Los milagros que tú hagas…

Hay una frase hecha que circula por toda España que dice “los milagros que tú hagas, que me los claven a mí aquí” con el significado de que no se espera nada bueno o meritorio de alguien.

A veces, incluso, se dice en versión reducida, limitándose a “los milagros que tú hagas…” y se dejan esos puntos suspensivos (suspensorios decía el gran Cantinflas) en el aire, que bastarán al buen entendedor, por ser expresión muy conocida. También se utiliza la otra parte: “que me los claven a mí aquí” para referirse no ya a milagros expresamente, sino a cualquier logro del que se tengan serias dudas. Las carreras que gane ya Fernando Alonso, que me las claven a mí aquí, por poner un ejemplo y sin ánimo de malmeter.

Pero volviendo al principio, esa frase en realidad es larga, muy larga, porque no es una frase, es un trovo (lo que hoy llamarían un rap), y tiene su historia. No sé si el origen de la frase está en Cartagena o no, pero sólo la he conocido aquí y no la he encontrado –completa- en ninguna otra parte, por lo que, mientras no se demuestre lo contrario, y barriendo siempre para mi casa, la cuento como si hubiese ocurrido en este bendito rincón, que además es tierra madre de troveros, por lo que no sería raro que fuese su origen.

Los milagros que tú hagas...
Los milagros que tú hagas…

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Poniendo orden en la Semana Santa de Cartagena

La Semana Santa de Cartagena es la mejor del mundo, eso está científicamente demostrado. Y si todavía no está, lo estará, paciencia (1).

Una de las cosas que más llaman la atención a los que la presencian por primera vez es el orden casi militar, o sin casi, con que desfilan los penitentes. Podría poner miles de ejemplos pero no tengo espacio de almacenamiento para tanto, así que, para muestra, el botón va a ser el de San Juan Californio de 2014. Porque yo soy californio y porque me gusta.

Pero lo que yo quería reseñar es que hace tiempo, ese orden no era tanto. Veamos si no este ejemplo de la Semana Santa de 1.920.

Semana Santa 1920
Semana Santa Cartagena 1920

Pronto se fue corrigiendo aquello y en 1940 ya era otra cosa.

Semana Santa Cartagena 1940
Semana Santa Cartagena 1940

 

(1) Lo de la demostración científica es ironía, claro. Lo de que es la mejor del mundo va totalmente en serio. Y el que pueda demostrarme lo contrario, que aporte pruebas. 🙂 

Imagen

Cartagena ¿dónde mejor?

A veces, algunas fotos quedan bien, y esta que tomé hace unos meses, me gustó.

Amanece en el puerto de Cartagena.
Amanece en el puerto de Cartagena.

La frase «Cartagena ¿dónde mejor?» la acuñé a principios de los 90 para una campaña que hice cuando trabajaba para la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Cartagena.

Chemtrails en Cartagena

Lo de las chemtrails o estelas químicas no sé si será otro delirio más de los amantes de las teorías de la conspiración o es verdad que nos están fumigando como a cucarachas, vaya usted a saber para qué. Yo me inclino más por lo último por aquello del «piensa mal y acertarás».

Como no soy un experto ni en conspiraciones ni en fumigaciones, dejo eso para los especialistas como Santi Camacho o Íker Jiménez. De lo que sí quiero dejar constancia es de que, a veces, las he visto sobre mi cabeza en el cielo cartagenero y alguna vez, incluso, las he fotografiado, como ésta.

Chemtrails en Cartagena - 30-12-2012
Chemtrails en Cartagena – 30-12-2012

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Cartagenas y Cartagos en el mundo

Cartagena tiene 3.000 años. Y tres mil años de historia dan para mucho, tanto como para que dicha historia se mezcle con la leyenda y la mitología, sin poder separar de forma clara una cosa y la otra.
Para empezar, y estamos en el pantanoso terreno de la leyenda, hemos de remontarnos a Troya. La de los famosos Ulises, Aquiles, Héctor, Paris, Helena, etc. Y sin olvidarnos del caballo. De allí, de Troya, salió también, tras su destrucción, Eneas, el protagonista de La Eneida (que me la tuve que leer para hacer un trabajo en el bachillerato y todavía escuece). Según cuentan, Eneas jugó luego un papel importante en la fundación de Roma. Además tuvo relaciones amorosas con la princesa Elyssa. Y no me extiendo más porque la leyenda-mitología-historia es un culebrón infinito, que a mí me gusta mucho, pero que no es el objetivo de esta entrada del blog. Solamente hago referencias a estos personajes porque aunque en la Eneida aparecen juntos, seguramente no pudo ser así porque hay unas diferencias de unos cientos de años entre la guerra de Troya y el comienzo del viaje de Elyssa, que es quien en realidad nos interesa.

La Troya de la Iliada
La Troya de la Iliada

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La isla de la Bota

La isla de la Bota no existe. Al menos con tal nombre oficial, aunque sí en el habla popular de una parte de la población del campo de Cartagena. Se refiere, claro, a la Isla Grosa, situada frente a La Manga del Mar Menor.

 

Debe su apodo a la forma aparente que tiene, vista desde la costa. Vista desde otros ángulos o desde arriba, lo cierto es que se parece a una bota lo mismo que un huevo a una castaña, pero así es como la conocí de pequeño y así la seguiré llamando hasta que muera, por muy Grosa que se vaya haciendo.

Isla-grosa
La isla de la Bota

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Micerinos, faraón de Cartagena

Pirámides en Egipto hay muchas pero cuando hablamos de «las pirámides», por antonomasia, nos estamos refiriendo a tres: las de la meseta de Gizeh. La más grande es la de Keops (o Kufú), la mediana es la de Kefrén, y la pequeña, si es que se puede llamar pequeña a una edificación de 64 metros de altura, es la de Micerinos, llamado también Menkaura.

Pues bien, Micerinos fue faraón del Alto y Bajo Egipto y -un poquito al menos- también de Cartagena, ya que tenemos su sarcófago y parte de su ajuar funerario en nuestras aguas.

Micerinos-faraon-de-Cartagena

 

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La calle es mía

La calle es mía. Eso dijo en su día D. Manuel Fraga, ministro franquista de la Gobernación, advirtiendo a los obreros que no les permitiría manifestarse el 1 de Mayo. También fue Fraga el del famoso bañador Meyba con el que se dio un bañito en aguas que simulaban ser las de Palomares.

 

Pues parece que el espíritu del Sr. Fraga, con o sin Meyba, veranea desde hace años en La Manga y ha poseído a cientos, miles de bañistas que también dicen eso de “La calle es mía”.

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Lanzar un ¡Viva Cartagena!

Los más cultos o los más antiguos, porque la expresión se está quedando obsoleta, saben lo que es lanzar un Viva Cartagena.

Es como se designa al recurso fácil o hábil para ganarse el aplauso y la adhesión del público o para salir de una situación comprometida.

Menos conocido aún que la propia frase es el origen de la misma. Nació en Cartagena, claro, y ocurrió cuando un tenor de no mucha calidad estaba interpretando la ópera «Marina» en el Teatro Circo cartagenero y se le escapó un clamoroso «gallo».

Cuando el público estaba iniciando el correspondiente abucheo, el tenor, que era mediocre con la garganta pero brillante en rapidez mental, entonó un vibrante «¡Viva Cartagena!». ¿Cómo iba el público cartagenero a abuchear aquello? Por supuesto que no y lo que consiguió nuestro avispado cantante fue una ovación apoteósica.

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¿Hay moros en la costa?

Casi todo el mundo conoce la expresión de «haber moros en la costa» como sinónimo de advertencia ante un peligro o situación comprometida posible. Está muy generalizada y es utilizada en toda la geografía española. Lo que no es tan conocido es el origen de esa expresión y el que naciera en estas tierras levantinas en general y cartageneras en particular.

Los moros en cuestión eran los piratas berberiscos, llamados también corsarios otomanos, que operaban desde el norte de África y hacían incursiones depredadoras en las costas levantinas. A fin de estar ojo avizor de estos ataques, se fueron construyendo torres de vigilancia en diferentes puntos de nuestro territorio en las que habían vigías que se encargaban de dar la voz de la alarma a la población con la consabida frase de «¡Hay moros en la costa!» cuando veían aparecer aquellas catervas de energúmenos.

Moros-en-la-costa

Algunas poblaciones del Campo de Cartagena deben su nombre a aquellas torres de vigilancia, alrededor de las cuales fueron estableciéndose pobladores que quizás se sentían así más protegidos: Torre Pacheco, Torre del Rame, Torre del Negro, etc. Por cierto, un lugar donde solían «hacer parada» para descansar aquellos piratas era en la hoy turística Manga del Mar Menor.

Uno de los personajes que más se distinguieron en la lucha contra los piratas berberiscos fue Don Pero Niño, marino, militar y corsario castellano que, aunque nacido en Valladolid, tuvo su base en Cartagena -los cartageneros estábamos integrados en el reino de Castilla- y desde aquí partió para varias de sus campañas. La ciudad tiene una calle dedicada a su memoria, pero de un modo un poco chapucera porque se le llama Calle Peroniño, todo junto, sin saber porqué. Pero (Pedro) era el nombre y Niño el apellido.

Primera campaña de Pero Niño contra los piratas. (Fuente: Wikipedia)
Primera campaña de Pero Niño contra los piratas. (Fuente: Wikipedia)

La expresión «Moros en la costa» sigue estando en plena vigencia desde entonces aunque no me extrañaría que, con ola de gilipollez que nos invade, los apóstoles de lo políticamente correcto empiecen un día de estos a querer sustituirla por «hay magrebíes en el litoral» o algo similar.