La verdad es que con una historia tan larga como tiene esta ciudad, se podría elegir entre más nombres para designar a cada punto que en ella existe. El cerro o colina Despeñaperros fue el monte de Hefesto, como se ha dicho, o de Vulcano, según se utilice la terminología de la mitología griega o romana, pero también se llamó Cabezo de la Cruz, por una ídem grande de mármol que lució en su cima. Y también fue el Cabezo de las Bruxas que, al parecer, haberlas haylas también en Cartagena.
En cuanto al Cerro Aletes o Aleto, que no es un dios de largo currículum precisamente, sino más bien escaso, y al que sólo se le recuerda el mérito de haber descubierto un yacimiento argentífero, se le llamó también San Jusepe, por un barrio o arrabal del mismo nombre que allí había, al parecer con pobladores de origen italiano. Desparecieron los itálicos y se quedó el nombre, cambiando de San Jusepe (Giuseppe digo yo que sería en sus comienzos) a San José.
Entre Hefesto y Aleto estaban posteriormente, cuando la muralla rodeaba completamente a Cartagena, una de sus puertas, la de San José, aproximadamente por donde la actual Plaza de Bastarreche, y era tanto su tráfico que hubo de ampliarse. Por esta zona, que sufrió intensos bombardeos de las tropas centralistas cuando la independencia cantonal de Cartagena, entraban habitualmente los aguadores en la ciudad, llevando su valiosa mercancía en cántaros, ya que siempre hemos estado escasos de agua potable por aquí. Salada, la que haga falta, eso sí.
Calle San Diego al fin
Aquella calle, que se llamó San José un tiempo, terminó por llamarse San Diego por un convento de monjes franciscanos del mismo nombre que se estableció por allí.
Mi historia particular con la calle San Diego se limita a haber sido durante muchos años mi vía de paso diario, cuando vivía cerca de la estación de tren, y la de haber recogido en diferentes fotos su cambio (escaso, también hay que decirlo) entre 1990, cuando comencé la serie, y ahora, 2013, en que la cierro.
De 2004 a 2013. 9 años perdidos.
En entradas posteriores recogeré otras calles y otros puntos de Cartagena y su cambio, visto siempre desde el mismo ángulo, a lo largo de estos últimos veintitantos años
QUITAPELLEJOS: Barrio de la Concepción. En una época estuvo prohibido utilizar ese nombre, bajo multa. (Su nombre proviene de una fábrica de artículos de cuero que hubo en el barrio. Se prohibió en tiempos de Carlos III por “ofensivo”)
Quitapellejos
GUATINÉ: Bata para estar en casa.
Guatiné
TRAJÍN: Trabajo, ocupación, casi siempre asociado con aceleración y agobio.
RABICULAO/RABICULÁ: Cualquier cosa hecha con rapidez, habilidad, diligencia, presteza…
SONSOELPUTO: Mosquita muerta. Apariencia inocua pero que esconde malas intenciones.
VIENTO SOCORRÍO: Brisa fresca, soplo agradable.
ROMANONES: Pasteles típicos cartageneros. Circulares y luego cortados en porciones triangulares.
Romanones
TORMO: Poco habilidoso // Basto y tosco.
CURIANA: Cucaracha.
CIMBEL: Pene.
VIGAMIA: Conjunto de vigas o colañas.
VINO DEL CAMPO: Vino procedente del campo por antonomasia: el de Cartagena.
Cuando leía las obras de Henning Mankell, y las he leído todas hasta ahora, concretamente las novelas de su personaje Kurt Wallander, me llamaba mucho la atención que el padre del personaje tuviese como afición pintar cuadros y que siempre pintase la misma obra: un urogallo, en la misma postura y con el mismo paisaje al fondo.
No sospechaba entonces, o mejor dicho no me daba cuenta, de que a mí me estaba ocurriendo en parte lo mismo, porque yo tenía y tengo un, llamémosle, capricho similar: fotografiar la Gola de Marchamalo en distintos momentos y épocas del año, aunque eso sí, no siempre con el mismo paisaje de fondo.
La Gola de Marchamalo
La gola –garganta- de Marchamalo, en La Manga, es el único canal artificial de los cinco que unen el Mar Menor con el Mediterráneo (o Mar Mayor, como decimos los cartageneros). En el siglo XVI se concedió al Santo Hospital de Caridad de Cartagena licencia para su construcción y explotación pesquera por el sistema de encañizada, introducido por los árabes, un método artesanal que era muy frecuente en el litoral mediterráneo y aún más en el Mar Menor.
Es un canal de muy poca profundidad que no permite el paso más que de embarcaciones de muy poco calado. Además, al ser totalmente artificial, cuesta mucho trabajo mantenerlo limpio de sedimentos, sobre todo arena, que tienden a cegarlo y obliga a su dragado periódico para evitar su obstrucción total y problemas de salubridad que ocasionaría si terminaran por estancarse sus aguas.
Dragando el Canal de Marchamalo (Foto: La Opinión)
Sin embargo, pese a sus dificultades, su labor es importante ya que ayuda a intercambio de fauna piscícola entre ambos mares, a la compensación de niveles del Mar Menor que varían tanto en cantidad como en salinidad de sus aguas debido a las lluvias, a la gran evaporación por el calor, etc. así como a que haya circulación y movilidad, aunque sea escasa, de sus aguas entre la zona norte (donde están los canales del Estacio, la Torre, el Charco y el Ventorrilo, con la zona sur de la laguna, que es donde está Marchamalo, que en principio se llamó Encañizada de Calnegre.
Urbanización de La Manga
Maqueta del proyecto de urbanización de La Manga
Cuando a partir de la primera década de los 60 en el siglo XX empieza la urbanización (salvaje, dicho sea de paso) de La Manga, se crea la necesidad de la construcción de un puente sólido sobre el canal de Marchamalo en lugar del provisional que existía, ya que ha de soportar el tráfico rodado pesado.
Después, La Manga se va poblando de edificios de todo tipo y condición, sin ninguna planificación ordenada y sin el más mínimo respeto a las normas elementales de medio ambiente. La zona de la Gola de Marchamalo no iba a ser una excepción y también se va construyendo a su alrededor. Una de dichas construcciones es el primer puerto deportivo, el “antiguo”, hoy ocupado por el Club Náutico La Isleta.
Y sobre todo, lo peor de lo peor, en la segunda mitad de los años 80, tres monstruosos edificios de apartamentos en primera línea de playa, dos de ellos en el lado sur del canal, los del Residencial Club Náutico, y otro en el lado norte.
Bloques en primera línea de mar
Pocos cambios en Marchamalo
Desde que lo conozco, y de eso ya hace tiempo, Marchamalo ha sufrido pocos cambios significativos aparentemente salvo el de las tres enormes torres de pisos sobre la mismísima arena del Mar Menor.
La encañizada, aunque sin uso pesquero, se mantuvo hasta finales de los 80 aproximadamente, y actuaba como valla divisoria entre ambos mares e impedía la circulación de embarcaciones de una a otra parte.
Marchamalo en los 80
Tras su desaparición, además de empezar a circular canoas, veleros y esos ingenios tan agradables que son las motos acuáticas, con sus sones acompasados que sirven de arrullo para los sueños estivales y sus efluvios de fragancias arrebatadoras.
Embarcaciones en el canal
Con esa circulación de embarcaciones, el canal se convirtió en un fondeadero ilegal que acogía cientos de embarcaciones de todo tipo y condición, con sus correspondientes “muertos” o bloques donde amarrar los barcos. Incluso algunos marinos manitas se habían fabricado sus pequeños espigones artesanales.
Un cambio muy menor fue el de las alzavaras que nacieron, crecieron y murieron en el pequeño canal o subcanal que discurre paralelo a la calle de la Isla de Delos, y une el puerto deportivo y el propio canal de Marchamalo.
Alzavara (Pita o Ágave) de una altura extraordinaria.
Mi urogallo particular
Marchamalo se ha convertido en mi urogallo particular, como el padre de Wallander, que ya dije al principio. Me he acostumbrado (casi) hasta a esos gigantes de hormigón que afean el horizonte oeste y juegan al escondite con las puestas de sol.
Marchamalo desde el cielo.
Fotografío una y otra vez Marchamalo –además de otras cosas, claro- desde un lado y desde el otro, con nubes y con sol, en panorámica y en detalle, de día y de noche.
Del día a la noche
No sé si es una fijación o no, ni si requiere atención médica, espero que no. Y si es que sí, pues mira, como dicen en mi tierra, “a otros le da por chupar candaos…”
Me gusta mucho Joaquín Sabina. Mejor dicho, me gustaba mucho hasta que empezó a estar encantado de haberse conocido y a encontrarse graciosísimo a sí mismo y reírse de todo lo que dice. De la primera etapa me gustaban todas sus canciones, quizás porque las entendía.
Con las, digamos, modernas, confieso que al principio me hice algún que otro esguince mental intentando comprender esas metáforas tan sesudas. La famosa frase esa que dice de algo que es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma, si le añadimos una docena de sinónimos más, podría definir el mensaje de algunas canciones de Joaquín Sabina. Al menos para mí.
Y conste que tengo todos sus discos hasta «Nos sobran los motivos». Y su libro “Con buena letra”, que recoge precisamente sus letras, porque me encanta(ba)n.
Con buena letra
Pero me estoy desviando de lo que yo quería decir y la culpa es por la canción de Sabina “La del pirata cojo”, con cara de malo y parche en un ojo.
Lo del parche, de eso quería yo hablar. En primer lugar, aclarar a quien le interese que no había tantos piratas tuertos como se cree, porque el parche que llevaban tantos no era porque les faltase un ojo, aunque a algunos sí. El motivo era técnico. Después de estar peleando a plena luz sobre la cubierta del barco asaltado, entraban en los sollados y sentinas, donde estaban a oscuras, y allí eran presa fácil de los enemigos porque quedaban momentáneamente “ciegos” hasta que sus pupilas se acostumbraban de nuevo a la oscuridad, lo que les llevaba un tiempo, como a usted y a mí.
En cambio, cuando entraban, se destapaban el ojo que llevaban ya acostumbrado a la oscuridad y seguían peleando como fieras. Eran brutos, pero no tontos. Y es que, aunque esté mal que yo lo diga, soy todo un experto en piratas.
Con cara de malo y parche en un ojo…
Sin embargo, ha habido personajes que sí que han llevado parche en un ojo porque les faltaba el mismo y las razones de esa pérdida de visión que se conocen han sido variadas.
Por ejemplo, de la Princesa de Éboli, unos dicen que lo perdió practicando esgrima y otros que en realidad era que tenía un estrabismo que la afeaba y prefería llevarlo tapado.
Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli para los amigos.
Otro ejemplo es Aníbal, unos dicen que lo perdió en una batalla y otros que por una enfermedad.
Aníbal Barca. Antes de perder el ojo, claro.
O Millán Astray, fundador de la legión, el del famoso grito ”¡Viva la muerte!”, que murió del corazón, como todo el mundo cuando se le para.
Millán Astray
Lo mismo que le pasó a otro famoso tuerto: Moshe Dayan.
Moshe Dayan
Entre los actores y directores de cine parece que es muy común perder un ojo, como por ejemplo John Ford, Raoul Walsh, Fritz Lang o Nicholas Ray. Las razones son de lo más variopintas, que si fue herido en la batalla de Midway, que si se le cruzó una liebre y se cayó, o que si tuvo una embolia.
Sí señor. ¿Quién no ha sentido alguna vez la irresistible tentación de sacarse un ojo y ser el centro de atención de todas las reuniones y conversaciones? ¿Y el glamour que da ponerse un parche como Daryl Hannah en Kill Bill o llevar un ojo de cristal como Peter Falk, el inefable Colombo?
Reconozcámoslo, a todos nos encantaría eso. El problema llega a la hora de decidir la forma de hacerlo, la herramienta… ¿Unos alicates? Brrrr, va a ser que no. ¿Ácido? Si cuesta acertar con los colirios, no digamos con el salfumán ¿a quién no le temblaría el pulso?
No, lo dicho, lo mejor es veranear en La Manga. Las vistas son preciosas, hay 40 kms de playas de arena y dos mares, a elegir. Por la mañana, a coger bronce con protección 500 mínimo y, por las tardes, a pasear por la Gran Vía, tomando el fresquito que trae la brisa marina.
En esa larguísima Gran Vía hay estratégicamente colocadas decenas de palmeras con las hojas y sus correspondientes espinas, agujas finas y puntiagudas, a la altura de la cara. Me imagino que serán como el florete que se supone que dejó tuerta a la princesa de Éboli. Esas agujas, tan astutamente pensadas, están allí, cubriendo el espacio por donde circulan los peatones ansiosos de ser desojados.
Palmeritas y no de hojaldre
En alguna ocasión he visto alguna palmera que tiene todas las hojas recogidas y atadas con alguna cuerda, con lo que se hace más difícil la tarea extractiva. Debe ser cosa de algún desaprensivo que anda por ahí tratando de impedir tan loable labor palmeril. Por suerte, debe haber alguien encargado del mantenimiento porque, al poco, las agujas suelen estar otra vez bien pujantes y al alcance de cualquier córnea.
Los chemtrails (chemical trails) o estelas químicas son una de las teorías de la conspiración más actuales. Según esta teoría, la población está siendo fumigada con objetivos no aclarados pero en ningún caso buenos.
Aquí hay más información sobre los chemtrails. Pero en la red se pueden hallar miles de artículos y opiniones sobre estas estelas, de diferentes formas, aunque una de las más comunes son las líneas rectas que se entrecruzan entre sí formando una especie de parrilla.
A finales de Diciembre de 2012, el día 30 exactamente, si la teoría es cierta, estuvieron fumigando sobre mi casa. Esta era la imagen de aquellos chemtrails.
Es curioso, pero siempre sobran árboles. Siempre hay buenos motivos para eliminarlos y nunca los hay para plantarlos. En todo lugar, en cada circunstancia y por cada agente actuante, siempre sobran árboles.
Una triste verdad
Si se hace una carretera, hay que talar árboles por donde pasa. Y si ya está hecha, hay que talar los árboles que había a los lados, por seguridad vial. Si se urbaniza, hay que eliminar los árboles para construir las casas, y si el terreno no es urbanizable, algún oportuno incendio forestal se encargará de que lo sea después. Y hasta he visto que en alguna urbanización ya existente que iba a hacer reformas, cortaba tooooodos los pinos de una calle para que no estorbaran a los camiones de los reparadores.
Se talan árboles para crear terreno cultivable, para criar pasto para la ganadería, para hacer pistas deportivas, para obtener madera, para hacer papel, para sanearlos porque están demasiado secos, o demasiado juntos, para hacer leña y venderla clandestinamente, o para que no aniden los pájaros y manchen con sus cagadas… la lista es tristemente larguísima. Pero sea legal o no la tala, parece que nadie está obligado a reponer esos árboles plantando otros.
Y no pensemos en que siempre son empresas o colectivos con intereses más o menos oscuros. El gen destructor de árboles lo llevamos todos (o casi todos, por dejar una puerta abierta al ofendido y aludido de turno), a nivel individual.
He visto a una anciana venerable regar a diario con lejía una enorme higuera del jardín comunitario, para secarla porque estorbaba para los juegos de sus nietos. Por suerte, ganó la higuera. Y al vecino empeñado en talar una majísima palmera porque le tapaba parte de la vista desde su terraza. Se salvó por los pelos, al estar protegida y tener sanción; al final se trasplantó a otra zona.
Estamos cavando nuestra tumba con nuestros propios dientes. La venganza de la tierra puede ser lenta, pero es segura. El clima es el ejemplo más claro e impactante con sequías, inundaciones, deshielos… y luego está el aumento de la contaminación, los cambios en las conductas de la fauna, la desaparición de las abejas… nada que no sepa cualquiera que tenga ojos y oídos.
Me duele ver desaparecer árboles en cualquier parte y en donde vivo, Tentegorra, a quien hay quien llama “el pulmón de Cartagena“, lo veo continuamente. Aquí hay algunos ejemplos que voy recogiendo aquí y allá. Ojalá no termine siendo un pulmón tuberculoso o silicótico.
El hombre que plantaba árboles
Hace ya mucho tiempo que leí “El hombre que plantaba árboles” y todavía recuerdo el grato impacto que me produjo. Su autor, el francés Jean Giono, lo publicó en 1.954.
Jean Giono
Tuvo un gran éxito a nivel mundial, salvo en Francia (cosa realmente extraña conociendo el chauvinismo galo) y se tradujo a varios idiomas. Es un libro muy corto pero tuvo (y tiene) una gran trascendencia, ha llegado a inspirar incluso reforestaciones, se hizo un cortometraje de animación de él y según su autor, fallecido en 1970, fue la obra que más satisfacciones le dio pese a no obtener ningún beneficio económico de él, ya que renunció a sus derechos y su reproducción es libre y gratuita.
El personaje protagonista, Eleazar Bouffier, es ficticio, como explicó el propio autor en una carta, pero mucha gente creía que era real, incluso el gobierno francés lo creyó porque la zona en cuestión, anteriormente desolada, luego se fue repoblando sin saber la razón y en la actualidad hay una hermosa vegetación y bosques. Por eso, todavía hay quien cree que podría ser una realidad novelada, inspirada en alguien que realmente existió.
El libro describe cómo el hecho de plantar árboles, o mejor dicho su resultado, el que haya árboles o no, puede transformar la vida, y no solamente el paisaje, sino el carácter y la salud de las gentes que habitan esas tierras.
En Cartagena nació el inventor del submarino, en Cartagena se construyen todos los submarinos españoles, y en Cartagena está, ahora bajo techo, el primer submarino del mundo, el de Isaac Peral, que es símbolo no oficial de la ciudad. Este ingenio, que revolucionó la forma de explorar el mar, fue diseñado no solo con el objetivo de la guerra, sino también para permitir una nueva era de exploración subacuática. El primer submarino que pueda llamarse así, claro, porque hubo otros intentos anteriores pero que no llegaron a la funcionalidad requerida. Es algo que sabe casi todo el mundo. Pero parece que a los cartageneros el ingenio y la visión de futuro se nos quedaron estancadas en algún momento de la historia. Entre 1973 y 1975 se botaron en la Empresa Nacional Bazán de Cartagena los cuatro submarinos de la clase Daphne de la Armada Española: S-61 “Delfín”, S-62 “Tonina”, S-63 “Marsopa” y S-64 “Narval”. El Delfín y el Narval fueron dados de baja en 2003, el Tonina fue baja en 2005 y el Marsopa en 2006. Posteriormente, el Narval fue desguazado, un proceso que simbolizó el final de una era para las embarcaciones que habían servido con lealtad. En cambio, el Tonina y el Marsopa están a la espera de destino, uno en seco y el otro a flote, lo que refleja el destino incierto de muchos submarinos de esa época. Mientras que el Delfín es el que ha corrido, hasta ahora, mejor suerte, siendo preservado como un monumento histórico, lo que permite a las nuevas generaciones aprender sobre la rica historia de la ingeniería naval en Cartagena y apreciar la evolución de la tecnología submarina.
El Ayuntamiento de Torrevieja adquirió el Delfín y, desde el 8 de Mayo de 2004, está siendo visitado por turistas y curiosos, en visitas guiadas, al módico precio de 2 euros. Hasta hace unos meses, había recibido ya más de un millón y medio de visitantes, lo que da una cifra respetable de ingresos económicos para las arcas torrevejenses. El éxito ha animado a incorporar otros buques al museo flotante y ya están el patrullero “Albatros”, un velero que está en fase de acondicionamiento, y otros accesorios como torpedos, etc.
Dibujar los iconos de las terminaciones de los juegos de azar (ONCE, Lotería, Casa del Niño, etc.) fue otro encargo que recibí hace mucho tiempo. Finales de los 70.
Esos dibujos han tenido mucha historia. Los primeros fueron éstos, en blanco y negro. Siento la mala calidad de la imagen, pero lo único que conservo de entonces es una mala fotocopia.
Primeras terminaciones cupones ONCE que dibujé
Estas terminaciones tuvieron un éxito que yo no esperaba, y empezaron a circular y a tener reproducciones por diferentes administraciones lotería y vendedores del cupón de la ONCE por toda Cartagena.
Han llegado a mí, a lo largo de los años, diferentes versiones de mi dibujo de esas terminaciones, alteradas o adulteradas, por alguien.
Una de dichas adulteraciones, lamentable, es la que se reproduce a continuación, con cambios en algunos dibujos que eran totalmente innecesarios ya que no aportaron nada, al contrario, creo que los empeoraron bastante.
Cupones adulterados
Otros cambios fueron incluso de agradecer. Se limitaron a colorearlos pero respetando los dibujos originales.
Les dieron más luz y alegría al pequeño folleto publicitario que se repartía por los vendedores del cupón de la ONCE y las administraciones de lotería entre sus clientes.
Cupones primitivos coloreados.
Las terminaciones de los juegos de azar en Cartagena y en otros lugares
Representar y conocer cada número con una figura o icono, del 1 al 100, en los juegos de azar como la ONCE o la lotería, entre la gente de la calle es algo muy extendido a lo largo de nuestra geografía y más allá del charco incluso.
He encontrado esta costumbre incluso en México. Y varían de un lugar a otro. En mi ciudad, Cartagena, aunque con alguna disidencia incluso en la misma localidad, las terminaciones aceptadas mayoritariamente son:
01 – El Galán
02 – El Sol
03 – El Niño
04 – La Cama
05 – La Pincha
06 – El Corazón
07 – La Luna
08 – La Dama
09 – El Arpa
10 – La Rosa
11 – Los Claveles
12 – La Talega
13 – San Antonio
14 – Las Cerezas
15 – La Uva
16 – La Virgen del Carmen
17 – El Navío
18 – El Ramillete
19 – San José
20 – España
21 – El Viaje a Francia
22 – La Manzana
23 – El Melón
24 – La Galera
25 – El Cañón
26 – El Pollo
27 – La Pajarita
28 – El Viaje a Alicante
29 – El Viaje a Aragón
30 – El León
31 – El Caballo
32 – La Bomba
33 – La Torre
34 – El Pato
35 – El Fuego
36 – La Sala
37 – Espada y Daga
38 – El Perro
39 – El Toro
40 – La Campana
41 – El Negro
42 – La Estrella
43 – La Corona
44 – El Escapulario
45 – El Tambor
46 – El sombrero
47 – El Mundo
48 – La Negra
49 – La Breva
50 – El Cartucho
51 – La Cabra
52 – El Tomate
53 – El Pimiento
54 – El Cólera
55 – Los Gallegos
56 – La Lechuga
57 – La Zanahoria
58 – El Limón
59 – El Canario
60 – La Abuela
61 – La Pipa
62 – El Piojo
63 – El Arroz
64 – La Casa
65 – La Pelea
66 – Las Monjas
67 – El Fraile
68 – El Rosario
69 – La Mudanza
70 – El Albaricoque
71 – El Maestro de Escuela
72 – El Higo
73 – El Conejo
74 – La Escalera
75 – El Gato
76 – El Agua
77 – Las Banderas
78 – El Escarabajo
79 – El Cerdo
80 – La Lavandera
81 – El Matrimonio
82 – El Orinal (o el Jarrico)
83 – La Dama y el Niño
84 – El Casamiento
85 – La Palmera
86 – La Mierda
87 – El Pescao
88 – Las Mamellas
89 – La Parrala
90 – El Abuelo
91 – El Borracho
92 – El Palomo
93 – La Revolución
94 – La Rata
95 – El Pavo
96 – El Parque
97 – La Gallina
98 – El borrego
99 – Los Cabrones (para los pichipichis son Los Caracoles)
00 – La Muerte.
Otros lugares, otros dibujos
Como dije, he encontrado variaciones de estos iconos a lo largo del territorio nacional, en Granada, en Alicante, etc. etc.
A continuación reproduzco una de esas variaciones de las terminaciones de juegos de azar, que ahora no recuerdo dónde la encontré.
Terminaciones de otros lugares.
La nueva versión, más cartagenera que antes
Ha transcurrido el tiempo y decidí renovar aquel trabajo, pero haciéndolo aún más cartagenero que antes.
En esta versión, además, me ayudó mi hijo, que dibujó algunas de las caricaturas que se incluyen: Felipe de Borbón para El Galán, Letizia Ortiz para La Dama y Pamela Anderson para Las Mamellas.
Además de la renovación de todos los dibujos, la “cartagenerización” consistió en convertir El Niño en El Icue, El Melón en un Melón de Torre Pacheco, La Torre en la Torre Ciega; El Pato tiene como fondo El Castillo de los Patos; El Fuego es el escudo del Parque de Bomberos de Cartagena; Espada y Daga son la falcata cartaginesa y la gladius romana (por Cartagineses y Romanos, claro); El Escapulario es de la Virgen de la Caridad; El Tambor es el de la <a title="<strong>Semana Santa de CartagenaSemana Santa de Cartagena; La Casa es la Asamblea Regional; Las Banderas son las de la provincia de Cartagena y la delEfesé; La Dama y el Niño son la Virgen del Rosell y su hijo; La Revolución es el incendio de la Asamblea Regional y el Parque es el Parque de Los Juncos.
Cartagena provincia. Dibujé este plano-guía turístico entre 1998 y 1999 y lo inscribí en el registro de la Propiedad, es decir, que tiene copyright.
Hipotética provincia de Cartagena
Tenía una intención lúdica y comercial. De hecho se reprodujo en distintos formatos y se vendió en las tiendas del Grupo D’Costa. Recogía las principales especialidades turísticas, gastronómicas, típicas, populares, etc. de los diferentes puntos de un área que se corresponde aproximadamente con la comarca o campo de Cartagena. Era simplemente eso. Sin embargo, sin embargo…
Sin embargo, como siempre hay gente dispuesta a ver lo que no hay y a buscar cinco pies al gato, me llegaron comentarios y críticas relacionadas con la vieja aspiración de los cartageneros de tener su propia provincia, de la que fueron injustamente desposeídos en 1.833. Es una reivindicación a la que me sumo, sí, totalmente, pero aquel dibujo no era aquello, sino lo que dije anteriormente.
Por eso, el dibujo original no era como el que aquí reproduzco. No hablaba de provincia sino de campo de Cartagena, y no había bandera alguna. Además contenía un error en la ubicación de dos localidades. Por eso cuando, hace un par de años, me harté de escuchar majaderías, decidí que había llegado la hora de darles la razón y cambié algunas cosas en el plano.
En primer lugar corregí los errores. En segundo, en el globo incluí la bandera de la provincia marítima de Cartagena y el título del plano cambió a “Provincia de Cartagena y alrededores“. No hay fronteras ni límite, no se indica donde empieza o termina esa provincia que no existe -aún- y cada cual es libre de incluirse o no en la palabra “alrededores”.
Publiqué este plano modificado en Sportcartagena y fue dar una patada al avispero. Vinieron volando a picar desde bien lejos, más allá del puerto de La Cadena, hablando algunos hasta de “odio”(¿?). Me dijo una vez un anciano que tuviese mucho cuidado con la gente sin sentido del humor y he comprobado que estaba en lo cierto. La gente incapaz de reírse me da mucho miedo.
Bueno, además de las críticas, por supuesto hubo muchos más elogios de paisanos que comparten la misma vieja aspiración: Cartagena Provincia.
Después de hacer el mapa de la provincia de Cartagena hice otro de Cartagena sitiada por los murcianos. ¿Y por qué? Pues por la misma razón que se expone en la otra entrada: por tocar las narices. Habiendo como hay tantos tontos sin sentido del humor, dispuestos a tocarme las narices a mí, era un caso de legítima defensa.
Una pequeña aldea resiste
Como es más que evidente, es un dibujo inspirado en las aventuras de Astérix, en donde aparece algo similar en cada álbum, con la Galia ocupada por los romanos, pero una pequeña aldea resiste… ¿quién no conoce esa ilustración del genial Uderzo y la idea del no menos genial Goscinny?
Mapa aldea gala Astérix
Como se dice en las historias de Astérix, se trata de escribir -o reescribir- la historia con ironía y sin revanchismo. Pero eso de la ironía es algo que se escapa a unos cuantos obtusos que siempre están enfadados y ven enemigos en todas partes. Por suerte, la mayoría de la gente murciana, la de la calle, el pueblo llano, no es así y entienden esto como lo que es, una reivindicación histórica desde el humor y el buen rollo.