Cabo de Palos mon amour

El pueblo veraniego de Cabo de Palos es un entrañable rincón del municipio cartagenero, que se adentra pronunciadamente en la mar, obligando a los buques de cabotaje a adentrarse de forma profunda en las aguas del Mediterráneo, cuando navegan desde el Levante español con rumbo hacia el sur o cuando, por el contrario, vienen desde el estrecho de Gibraltar con la proa puesta hacia los prósperos puertos de Valencia, Cataluña y aun de Francia.

Es un delicioso lugar para vivir durante los largos meses del estío ya que, presurosos, por allí cruzan todos los vientos de la rosa, por lo que los calores veraniegos se suavizan de día y de noche, proporcionando una grata y plácida estación de descanso con la mar siempre enfrente.

Un poco de historia

Allá por el siglo XV Cabo de Palos era un minúsculo caserío de pescadores. Lo habitaban unas gentes que salían a la mar a bordo de sus barquitos y regresaban al alba con sus capturas, que luego vendían en las zonas mineras de El Llano del Beal, El Estrecho de San Ginés y en la ciudad de La Unión, ya saben, minera y cantaora.

La costa de Cabo de Palos fue un lugar especialmente atacado por los corsarios moros, cuyo más feroz cabecilla era el famosísimo Morato Arráez (Murat Reis). Los corsarios procedentes del norte de África desembarcaban osadamente y robaban barcas, redes y aparejos. Se internaban en tierra llegando incluso hasta los aledaños del monasterio de San Ginés de la Jara para robar ganados y capturar hombres que se llevaban como esclavos para sus plantaciones y talleres. Si podían, también secuestraban mujeres que en su país vendían en los zocos a los moros ricos, quienes las llevaban a sus harenes.

Tan peligrosos eran los desembarcos de los corsarios moros, que en el siglo XVI el rey Felipe II ordenó la edificación de torres defensivas por las costas. Así surgieron las torres y pequeños castillos de Marchamalo, Santa Elena, El Estacio, El Negro, Rame y Palos, es esta última el lugar donde ahora se alza la torre del faro. Y otras muchas torres más.

La Torre de Palos la construyó el maestro de obras Pedro de Aguirre (en aquellos tiempos, a quienes desempeñaban este oficio les llamaban “alarifes”)  para proteger a los pescadores, agricultores y a los frailes agustinos del monasterio de San Ginés de la Jara. Pasaron los años, cesó el peligro de los piratas y las torres, que fueron abandonadas por los soldados, se fueron arruinando poco a poco.

Por eso, en el año 1852 el ingeniero Constantino Germán propuso sustituir la ya inútil torre por un faro, aprovechando las piedras del castillete y el solar que había ocupado. Reinaba en aquellos momentos Isabel II de Borbón, hija de Fernando VII, el rey felón, y de María Cristina.

Dirigible sobre Cabo de Palos - Temporal en el puerto - El faro - El viejo puerto refugio

Cabo de Palos antiguo

Se construyó el faro. La altura de su torre es de 84 metros desde el nivel del mar, y emite dos destellos de luz blanca cada diez segundos. También emite una señal morse en días de niebla, lanzándose al aire la letra “P”. Expertos asegura que, según controles efectuados, la letra “P” ha sido escuchada en circunstancias excepcionales en Japón, Argentina y Noruega. Durante mucho años el técnico de Señales Marítimas responsable de este faro fue D. José Hernández  Montoro, enamorado de su profesión y dedicado a estudiar la temática de los faros y en especial este de Cabo de Palos. La escalera que sube al fanal tiene nada menos que 286 escalones.

El pueblo

El pueblo tenía un puerto refugio para los barquitos de pesca allí estacionados, pero con la llegada del turismo, pronto empezaron a buscar allí atracadero otros barquitos de lujo como balandros y yates de mayor eslora y calado, capaces de cruzar hasta el mismísimo océano. Se hizo preciso prepararles instalaciones adecuadas para atraer el turismo de dinero y aprovechar la coyuntura de las vacas gordas de entonces, no las famélicas de ahora, o dicho de otra manera, intentando cuidar a la gallina de los huevos de oro.

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En el año 1985 se modernizó el puerto deportivo de Cabo de Palos y en el año 1987 se construyó un nuevo y acogedor puerto refugio para los pescadores, dotado de su lonja y modernas instalaciones para conservación, subastas, distribución y todo lo concerniente al trabajo de los hombres del mar.

Desde La Manga - Faro desde el aire - Puerto moderno - Playas de Palos

Cabo de Palos moderno

Para quienes saben escoger lo que comen, allí pueden encontrarse  lugares tan sofisticados como los restaurantes El Mosqui, La Tana o El Pez Rojo, entre otros, y sin contar los múltiples chiringuitos donde comer y beber, además de otros comercios de los más variados artículos de recuerdo, regalos, ropa,…

Cabo de Palos, el pueblo y sus gentes, forman un conjunto maravilloso donde se pueden gozar de amplias perspectivas de increíble belleza tanto por la parte de la mar como por los campos que rodean el pueblo. Y allí, justamente allí, es donde comienza ese asombroso milagro de la naturaleza que es La Manga del Mar Menor, lugar único en el mundo donde el veraneante puede gozar de dos mares con sus distintas temperaturas, salinidades y estados de movimiento de las aguas.

Islas Hormigas - Faro de Cabo de Palos

La Manga mediterránea

De todas formas, el pueblo de Cabo de Palos, con sus bellas calas, sus playas, sus bravíos acantilados, sus lugares multitudinarios y sus otros rincones aptos para el descanso intimista, con el paseo de La Barra, y los arenales del Levante, con el bullicio de sus noches al aire libre o la música de sus centros de diversión es, en definitiva, un lugar de excepción, es un punto y aparte, es una joya entre los espacios turísticos del litoral cartagenero.

Tapeo

Cabo de Palos

Los calderos guisados con peces capturados en el Cabo o en las Islas Hormigas son de un inigualable paladar. Y no digamos nada de los mújoles a la sal o las moragas elaboradas con pescado de roqueo marmenorense.

Faro de Cabo de Palos

El faro omnipresente

Desde hace años, cuando llega el plenilunio de Agosto, en la explanada del Faro, allá a medio camino entre la mar y el cielo, y justamente al dar la hora de la medianoche, se celebra la Noche de Brujas, durante cuya celebración un importante coro a cuatro voces ofrece un concierto por los varios cientos de melómanos que acuden para presenciar emocionados una manifestación artística que pone de relieve la idiosincrasia de las gentes de aquí.

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El pueblecico de Cabo de Palos, blanco por la sal, es uno de los más típicos del litoral cartagenero; es un lugar muy grato para residir allí todo el año, es un rincón maravilloso donde pasear por las orillas de la mar en las noches de levante en calma, bajo la luz de nuestra luna. O para meditar bajo los destellos parpadeantes de las estrellas de Casiopea.

Cabo de Palos es un lugar precioso. Otro más de Cartagena.

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