerraría el paso a esas otras vírgenes paganas. En otros casos, en lugar de una piedra negra, era negra la propia cara de María. En fin, hay versiones para todos los gustos.
El culto a las Vírgenes Negras ha estado siempre mezclado, con lazos difusos, insisto, con Órdenes de Caballería, especialmente los Templarios, además de otras organizaciones siempre enigmáticas, como masones, rosacruces, o incluso heréticas, como los cátaros.
Vírgenes Negras famosas
Son muchas las que hay extendidas por toda Europa y algunos puntos de América, aunque la gran mayoría están en el occidente europeo. Francia es el país con el número mayor, más de 250. España es otro de los países con gran cantidad de Vírgenes Negras, aunque antes había más y algunas fueron “blanqueadas”.
En nuestro país, aunque repito que hay muchas, se pueden destacar la Virgen de Guadalupe, en Cáceres, la Virgen de Montserrat en Cataluña, la del Pilar en Zaragoza, que además es la patrona de España, La de Argeme en Coria, la de la Carrasca en Ciudad Real, la de la Encina en Ponferrada, la de Lluc en Mallorca, la Candelaria en Tenerife, la de la Cabeza en Andújar, la Virgen de la Luz en Cuenca, la de la Sierra en Cabra, la de Regla en Chipiona, la de los Milagros en el Puerto de Santa María, la Virgen de la Peña de Francia en Salamanca, Nuestra Señora de la Merced en Jerez… y la Virgen del Rosell en Cartagena. Como dije antes, esta es solamente una muestra, puesto que hay muchas más. Y algunas ya han sido retocadas y “blanqueadas”, como la propia del Rosell, la de Chipiona, la del Rocío…
Fuera de España son muchísimas más y la lista sería poco práctica por lo inmanejable. Únicamente destacaré cuatro o cinco por ser muy conocidas, por la famosa de Czestochowa en Polonia, (a la que tenía gran aprecio el Papa Juan Pablo II y que no es una talla, sino un icono pintado), de Auvernia en Francia, de Esiedeln en Suiza, Les Saintes Maries de le Mer en Marsella, Francia, la de Germain en Francia, y un etcétera larguísimo.
Santa María… ¿del Roser, del Rosal, del Rosel, del Rosell?
La Virgen del Rosell, patrona de Cartagena, se ajusta a todas las pautas de las Vírgenes Negras.
Hecha en una talla de madera, dice una de las leyendas que la encontró un pescador en el mar, entre sus redes. Aquel pescador se llamaba Ros o Roig y ese sería el origen de su nombre. Otra variante dice que no era pescador, sino pastor y que la encontró entre los juncos, arrastrada por la marea.
Otra leyenda sobre su origen dice que cuando Cartago Espartaria (que así se llamaba entonces) estaba ocupada por los bizantinos, encargaron la talla a un escultor venido de Bizancio y éste no tuvo problemas para hacer el cuerpo pero no conseguía la inspiración suficiente para reflejar en la cara toda la belleza y amor que pretendía reflejar. Dicen que los vecinos lo veían pasar las noches enteras vagando y buscando la inspiración sin que esta llegase, hasta que una noche se produjo una extraña claridad y que a la mañana siguiente encontraron la imagen bellamente terminada y al artista muerto frente a ella, con una expresión de gran paz y felicidad por haber conseguido lo que pretendía. También había florecido un rosal alrededor de la imagen, pese a no ser la época adecuada. Ese sería otro posible origen del nombre, como Virgen del Rosal. Y para que no quede un cabo suelto, una niña cogió una de aquellas rosas y la puso en la mano derecha de la Virgen, que desde entonces la lleva.
También parece que cuando los visigodos fueron desplazados por los musulmanes, la Virgen del Rosal, como tantas otras Vírgenes Negras, desapareció un tiempo, o se hizo invisible, para no caer en manos infieles. Y sólo cuando las tropas cristianas reconquistaron la ciudad, apareció la imagen.
Pero aún hay más, un caballero aragonés, venido de la cruzada entre cristianos, de las tropas del Papa contra los cristianos albigenses (los cátaros), en Francia, trajo un rosario bendecido por el propio Santo Domingo de Guzmán y lo puso en manos de la Virgen. Por lo que sería del Roser (por el rosario, y no del Rosel por el rosal).
Alejándonos poco a poco de la leyenda y acercándonos a la historia, parece que Alfonso X el Sabio, antes de ser rey, cuando tomó Cartagena en 1.245, estuvo orando ante la Virgen del Rosell, cuyo culto habían mantenido los pocos cristianos que habían convivido con los ocupantes. Posteriormente el rey Alfonso X le dedicó una de sus cantigas.
Santa María de España
Y fue años después, en 1272, cuando el propio Alfonso X el Sabio creó la Orden Militar de Santa María de España, teniendo sede dicha orden en Cartagena y la Virgen del Rosell sería su titular. Su principal objetivo sería luchar contra los moros y, más concretamente contra los piratas berberiscos que entonces infestaban nuestras costas. La Virgen se ubicó en una abadía que se construyó en el Castillo de la Concepción (el Castillo de los Patos, dicho en cartagenero), aunque lo más probable es que se ubicase en la Catedral de Santa María de Cartagena (la catedral vieja, hoy en ruinas).
Tuvo una vida corta (ocho años) aquella Orden de Santa María de España porque muchos de sus integrantes perecieron junto a otros muchos caballeros en la batalla de Moclín (1280) luchando contra los benimerines y como sobrevivieron muy pocos, se decidió que los supervivientes se integrasen en la Orden de Santiago a fin de que ésta al menos no desapareciera, de lo diezmada que había quedado tras esa batalla.
Cuando se creó la Orden de Santa María de España, se decidió que su emblema fuese no una cruz, sino una estrella de ocho puntas (por la rosa de los vientos que guiaría en la mar a las naves en su lucha contra las fuerzas moras) y en el centro de esa estrella estaría la imagen de la Virgen del Rosell.
Emblema Orden Santa María de España
Por eso, a la Orden también se le conoció como “Orden de la Estrella” y a la Virgen, por extensión, también se le llamaba Santa María de España.
Siglos después, aquel emblema de la Orden Santa María de España dio lugar al de la Universidad Politécnica de Cartagena.
Logo UPCT
El uniforme que llevaban los caballeros de la Orden era túnica negra, capa roja y una estrella dorada de ocho puntas.
Caballero Orden Santa María de España
La Virgen del Roser, o del Rosal, o del Rosel, o del Rosell fue patrona de Cartagena en solitario hasta 1.723 en que fue “desplazada” por la Virgen de la Caridad, aunque, como se suele decir, esa es otra historia. La festividad de la Virgen del Rosell es el segundo domingo de Noviembre.
El paso por la Cirugía Estética
La Virgen del Rosell, ahora blanca
Lo peor fue cuando se restauró o, prefiero decir, se “blanqueó” y perdió su naturaleza, dejando de ser una de las enigmáticas y entrañables Vírgenes Negras para convertirse en una representación de la más genuina raza aria. A Michael Jackson quizás le habría gustado mucho. A mí, nada.
El golpista Teniente Coronel Antonio Tejero Molina fue condenado por el intento de golpe de estado del 23 de Febrero de 1. 981. En Octubre de 1.982 él, y algunos de sus cómplices, fueron dispersados y trasladados a diferentes establecimientos penitenciarios de España. A Tejero le correspondió ser recluído en el Castillo de San Julián, en Cartagena, que ya había sido utilizado como prisión para militares de alta graduación anteriormente pero, debido al mal estado de las instalaciones, finalmente fue durante un tiempo a otra prisión militar, también en Cartagena.
Estas preciosas vistas de Cartagena, su campo y su mar, fueron las que se perdió Tejero.
Cartagena desde San Julián
El Castillo de San Julián está a una altura de 295 metros sobre el nivel del mar y tiene una fantástica vista sobre la dársena de Cartagena. La historia y características de esta fortaleza hay quien las conoce mejor que yo, por ejemplo AFORCA y dejo aquí los enlaces para quien quiera conocer más.
Mi intención es únicamente ofrecer algo, no de allí, sino de lo que se ve desde allí, para aquellos que no hayan podido hacerlo o para los que quieran recordarlo.
La altura hace que los paisajes sean espectaculares en cualquier dirección hacia la que se mire. Por ejemplo, hacia el oeste, alcanzando la vista, en el horizonte, el Cabo Tiñoso y teniendo por medio las Algamecas (chica y grande), Fatares, Islas de la Torrosa y de Las Palomas, etc.:
Vista en la misma dirección, pero desde el interior de la garita de guardia, y con la fortaleza de Santa Ana a los pies.
Con tiempo despejado y buena vista, al fondo se distingue el Mar Menor y sus islas, así como la franja de La Manga.
Una preciosa vista de la ermita sobre el Monte Calvario. Lástima que no fuese día de romería.
El puerto, “a quien los de Cartago dieron nombre, cerrado a todos vientos y encubierto, a cuyo claro y singular renombre, se postran cuantos puertos el mar baña, descubre el sol y ha navegado el hombre”. Como ya dijo Don Miguel de Cervantes. En primer lugar, el dique de la Curra. Al fondo, la empresa Navantia y el Arsenal Militar:
El espacio entre los faros de Navidad (luz roja) y La Curra (luz verde). Bajo este último está La Losa (o La Laja) de la que hablaré en el futuro en otra entrada de esta web, Dios mediante
Vista parcial del Campo de Cartagena. En el centro se distingue el monte Cabezo Beaza, que da nombre al polígono industrial que se extienda a sus pies.
La refinería de Escombreras al fondo y, en primer término, las basadas de los cañones que se emplazaban en esta batería de costa, hoy ya desmantelados.
La pobrecita Isla de Escombreras, que ha quedado encajonada por los muelles y diques de las obras de ampliación de la refinería de Escombreras. Su nombre no tiene nada que ver con la primera acepción de la RAE de esa palabra escombro: cascotes, yeso, piedras, residuos y cemento. Proviene de la abundancia, en el pasado, del pez “escombro”, segunda acepción de la RAE que había en sus cercanías, una variedad de la caballa, y con el que se hacía, entre otros, el apreciado “garum”.
Esta es una vista general en dirección Este.
Y esta otra, en dirección oeste, hacia Cartagena y el poniente.
También dejo aquí un pequeño video de la dársena de Cartagena vista desde el Monte San Julián.
Y así terminó mi excursión al monte San Julián, de la que guardo un grato recuerdo y la cual hice en compañía de mi hijo, el cual me ayudó a hacer el esfuerzo de subir, venciendo mi vértigo y con algunas rampas de hasta el 17% de desnivel.
Su nombre oficial es Plaza de la Merced, pero somos muchos los cartageneros que preferimos llamarla El Lago.
Pero, además, ha tenido muchos otros nombres según ha ido transcurriendo el tiempo y los cambios políticos han ido dejando sus rastros que, al final, han terminado por agotarse. Así, se ha llamado Plaza de la Constitución, Plaza Real, Plaza de Isabel II, Plaza de la República Federal y Plaza de José Antonio Primo de Rivera.
El Lago, con farola.
La nominación como Plaza de la Merced se lo debe a un convento que construyeron allí los frailes mercedarios a principios del siglo XVI y que luego fue abandonado a mitad del XVII, pero el nombre nunca ha desaparecido en el habla de los cartageneros, ni siquiera en las épocas en que oficialmente se llamaba de otro modo.
En cuanto al Lago, es un nombre que nunca ha sido oficial y que se debe a la socarronería y sentido del humor de esta tierra, ya que viene dado por una pequeña balsa o estanque que hubo en medio del recinto y que luego desapareció.
La historia de esta plaza es muy larga, como la de cualquier otro lugar de Cartagena, una ciudad de miles de años de vida. Hay muchos buenos autores y exhaustiva documentación sobre todo lo que en ella ha habido y ocurrido. No es ese mi objetivo ni estoy cualificado para ello, sólo quiero reflejar gráficamente, de un vistazo, algo del cambio sufrido en estos últimos 23 años, desde que tomé las fotos en 1990 hasta que las he repetido ahora en 2013.
Sí que quiero, no obstante, referirme a dos elementos del Lago, singulares y entrañables, uno ausente y otro presente. El que no está es la famosa “Palmerica del Lago”, una palmera enorme, de más de 30 metros de altura, que sobresalía enormemente sobre todo el entorno de los otros árboles, y que se hizo querida por la población, hasta que, como es natural, le llegó su hora. No tuve la precaución de tomarla en fotografía y no puedo recogerla aquí.
El otro elemento, que sí está, aunque no estuvo un tiempo, es La Farola. Así, con mayúsculas. La farola del centro de la plaza también fue y es un elemento característico de ella. Y asimismo se convirtió en “objeto de culto”, dicho sea con todos los entrecomillados del mundo. Pero, durante un tiempo, alguien con mucho tiempo libre y que se aburría, decidió cambiarla de sitio y la ubicaron en la Plaza del Atrio. Pero como el tiempo pone las cosas en su sitio, vuelve a estar donde debió estar siempre.
Sobre los cambios habidos y reflejados en las fotos a través de estos 23 años, dejo los comentarios para quien quiera hacerlos.