¡Dios mío, tengo sed!

Cartagena, esas ciudad maravillosa donde nací tiene muchas cosas ventajas y algún inconveniente.

El mayor de estos, a mi entender, es que no tiene agua. Ni un río, ni una fuente. ni un regato… ná de ná. Sólo alguna rambla seca que, cuando dice de llover, que es de higos a brevas, lo hace a lo bestia y se lleva lo que sea por delante. Antes eran riadas, luego gotas frías y ahora DANAS, pero es siempre lo mismo: una bestialidad de agua en un minuto que acaba con vidas y haciendas.

El gua, tradicionalmente, se suministraba en Cartagena a base de aguadores. Ya fuese personas con cántaros a los hombros, carros con mulas, o camiones con cubas cuando la cosa se motorizó.

Aguador

El agua hacía falta tanto en la ciudad como en su campo, claro. Y la gente, a veces, se movilizaba reclamando agua. Por ejemplo, el 1 de septiembre de 1931 se organizó «El Día de la Sed», y el personal se echó a la calle pidiendo agua.

Día de la Sed.

Si hubiera que hacerlo hoy, nos estrellaríamos. Nos limitaríamos a escribir unos tuits durísimos que serían trending topic unas horas y luego, otra vez a ver fútbol o el rerality de turno.

Manifestación histórica en Cartagena reclamando agua y recursos para el campo. En plena República. Y decían «Los rojos no llevan sombrero». Pues se les infiltraron todos los fachas por lo que se ve.

El agua llegó a Cartagena (no a su campo en general) en 1945 gracias a aquel malo malísimo que fue el Almirante Bastarreche. Y, por malo, se le quitó el monumento y la plaza a su nombre.

Pero, volviendo a la ciudad, yo que soy muy de preguntarme cosas a mí mismo, me digo: Con la cantidad de acueductos que hicieron los romanos por toda Hispania y por todos los contornos del Mare Nostrum ¿tanto les habría costado hacer un acueducto en Cartagena? Supongo que lo dejarían para más adelante, porque tenían cosas más importantes que hacer, y luego ya llegaron los godos y se jodió la cosa.

Esto de prometer cosas a los cartageneros y luego reírse en sus morros viene, por lo menos, de los romanos.

Por allí resopla

Casi 15 años lleva ya la ballena zambulléndose y no acaba de hacerlo.

Fue en 2007 cuando se instaló esta Cola de Ballena de 8 metros en la Dársena de Botes, junto al antiguo Club de Regatas, hoy BIC. Es una obra en acero del cartagenero Fernando Sáenz de Elorrieta.

Puede parecer algo extravagante eso de colocar ballenas por Cartagena, cuando siempre se asocian con lugares exóticos y más bien fríos como Terranova, Groenlandia, etc.

Pero no, allí es donde las masacran. Por aquí están seguras y se ven de vez en cuando por las costas cartageneras de Cabo Tiñoso, Cabo de Palos… porque son zonas de paso para estos gigantes en sus migraciones anuales. Ahora ya vienen hasta las jorobadas.

Es Navidad

Sí, es Navidad.

Más exactamente, es el faro de Navidad, en el puerto de Cartagena.

Si sumamos los hechos de que la fecha que más me gusta es la Navidad, que mi color preferido es el rojo, que la profesión que me habría gustado tener es la de farero y que no cambiaría mi ciudad por ninguna otra del planeta para vivir… queda claro que este lugar tiene para mí un valor especial.

¿Por qué Cartagena se llama Cartagena?

Por qué Cartagena se llama Cartagena es algo que puede parecer curioso, apasionante, previsible…, pero nunca casual. Las cosas no suelen ocurrir por casualidad y los nombres propios de los lugares o toponimias, menos.

Nombres de Cartagena

Hace tiempo escribí una entrada a medio camino entre la historia y la mitología que se llamaba Cartagenas y Carthagos en el mundo. En ella relacionaba algunos de los nombres de mi ciudad, ahora me extenderé más en ello.

Toponimia curiosa

Volviendo al principio, los nombres propios pueden resultar curiosos, interesantes, pero nunca causales. Nunca es «porque sí». Veamos algunos casos.

  • Hay muchos pueblos, grupos de individuos o lugares que significan -en sus respectivas lenguas- «la gente». Ellos se consideran a sí mismos, la gente. Por ejemplo Canadá significa eso precisamente: «la gente».
  • La localidad de Palo Alto en California debe su nombre a una secuoya gigantesca que era lo primero que divisaban los españoles cuando volvían de Filipinas por la ruta del famoso Galeón de Manila. Y era lo primero que veían porque la tierra es redonda, mal que les pese a los terraplanistas.
  • La península del Yucatán se llama así debido a un malentendido muy gracioso. Cuando los conquistadores españoles llegaron le preguntaron a un indígena cómo se llamaba aquello. Lo que -seguramente- le respondió el inca en su lengua fue «Ma’anaatik ka t’ann» que viene a significar «No te entiendo». Pero aquello, que sonaba algo así como «Yucatán», fue lo que entendieron como nombre del lugar.
  • Paraguay significa «gente nacida a lo largo del río»
  • Uruguay equivale «río de pájaros», etc.

Y ahora vamos con Cartagena.


Muchos fonemas en diferentes idiomas significan precisamente ciudad. MAST era uno de ellos entre los pueblos iberos que habitaban las península. Si recordamos lo que simboliza el escudo de Cartagena: una ciudad, una fortaleza sobre unas rocas, una península. De ahí que ese MAST, pasase a ser MASTIA, la ciudad, por antonomasia. Y que los pobladores de ella y de sus alrededores fuesen llamados mastienos.

Hay otro nombre que se refiere a Cartagena y que (dicen) aparece hasta en la Biblia. Esto está un poco traído por los pelos pero yo lo pongo porque no cuesta dinero y a la vista de las salvajadas que hacen con la historia los nacionalistas, esto es una cagadita de rata en el arroz, además de que no afirmo que sea verdad, es solo un purparler. En la Biblia aparece una tal Tarsis. Y a Cartagena dicen que también la llamaban MASTIA TARSEION.

La justificación de esto está en que TARTE es una raíz que significa «recinto acotado o amurallado» y el término semítico RSSS es equivalente a «fundir». Pues listo, como aquella ciudad nuestra era rica en metales, especialmente plata, pasó a ser Mastia Tarseion, la Ciudadela de la Fundición, y de ahí a ser la Tarsis bíblica hay un paso.


Según parece, los mastienos eran muy antiguos y cuando comenzaron a pulular por allí una tribu ibera más moderna, los contestanos, absorbieron a los mastienos, la ciudad pasó a llamarse CONTESTANIA. Pero aquello duró menos que un abrazo de suegro.


Por aquí pasaron, pero lo que se dice pasar literalmente, haciendo negocio y tal con fenicios y tartesos, pero sin quedarse, los griegos. Recuerden que aquella Mastia o Contestania era una ciudad fuerte sobre una península. Eso, en la lengua de aquellos griegos masaliotas -o sea, procedentes de la colonia griega de Massalia (Marsella)- era QUERROSENIZO, eso significaba literalmente: fortaleza sobre una península. Y así llamaron a nuestra ciudad. Exactamente igual que a Peñíscola y por la misma razón. O sea que había dos ciudades llamadas del mismo modo.

Tampoco es que durase mucho aquella idea griega y QUERROSENIZO -o Cherrosenizo según otros- pasó de designar a la ciudad entera a una sola de las cinco colinas, la que era realmente una ciudadela fortificada: lo que hoy es el Castillo de la Concepción y que, sentimentalmente, todavía conserva ese nombre griego.

Querronesizo, Esculapio, Eshmún, Castillo de la Concepción (o Castillo de los Patos), que todo es lo mismo.

Llegaron después otros tipos pero, estos sí, con intenciones de quedarse, los cartagineses, que son los que, más o menos, terminaron por dar un nombre casi definitivo a la ciudad, aunque había de pasar por varias metamorfosis.

Los púnicos, al igual que los iberos, tenían una raíz vocal que significaba ciudad: QART. Y también los árabes respetaron más tarde esta voz ligeramente variada como QARTA para referirse a una ciudad, pero lo veremos después, impacientes.

Los cartagineses vieron las posibilidades que tenía aquel emplazamiento y decidieron hacerlo una de sus bases principales (si no la que más) para su expansión por Ispanna (que es como llamaron los fenicios a España, que existía, vaya si existía, o Iberia, que es el nombre que le dieron los griegos. Lo de Hispania fue un poco más tarde, cosa de los romanos).

Sigamos con los cartagineses. Pasaron de otros nombres previos, y el jefe de la cosa, Asdrúbal Barca, llamado también Asdrúbal el Bello, la refundó en el año 227 antes de Cristo y a aquella nueva ciudad la llamó QART HADASTH, o sea, Ciudad Nueva. Podría ser bello pero, imaginativo, lo justo.

Asdrúbal el ¿bello?

Los griegos, que seguían pasando para arriba y para abajo con sus bisnes, tradujeron aquello a su lengua y la llamaban o bien KAINÉ POLIS, o KARJEDON NEA. Negocios, muchos, pero cero complicaciones.


Lo de los cartagineses estuvo bien y fue intenso, pero duró poquito. En el 209 a.C. (Significa antes de Cristo. Lo aclaro porque como a los progres le da sarpullido nombrar a Cristo, ahora empiezan a llamarla «era Común»). Bueno, 209 antes de Cristo llegó Escipión el Africano y aquello dejó de ser cartaginés y pasó a ser romano.

Aunque Carthago fue la bestia negra de los romanos y enemigo a muerte, estos no perdieron el tiempo en borrar nombres ni hacer leyes de memoria histérica de esas ni nada. La llamaron CARTHAGO NOVA, la nueva Carthago. Toma ya. La llamaron eso y más cosas, pero siempre respetando el Carthago. Dado que era una fuente de materias primas valiosas como el esparto, la plata o el escombro, la llamaron CARTHAGO SPARTARIA (especialmente los romanos bizantinos), CARTHAGO ARGENTARIA y CARTHAGO SKOMBRARIA, según lo que estaban esquilmando para llevarse a su tierra. Y todavía no nos han pedido perdón, los tíos.

(Aclaración: el escombro no se refiere a lo que abunda ahora en el casco antiguo de Cartagena; es como se llama también a la caballa, que abundaba en estas aguas y dio nombre a nuestra querida isla de Escombreras. Con la caballa y otros pescados se hacía el famoso garum, en el que éramos primera potencia mundial, por mucho que le pese a Cádiz)


Se fueron los romanos porque llegaron los bárbaros -la cosa es un poco más compleja, pero hay que aligerar o nos darán las uvas, además, los romanos van a volver enseguida, ya verán.

Alrededor del año 500 d.C. (no era Común, no; después de Cristo) estaban por aquí los visigodos. El Imperio Romano se había dividido en dos y el de Occidente había caído. Sólo quedaba en pie el Imperio Romano de Oriente, o sea el de Bizancio o los bizantinos. Aunque ellos nunca se llamaron a sí mismos de este modo. Siempre se llamaron romanos.

El caso es que lo visigodos, después de haber echado a los vándalos, por ser eso, unos vándalos, y mandarlos a África, se habían quedado afincados por aquí. Pero, o no todo el mundo estaba contento con ellos y echaban de menos a los romanos, o es que los romanos (de Bizancio) echaban de menos su imperio de Occidente y habían decidido recuperarlos. El caso es que desembarcaron en la península. ¿Adivinan por dónde? Exacto: Por Carthago Nova.

La Spania de Bizancio.

Aquella provincia se llamó Spania -aunque, recuerden, España no existe o la inventó Franco- y Charthago Nova fue su capital. (¡Cartagena capital de España!) Utilizaron el nombre de CARTHAGO SPARTARIA del que hemos hablado antes y también el de CARTHAGINEM. Cosas de la lengua, esa «m» final del acusativo no se pronunciaba y además el acento estaba en la segunda a. Sonaba así como «Cartágena». Ya nos vamos acercando al nombre actual, aunque todavía falta un poquito.

Aquella Spania bizantina no duró demasiado. Aunque en el 565 estaba en todo su esplendor, Los visigodos fueron recuperando terreno y terminaron por echar definitivamente a los romanos (bizantinos) en el 624.

A los cartageneros no les fue muy bien aquello. Al rey godo Suintila le sentó muy mal la chulería de que Carthaginem hubiese sido la capital de Spania y pasó el rodillo. Parecía como si hubiesen pasado los hinchas británicos después de ganar la Champions League. Dejó alguna piedra sobre piedra, pero pocas, muy pocas piedras.


Llegaron los musulmanes después de derrotar a Don Rodrigo con la ayuda de algunos traidores (costumbre de la casa) y cuando llegaron por estos lares se encontraron poco más que un solar.

Cartagena fue poca cosa durante la dominación árabe, algo más que un poblacho. La llamaron ALCHERONE y al puerto, que había quedado separado de la ciudad, lo llamaron DOBEA. Después, con el tiempo cuando supieron lo que había sido en el pasado, y tomaron conciencia de que era la heredera de la Carthago de África, la llamaron QARTAYANNAT.

Ya les decíamos antes que la raíz QARTA era ciudad. Pero ¿y YANNAT? Hay teorías (poéticas) que dicen que viene de GENNA (paraíso), y que hablaría de una ciudad que era como el paraíso por su belleza, condiciones agradables, etc. Y el caso es que antes acabo de decir que era poco más que un poblado. Sí, pero es que la poesía tiene sus licencias. Además, es que los árabes tenían tres QARTAYANNAT y tuvieron que ponerles apellido para distinguirlas.

Estaba la QARTAYANNAT FRIQUIYA, que era la Carthago de Túnez, la QARTAYANNAT AL YAZIRA, que era la actual Algeciras, y la QARTAYANNAT AL HALFA (que significa la Espartaria, como decían los romanos), esa era la de la Cora de Tudmir, o sea la Cartagena actual.

A mí me llaman Jotaefe porque José Francisco le resultaba a mucha gente demasiado largo. Quizás por la misma causa Qartayannat Al Halfa fue dejando paso a Qartayanna o Cartayanna.

Ánimo que ya llega la Reconquista y encontraremos nuestro nombre definitivo. Más o menos.


Cuando llegaron las fuerzas cristianas a la que entonces era Cartayanna, fue el rey Alfonso X el Sabio el que la llamó Cartageña o Cartagenia, ya que el sonido era el mismo. Poco a poco, con la ciudad ya perteneciendo al reino de Castilla (fuimos algún tiempo «El portillo de Castilla», o sea el puerto por el que asomaba Castilla al Mediterráneo) y el nombre empieza a aparecer como Carthagena, con una «h» de quita y pon, que todavía usamos (o no) cuando hablamos de fútbol y vamos al estadio Carthago Nova.

El caso es que la h del nombre oficial se perdió un buen día y desde entonces hasta hoy somos Cartagena. Pero no se vayan, porque todavía hay más.


Cuando comenzó la conquista de América y el Pacífico por parte de España, o del Imperio Español, como gusten, también empezaron a brotar Cartagenas y Carthagos por el mundo.

Y hubo una hija que se fue haciendo mucho más grande (y todavía lo es) que la madre. Era la Cartagena que hay en Colombia, que fue el principal puerto de envío de mercancías a la metrópoli. Era tan rica que los ingleses la ambicionaban y allí fue donde hicieron el ridículo ante Blas de Lezo, sufriendo la mayor derrota de su historia.

Pero estábamos hablando de que había muchas Cartagenas y aquella se confundía con esta. De modo que la de allá del otro lado del charco, fue bautizada como Cartagena de Poniente, y la de acá, lógicamente, como Cartagena de Levante. Los lugares de salida y puesta del astro rey dieron los nombres.

Después se vio más conveniente llamar a aquella CARTAGENA DE YNDIAS, puesto que era, de facto, la capital de las Indias aquellas que afanosamente buscaba Colón.

Y aquí nos quedamos con CARTAGENA a secas o, cuando hace falta, aclararlo, todavía utilizamos lo de CARTAGENA DE LEVANTE.


Ahora sí hemos acabado. Solamente me queda un agradecimiento que hacer. Una parte importante de lo que hay en esta entrada lo aprendí de D. Juan Soler Cantó, fallecido en 2004, médico, historiador y autor de innumerables libros sobre Cartagena y que, en la Navidad de 1998 tuvo la amabilidad de regalarme y dedicarme su «Historia de Cartagena».

¿Qué dice el escudo de Cartagena?

Para empezar, el escudo de armas oficial de la ciudad de Cartagena es el que se describe en la página de su Excmo. Ayuntamiento y dice así:

«El ESCUDO de armas de la ciudad es de forma acaudada. Está constituido por un castillo en oro, con tres torres almenadas: la del centro un poco más elevada; las puertas y ventanas, clareadas de gules. La fortaleza se destaca en campo azul, levantada sobre peñas color piedra, batidas por las azules olas del mar. Su bordura, la componen ocho jaqueles: cuatro donde campea el castillo de oro, en campo de gules; y cuatro con león rampante de gules, sobre campo de plata. Timbra el blasón una corona mural.» También se explica allí que es el escudo que se usa desde 1929, propuesto por el archivero y cronista D. Federico Casal.

Escudo de la ciudad de Cartagena, versión no idéntica a la oficial.
Una interpretación más del escudo de Cartagena.

Aunque hubo otros previos, diferentes, y que también se recogen en la página, muy de pasada.

Sin embargo, esa explicación del Sr. Casal no es muy exhaustiva y deja muchos puntos al albur del artista que lo realice. Gules es el color rojo en heráldica, del mismo modo que azur es azul, sable es negro, oro es amarillo, plata es blanco y sinople es verde. Pero no todos los rojos son iguales, como dije en el color Cartagena, de hecho todos los colores tienen infinidad de de tonos.

Pero no es eso solamente. Los leones son de gules (rojo) y no púrpura como lo son en el escudo de España, bien. Pero ¿son uñados y lenguados? Uñados significa que tienen las uñas extendidas y lenguados, linguados o lampsados, que tienen la lengua fuera y de un color distinto al cuerpo. Ese es el caso también del escudo español.

De la bordura no indica el grosor de la misma; podría ser estrecha, ancha, media… Los castillos y los leones ¿han de estar siempre verticales o pueden adaptarse al trayecto de la bordura?

Hay más dudas. Por eso se ven tantas variaciones en los escudos de armas, no ya en el caso del de Cartagena sino en cualquiera. O se dan instrucciones muy precisas o cada uno lo interpretará a su modo.

Pero en el caso que nos ocupa, lo que más me preocupa (es un decir) a mí, es la corona. Se limita a decir «timbra el blasón una corona mural«. Bien, pero ¿de qué color? ¿oro, plata, o piedra, como sí dice de las rocas en que se asienta el castillo central? Y llegamos al punto más importante, a mi entender. Esa corona mural ¿es doble o sencilla? No es una pregunta absurda y se verá por qué.

He leído otras descripciones y representaciones del escudo de Cartagena que me parecen más acertadas, al menos en cuanto a la corona, que debería ser doble.

El cuerpo central es un castillo sobre las rocas batidas por las olas, indicando su fortaleza, tanto por tierra como por mar. Si recordamos cómo era la Cartagena antigua, una península rodeada de agua por todas partes menos por una, se entiende mejor.

C

La península donde se asentaba la ciudad antigua. Los griegos la llamaron Cherrosenizo o Querrosenizo, igual que a Peñíscola, por sus características físicas. Luego, el término Cherrosenizo quedó reservado a una sola de las cinco colinas, la del castillo de la Concepción.

La orla o bordura con las armas de Castilla (los castillos y los leones) se debe a que Cartagena fue durante un tiempo parte directa de Castilla; de hecho la llamaban «Portillo de Castilla» ya que por ella se asomaba el reino castellano al mar Mediterráneo. Cartagena pertenecía a Castilla directamente, sin feudatarios intermedios, eso indica la orla.

Y vamos con la corona. Requiere una explicación que los expertos en las Guerras Púnicas y los aficionados a las Fiestas de Cartagineses y Romanos, conocen muy bien. Los generales romanos otorgaban un premio, una distinción, al primer soldado que entrase en una ciudad de las que los romanos invadían. Ese premio era una corona mural (por la muralla que habían asaltado). El premio era único.

Cuando los romanos tomaron Qart Hadasht (Cartagena en época cartaginesa), Publio Cornelio Escipión, el genial estratega, dispuso que fuese atacada simultáneamente por tierra y por mar. De las tropas que atacaron por mar, el primero que entró en la ciudad fue el legionario Sexto Digicio, a las órdenes de Cayo Lelio. Y de las tropas atacantes por el istmo de tierra fue el centurión Quinto Trebelio, a las órdenes del propio Escipión. Ambos reclamaron el premio y ambos dijeron haber sido el primero.

Ante la imposibilidad de saber quién fue en realidad el primero en saltar la muralla y lo enconado de la disputa, Escipión dispuso que se otorgara una doble corona mural, fue un premio ex aequo. Ha sido la única ocasión en que se otorgó así. Y esa doble corona mural en el escudo indica la integración de Cartagena en Roma y el mundo romano.

Y eso es lo que dice el escudo de Cartagena.

Pero, repito, el escudo OFICIAL es el que utiliza el Ayuntamiento de la ciudad.

Ah, me olvidaba. También se le rodea con unas hojas de laurel y olivo y con la leyenda «Muy noble, muy leal y siempre heroica». Pero eso está, idéntico o con alguna variante, en los escudos de Zaragoza, Sevilla, Bilbao, Tarifa, Mérida, Madrid, Santiago de los Caballeros, Sax, Requena, Jerez de la Frontero, Cádiz, Medina del Campo, Cuenca, Soria, Logroño, y un etcétera larguísimo. Y, la verdad, cuando lo llevan casi todas las ciudades, me dice muy poco.

El color Cartagena

Dicen que Sevilla tiene un color especial, y seguramente es así, no seré yo quien lo discuta.

Pero tampoco hay discusión en que Cartagena tiene también su color especial: el «color Cartagena» o «rojo Cartagena». ¿Qué color es el rojo Cartagena? Pues el de su bandera.

Bandera de Cartagena, con el color «Rojo Cartagena»

Ya, -dirá el lector- pero… ¿qué rojo es ese? Ay, amigo, eso ya requiere una explicación más larga.

El rojo Cartagena pertenece a la familia de los carmesíes, los cuales no son pocos. Es un rojo oscuro, entre granate y púrpura. Pero empecemos por el principio, el carmesí es un rojo purpúreo o carmín muy vivo. Actualmente se le llama carmesí, pero ha pasado por otros nombres antiguos como cremesino o cármeso, y estos, a su vez, del árabe qarmazí, que significa “del color del quermes”.

¿Y qué es el quermes? Los quermes son insectos a los que les gusta zanganear por unos arbustos mediterráneos llamados Quercus coccifera. Los cuerpos secos de estos insectos se machacan y se obtiene un pigmento de color rojo vivo que se utiliza para teñir tejidos.​

Kermes Vermillio

Aunque me exprese en presente, esto era algo habitual antiguamente. No sé si actualmente todavía se hace, supongo que los tintes se obtendrán por procesos químicos. Lo que sí sé es que este proceso antiguo resultaba muy caro por la cantidad de insectos necesarios para obtener litros de tinte. Debido a eso no estaba al alcance de cualquiera y eran reyes, cardenales, gente importante, la que podía permitirse estas telas.

No era un caso único el del quermes. Por ejemplo, de la grana cochinilla, otro insecto parásito del nopal se obtenía otro rojo carmín que, combinado con otros productos ácidos como el limón, cambiaba a otros tonos rojos, y si se mezclaba con productos alcalinas se tornaba morado o púrpura.

Cualquier tela de color rojo vivo o escarlata puede considerarse carmesí. Entonces, si hay tantos colores de la misma familia: escarlata, granate, bermellón, morado, púrpura… ¿cuál es el carmesí que nos ocupa? ​

He recogido aquí algunos pocos ejemplos de carmesíes, entre ellos el Cartagena. Pero hay muchos más

Isaac Newton dijo que había 7 colores, aquellos en que se descomponía la luz blanca; pero en realidad hay cientos de miles, otros hablan de millones y algunos dicen que infinitos. Sin irnos tan lejos, el sistema Pantone tiene registrados 2.161 colores para las artes gráficas y otros más para el mundo de la moda y la decoración. Y cada uno tiene un código.

Decir que la bandera de Cartagena es de color carmesí es decir bien poco, puesto que hay decenas de banderas con un color carmesí distinto al nuestro. El color Cartagena se normalizó como Pantone 202 C.

He tomado una foto a mi catálogo de colores Pantone para marcar el que nos ocupa: el color «rojo Cartagena»

Luego hay otros problemas añadidos como es que los colores en banderas, fotos, etc. van cambiando por el efecto del sol, el envejecimiento, la humedad… y lo que era un Cartagena se puede convertir en un morado o lila pálido. Pero, eso, como se dice habitualmente, es otra historia.  

Imitando a los maestros tras las elecciones municipales

A la hora de dibujar, siempre me gustó imitar a los maestros. Al menos, a los que yo consideraba maestros.

Cuando se celebraron las elecciones municipales, el 26 de mayo de 2019, ganó en Cartagena mi candidato favorito: Pepe López. O Superlópez, como le llamamos algunos paisanos. Aquello me dio la oportunidad de imitar a Jan y recrear a su famoso superhéroe.

No es un pájaro, no es un avión, es Superlópez.
Superlópez, volando sobre la cúpula del Ayuntamiento.

Pero la victoria no fue por mayoría absoluta y se precisaba pactar; sin embargo, en el resto de partidos no estaban por la labor.

Recordando a Perich
Noticias del 5º Canal

Aquello me dio la oportunidad de imitar a mi admirado Perich y sus «noticias del 5º Canal».

López no lo tenía fácil al no haber ningún medio de comunicación afín a su postura. Todos estaban «copados».  Aquello lo reflejé otro día imitando el estilo de Forges.

Los blasillos comentando la actualidad cartagenera.
The Truth y su tradicional enemistad hacia López

Hubo un momento en que la candidata popular parecía estar a punto de conseguir el bastón de mando. Aquello lo dibujé con el estilo sencillo y naif de Gila, el gran Miguel Gila.

Finalmente se fraguó, a nivel local, un gobierno Frankenstein, formado por socialistas, populares y ciudadanos. Todos recordamos el «pacto de la servilleta» que permitió formar gobierno en las elecciones anteriores a Movimiento Ciudadano y PSOE y que había llevado a gobernar dos años cada uno, alternándose.

Ahora era algo parecido pero todos contra López, los enemigos tradicionales se unían para evitar que el candidato más votado gobernara. Para aquella ocasión, recurrí a imitar el estilo del, quizás, más grande de todos: Antonio Mingote.

Finalmente, el pacto del papel higiénico se llevó a cabo y el PSOE formó otro gobierno Frankenstein con PP y Ciudadanos.

Nota de Agosto 2019

Tan anti natura fue aquel pacto, que el PSOE terminó expulsando tanto a la alcaldesa como a los concejales que lo perpetraron.

Cala del Reventón, de Cartagena

En las costas de Cartagenaque no de Murcia, porque la ciudad vecina no tiene mar cercano– está la Cala del Reventón.

Cae, desde la ciudad trimilenaria, en dirección este, hacia Cabo de Palos, un poco antes de llegar a la Cala del Muerto, nombre que parece sacado de una novela de Robert Louis Stevenson.

Cala del Reventón, tal y como la muestra Google Maps

Y de eso iba esta pequeña pincelada cartagenera, de nombres. ¿Por qué Cala del Reventón? ¿Reventó allí algo o alguien?

Pues reventar, reventar, parece que no. O sí, metafóricamente. Según creen algunos especialistas en la materia, el nombre viene de la tercera acepción de la palabra «reventón» que tiene la RAE. Una acepción ya casi en desuso y que, seguramente, terminará desapareciendo.

Dice esa tercera acepción que es «Cuesta muy pendiente y dificultosa de subir».   Y a esta cala solamente se puede acceder por mar, debido a lo abrupto del terreno.

Bella, pero hay que darse un reventón, para acceder.

Relativamente cerca, y en dirección a Cartagena hay otra calita pequeña, de la que es más fácil imaginar su etimología. Se llama Sinbikini.

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Apeadero de Barrio de Peral

El apeadero de Barrio de Peral

No era una estación; era, como su nombre indica, un apeadero. Un lugar para bajarse del tren antes de llegar a Cartagena o para tomarlo, al poco de haber salido de la ciudad trimilenaria.

Es un lugar al que le tengo especial cariño. Mi calle daba por un extremo a él y allí, en la plaza que había a sus espaldas, he jugado mucho al fútbol.

También allí me fastidié el menisco, pero pelillos a la mar.

Inauguración del apeadero

Tuvo su época de vigencia, claro, pero no le recuerdo nunca una intensa actividad. Quizás al principio, no lo sé.

Paso a nivel Barrio de Peral – 1973

Lo que sí sé es que su existencia estuvo vinculada al paso a nivel situado a unos cientos de metros de él, en dirección a Cartagena. Aquel maldito paso a nivel, que dio muchos sustos hasta que un día dio algo más.

Un punto negro en la red de ferrocarriles

Eso fue  el accidente ocurrido el 21 de Noviembre de 1979   En él falleció, además de otras cinco personas, mi amigo y compañero de trabajo Enrique López Belmonte, persona bien conocida en Cartagena por ser fundador y alma mater del equipo de fútbol E.F. Esperanza.

Desde que tuvo lugar la tragedia se hizo aún más patente el despropósito de aquella vía de tren atravesando la población y repercutió, como no, también en el apeadero.

Último tren a su paso por Barrio de Peral: 21 Noviembre 1998
Decadencia y cierre del Apeadero de Barrio de Peral

Todavía pasó mucho tiempo en que estuvo presente aquel peligro, pese a las protestas vecinales, hasta que el día 21 de Noviembre de 1998, justo 19 años después de aquel luctuoso hecho, pasó el último tren por el Barrio de Peral.

El apeadero, cerrado y deteriorado.

El apeadero cerró bastante antes que el paso a nivel. Los trenes ya no paraban allí, y se fue deteriorando.

Vías fuera. Vía verde de Barrio de Peral

Finalmente, también se eliminaron las vías del tren y aquello se convirtió en una vía verde para uso y disfrute de los vecinos.

Primus circumdedisti me

«Primus circumdedisti me». Eso dice el escudo de armas de Juan Sebastián de Elcano, el primer hombre en dar la vuelta al mundo y demostrar, de paso, la redondez de la tierra, aunque los defensores de la tierra plana se tiren de los pelos.

La Nao «Victoria» en el puerto de Cartagena

Y el marino español, que completó la hazaña que no puedo acabar Hernando de Magallanes, porque murió en el camino de vuelta a manos de los indígenas, culminó la proeza a bordo de la Nao Victoria, la que aparece en la fotografía (obviamente no es la real, sino una réplica).