El pueblo veraniego de Cabo de Palos es un entrañable rincón del municipio cartagenero, que se adentra pronunciadamente en la mar, obligando a los buques de cabotaje a adentrarse de forma profunda en las aguas del Mediterráneo, cuando navegan desde el Levante español con rumbo hacia el sur o cuando, por el contrario, vienen desde el estrecho de Gibraltar con la proa puesta hacia los prósperos puertos de Valencia, Cataluña y aun de Francia.
Es un delicioso lugar para vivir durante los largos meses del estío ya que, presurosos, por allí cruzan todos los vientos de la rosa, por lo que los calores veraniegos se suavizan de día y de noche, proporcionando una grata y plácida estación de descanso con la mar siempre enfrente.
Un poco de historia
Allá por el siglo XV Cabo de Palos era un minúsculo caserío de pescadores. Lo habitaban unas gentes que salían a la mar a bordo de sus barquitos y regresaban al alba con sus capturas, que luego vendían en las zonas mineras de El Llano del Beal, El Estrecho de San Ginés y en la ciudad de La Unión, ya saben, minera y cantaora.
¿De verdad que el faro de Cabo de Palos lo hicieron los catalanes? Pues va a ser que no.
“El faro de Cabo de Palos,
lo han hecho los catalanes,
y dicen que ha de durar,
mientras que duren los mares”
Eso es lo que dice una coplilla popular, pero no parece que haya datos que confirmen la autoría catalana de este faro. Lo primero que se conoce es que hubo en su emplazamiento un templo consagrado al dios cartaginés Baal Hammón, el más importante para nuestros antepasados cartagineses de Cartago Nova (Cartagena), y luego identificado por los romanos con su Saturno, el Cronos griego.
El faro a mitad de los años 60.
A mediados del siglo XVI, en tiempos de Carlos I, todavía no era faro, sino una torre vigía, llamada de San Antonio, encargada de dar la alarma en caso de ataque de los piratas berberiscos, tan habituales por aquellos tiempos en estas costas.
A Carlos I le sucedió su hijo Felipe II y él fue quien dio la orden de establecer un sistema de defensa de la costa, pero no se lo encargó a catalanes, sino a dos ingenieros italianos: Juan Bautista Antonelli y Vespasiano de Gonzaga.
En 1.862 se demolió la torre existente y se construyó el edificio actual, terminándose en 1.864. Pero tampoco era catalán quien dirigió la obra, sino lorquino, el ingeniero D. Juan Moreno Rocafull, que además hizo los faros de Mazarrón y Águilas.
El faro, un abuelo venerable.
No hay por tanto, al parecer, motivos para creer que estaban los catalanes detrás de la construcción. Y tampoco hay muchas pruebas que avalen la historia de Maruja, la mujer del farero, que era bruja y que se abrazaba por las noches al cristal de la torre para que su sombra, proyectada por la luz del faro, viajase dando vueltas y entrase en las casas de los vecinos, que la temían. Dicen que la maldición se acabó cuando el farero subió una noche a la torre y con una manguera apagó los ardores de su bruja-esposa que salió proyectada y cayó al mar, perdiendo sus poderes.
Pero dejando la leyenda y volviendo a los fríos datos, el faro está sobre un edificio cuadrado de 20 metros de lado y su altura total es de 81 metros sobre el nivel del mar y emite luz blanca en dos destellos cada diez segundos. En sus inicios el funcionamiento era con una lámpara de aceite de oliva (virgen extra si de Karlos Arguiñano hubiese dependido) con ocultaciones cada minuto. En 1882 empieza a utilizarse parafina y en 1919 se pone en marcha una instalación a base de vapor de petróleo. En 1925 se cambió el sistema óptico y los destellos de luz blanca eran cada 15 segundos. Durante la guerra civil no funcionaba constantemente, siguiendo órdenes de la Base Naval de Cartagena y sólo cuando se preveía el paso de buques.
La electrificación le llegó en 1960 y en 1971 se sustituyó la linterna, la óptica y los aparatos por los que tiene hoy día.
Más o menos en la actualidad.
El Faro de Cabo de Palos fue la sede desde 1875 a 1900 de la Escuela Teórico-Práctica de Faros, donde se preparaba a los aspirantes a ingresar en el Cuerpo de Fareros.
El alcance nocturno de la luz del Faro de Cabo de Palos es de 42,5 kms. aproximadamente (23 millas náuticas).
El edificio está construido en el extremo oriental del cabo del mismo nombre: Cabo de Palos. Aunque, en lenguaje coloquial, los cartageneros lo llamamos Cabopalos, a secas.
Alrededor de Cabopalos hay muchas calas de gran belleza (y peligrosidad) y que son un paraíso para los amantes de la pesca submarina. Así, tenemos cala Fría, cala Roja, cala de Las Escalerillas, cala Botella, cala Avellán, Cala Medina, cala Las Melvas, cala la Galera, cala Túnez, la más cercana al faro, y muy especialmente Cala Flores, la más conocida.
La morena de mi copla, habitual de las calas.
El Faro de Cabo de Palos ha sido testigo de muchos naufragios, el más importante de ellos el del Sirio, “el Titanic español” pero de eso ya se habló en una entrada anterior de este mismo blog.
El Cabo de Palos es el final de la sierra costera de Cartagena. Aquí ya se hunde ésta en el mar, aunque vuelve a aparecer brevemente formando las Islas Hormigas, para perderse definitivamente bajo las aguas. Esta estribación es sumamente peligrosa para la navegación marina.
El que el faro de Cabo de Palos estuviese destinado inicialmente a construirse en las Islas Hormigas no era capricho, era por necesidad. Pero problemas económicos, como siempre, lo impidieron y, quizás, si se hubiese construido allí se habrían podido evitar muchas muertes.
Hoy ya hay otro faro en la Isla Hormiga, pero no siempre estuvo allí; sin embargo, además de las tres islas: La Hormiga, El Hormigón y la Losa, los bajos, los de Piles, Testa, el de Dentro y, sobre todo, el de Fuera, siempre estuvieron, para desgracia de algunos buques. Hay datos desde de hace algunos años de los barcos siniestrados en sus cercanías pero, siendo ruta frecuentada desde la antigüedad por fenicios, griegos, romanos, y todos los pueblos que han recorrido del Mediterráneo a lo largo de la historia, resulta difícil imaginar los hundimientos que habrán ocurrido en aquellas aguas y de los que no se tienen, ni se tendrán, noticias.
En 1883 fue el vapor “Nord America” y en 1899 el carguero “Minerva”. Los dos sucumbieron al Bajo de Fuera y ambos pecios forman hoy parte de la reserva marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas , uno de los lugares de interés de La Manga, especialmente para los amantes del buceo.
Pero hay más buques hundidos. La lista de naufragios en los alrededores del Cabo de Palos es bastante numerosa, aunque es justo aclarar que no todos han sido debidos a la orografía submarina, ya que los torpedos en diferentes guerras también ayudaron bastante, y algún que otro hundimiento no ha sido tal naufragio sino un hundimiento deliberado de buques dados de baja para ayudar a conformar la reserva marina.
Uno de los pecios mejor conservados es el “Standfield”, hundido en 1916 por un torpedo alemán y que se puede ver en este video.
“Primo”, “Gilsa”, “Kasenga”, “Willmore”, “Lilia Dubil”, “Alavi”, “Doris”, “Dospina Micolina”, “Atlantic City”, “Montetoro”, “Ízaro”, “Southampton”, “Thordissa”, “Isla Gomera” (conocido localmente como “Naranjito”), “Ville de Verdún” y otros son los nombres de los buques que reposan en los fondos de Cabo de Palos y sus cercanías. Hay una página de ellos muy bien documentada del Club Cimas.
En una especie de macabra compensación, el galeón “Cabo de Palos” se hundió en la Ría de Avilés en 1911, y de él se conserva el ancla.
El hundimiento del Sirio
Pero, por encima de todos ellos, destaca el naufragio del trasatlántico italiano “Sirio” hundido en el bajo de Fuera de la Hormiga, el 4 de Agosto de 1906 y hace poco más de un mes se cumplieron 108 años de aquella tragedia.
El trasatlántico Sirio.
El hundimiento del “Sirio” es el mayor naufragio del Mediterráneo en cuanto a número de víctimas y, aunque ocurrió antes que aquél, es considerado como “el Titanic español”.
Era un vapor construido en Glasgow y hacía la ruta de Italia (había partido de Génova el 2 de Agosto) en dirección a Argentina, Brasil y Uruguay, llevando como pasajeros entre otros, como en el caso del Titanic, a cientos de emigrantes que huían de la pobreza y buscaban un mundo mejor en América. Viajaban en él unas 1.000 personas.
Pese a que las rutas marítimas de entonces ya evitaban siempre las Islas Hormigas, aún no se sabe por qué, el capitán decidió pasar entre ellas y el Cabo de Palos. El resultado fue terrible, el barco sufrió un fuerte golpe y quedó encallado en el Bajo de Fuera. Eran las 4 de la tarde. Lo primero que hizo el capitán y sus oficiales fue ponerse a salvo en un bote y abandonar a su suerte a los pasajeros, una conducta igual de heroica que repitió recientemente el famoso capitán Schettino en el naufragio del Costa Concordia.
Poco después, estallaron las calderas y ocasionaron la muerte de muchas personas, especialmente los tripulantes de encargados de las máquinas del barco.
El Titanic español.
Los habitantes de Cabo de Palos se encargaron de rescatar a una gran cantidad de personas pero, pese a ello, no pudieron evitar que la mortandad fuese también muy alta. No se sabe con exactitud la cifra de víctimas pero se estima sobre las 250.
Placa conmemorativa de la tragedia.
Sobre el naufragio del Sirio hay libros, videos y, por supuesto, mucha documentación en internet. Por ejemplo, son recomendables estos dos artículos.
Un temporal ocurrido pocos días después del naufragio partió el buque en dos trozos que se encuentran separados, y formando parte de la Reserva Marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas, declarada en 1995, y desde entonces el buceo está restringido y no puede efectuarse sin los permisos pertinentes.
La proa del Sirio descansa a 70 metros de profundidad, mientras que la popa está solamente a 40.
Salvarse por los pelos
La expresión “salvarse por los pelos”, que viene a significar librarse de algo malo en última instancia y con suerte, está originada en el ambiente marinero y, concretamente, por los naufragios. Los marineros llevaban antes el cabello largo porque era una especie de seguro ya que a veces los rescataban del agua sujetándolos precisamente por los pelos.
Y ahora la leyenda, que también la hay. Al parecer, en el Sirio viajaba un determinado número de religiosas que no pudieron ser recogidas por los pobladores de Cabo de Palos desde los botes precisamente porque llevaban la cabeza rapada por motivos de disciplina. En consecuencia se ahogaron todas ellas. Aparecieron luego ahogadas en una de las calas que hay junto al Faro de Cabo de Palos y que se le llama por ello La Cala de Las Monjas. Y dice la leyenda que por la noche, cuando es el aniversario del hundimiento del “Sirio”, es decir, cada 4 de Agosto, todavía se oyen sus cánticos y lamentos en dicha cala. Puede ser una buena excusa para visitar Cabo de Palos de noche ¿no?