Cartagena, esas ciudad maravillosa donde nací tiene muchas cosas ventajas y algún inconveniente.
El mayor de estos, a mi entender, es que no tiene agua. Ni un río, ni una fuente. ni un regato… ná de ná. Sólo alguna rambla seca que, cuando dice de llover, que es de higos a brevas, lo hace a lo bestia y se lleva lo que sea por delante. Antes eran riadas, luego gotas frías y ahora DANAS, pero es siempre lo mismo: una bestialidad de agua en un minuto que acaba con vidas y haciendas.
El gua, tradicionalmente, se suministraba en Cartagena a base de aguadores. Ya fuese personas con cántaros a los hombros, carros con mulas, o camiones con cubas cuando la cosa se motorizó.
Aguador
El agua hacía falta tanto en la ciudad como en su campo, claro. Y la gente, a veces, se movilizaba reclamando agua. Por ejemplo, el 1 de septiembre de 1931 se organizó «El Día de la Sed», y el personal se echó a la calle pidiendo agua.
Día de la Sed.
Si hubiera que hacerlo hoy, nos estrellaríamos. Nos limitaríamos a escribir unos tuits durísimos que serían trending topic unas horas y luego, otra vez a ver fútbol o el rerality de turno.
Manifestación histórica en Cartagena reclamando agua y recursos para el campo. En plena República. Y decían «Los rojos no llevan sombrero». Pues se les infiltraron todos los fachas por lo que se ve.
El agua llegó a Cartagena (no a su campo en general) en 1945 gracias a aquel malo malísimo que fue el Almirante Bastarreche. Y, por malo, se le quitó el monumento y la plaza a su nombre.
Pero, volviendo a la ciudad, yo que soy muy de preguntarme cosas a mí mismo, me digo: Con la cantidad de acueductos que hicieron los romanos por toda Hispania y por todos los contornos del Mare Nostrum ¿tanto les habría costado hacer un acueducto en Cartagena? Supongo que lo dejarían para más adelante, porque tenían cosas más importantes que hacer, y luego ya llegaron los godos y se jodió la cosa.
Esto de prometer cosas a los cartageneros y luego reírse en sus morros viene, por lo menos, de los romanos.
¿Por qué la Alameda es mi calle favorita de Cartagena? ¿Porque nací allí? ¿Porque mi primer trabajo fue allí? Podría ser, porque egocéntrico soy un poquico, o un muchico, depende de cómo me levante. Pero no es sólo por eso. Hay más.
La Alameda de San Antón, además de ser bonita, al menos a mis ojos, y de tener mucha historia a lo largo de un kilómetro, porque eso es lo que mide, representa la capacidad de renacer una y otra vez tras ser arrasada. Porque mira que lleva destrucciones, la pobre.
Dije que mide un kilómetro, y no es que me haya entretenido ni en medirla con una cinta métrica ni, lo que es más común, tampoco lo haya hecho con el cuentakilómetros del coche, no. Lo sé porque hay, o había, un mojón de carretera, en la Plaza de España, que es donde nace la Alameda, y había otro al llegar a la entrada del Barrio de San Antón, que le da nombre a la calle y que también es donde termina esta.
Alameda y Plaza de España – Años 60
De mojón a mojón y mido porque me toca: un kilómetro; lo dicho.
También me gusta la Alameda porque es ancha, como Castilla; y es recta, como los raíles de los trenes que tuvo Cartagena desde 1865 hasta 2022. Su orientación norte-sur y las características citadas anteriormente, anchura y rectitud, la hacen muy luminosa, ya que el sol corre por ella prácticamente desde su salida hasta su ocaso.
Puertas de Madrid – 1902
De jovencito ya me preguntaba yo ¿y por qué la llaman alameda si no hay álamos? Ah, pero los hubo. Dije anteriormente que tiene mucha historia “mi” Alameda. En enero de 1591, el 15 de enero para ser más precisos, según cuenta el cronista Isidoro Martínez Rizo “nuestro Concejo ordenó plantar árboles de la familia de los álamos desde las puertas de la ciudad hasta la fuente que existe a la orilla del camino de Murcia”.
La orden del Concejo, que era como llamaban entonces al Ayuntamiento, era más larga y compleja, aquí la he abreviado para evitar enrollarme más de lo habitual.
En aquellos tiempos toda esa zona era huerta y, a través de ella discurría un camino que iba a Murcia y, andando, andando, a Madrid. Aquel camino arrancaba en los que hoy es aproximadamente la Plaza de España, saliendo de las murallas, por las puertas que se llamaron, precisamente, Puerta de Madrid y luego Puerta de Murcia.
Y el plantar álamos y olmos es porque eran las maderas preferidas en la construcción naval, y aquí se elaboraban las galeras y demás embarcaciones de Su Majestad. Porque recuerden sus señorías que, en épocas de absolutismo, todo era propiedad del rey, y la gente no eran ciudadanos, sino súbditos. Vamos camino de eso otra vez, aunque sin reyes; en lugar de eso son los CEO’s de empresas los dueños del cotarro, con la ayuda de sus sicarios: los partidos y las ONG’s. Pero me estoy desviando, como siempre.
También he dicho, creo, que ha tenido muchas destrucciones mi pobre Alameda. Entiéndase por talas generalizadas y nuevas plantaciones de árboles. Porque los árboles siempre hay alguien a quien estorban por cualquier motivo. Siempre había pensado que era porque los ramajes, si eran muy bajos y tupidos, estorbaban a la cornamenta de algunos, que se les enredaban al pasar y ordenaban cortarlos, pero, al parecer, hubo también otras razones.
En 1724 hubo un señor que era, además de gobernador político y militar de Cartagena, Comandante General del Reino de Murcia. ¿Se imaginan, en la actualidad, que el gobernador de Cartagena sea el mandamás de la región de Murcia? No ¿verdad? Yo tampoco, no tengo imaginación para tanto. El caso es que aquel señor, conde Arschot de la Riviere, imagino (repito, imagino) de origen belga, cuando Flandes era español, ya que hay una región en Bélgica con ese nombre. Bien el conde Arschot de la Riviere, según se sabe, era un tipo muy enérgico y, al parecer, los tenía cuadrados. Además era una época muy convulsa en España (¿cuándo no?) había subido al trono Luis I, hijo de Felipe V, el primer Borbón. Pero el pobre zagal duró muy poco porque la palmó, reinó solamente de enero a agosto, y volvió a ocupar el trono su padre, por necesidad. Su padre, Felipe V, que ya estaba jubilado y estaba más zumbado que las maracas de Machín. Pero vuelvo a desviarme; en cuanto cojo la historia, me desquicio.
Decía yo, que el tal Arschot era muy enérgico y además el reino estaba gobernado con manos poco firmes, así que la firmeza la ponía él. Y dijo que “…para adorno de esta ciudad, beneficio y diversión de su público, se han plantado, en la salida de ella hacia San Antón y diferentes caminos de Murcia y Lorca diferentes calles de álamos, cuyo plantío se ha de continuar en las partes y sitios que convengan…”
Se plantaron, por tanto, en diferentes sitios y hubo, no una, sino varias alamedas, aunque la más importante era la que iba de la ciudad a San Antón. Sabemos que en el año 1785 contaba con 271 álamos blancos y 71 negros. Pero luego estaban los que iban en la alameda desde San Antón a Fuente Cubas con 171 álamos y la alameda de este barrio hasta Los Dolores con 251. Entre estos y otros lugares, en total hubo 852 álamos. Y quedó satisfecha mi curiosidad de porqué se llamaba Alameda una calle que (ahora) no tiene álamos. Ahora veremos porqué, ya que la historia está apenas empezando.
Además de orden estos plantíos, el Sr. Arschot se encargó de protegerlos con mano dura: “…y deseando su mayor protección se castigará con 6 años de galeras (¡ni Charlton Heston en Ben Hur estuvo tanto tiempo!) a los que maliciosamente sean osados de cortar, arrancar o en otra forma herir o dañar a dichos árboles…”. A este hombre me gustaría tenerlo ahora vigilando a los que arrancan olivos para poner placas solares. Eso sí es proteger a la naturaleza y no los Pactos Verdes del Parlamento Europeo.
En 1810 lo árboles se talaron, quizás por primera vez, no estoy seguro, pero sí sabemos que fue por culpa de los gabachos. Los árboles, aquellos y todos, tienen un sinfín de ventajas, pero también algún inconveniente y es que, si estás en guerra y se acerca el enemigo, no lo ves. Era la guerra de la Independencia y ante la amenaza francesa, hubo que despejar el panorama para ver con tiempo si la ciudad estaba en peligro.
Lo chocante, iba a decir lo gracioso, pero las guerras no tienen gracia; lo chocante es que los franceses ni tocaron Cartagena. Querían hacerlo, claro, y dirigidos por el general Soult (o mariscal, que no me sé muy bien los galones gabachos) venían dispuestos a hacer lo que habían hecho en otras partes: destruir, violar, pillaje, robar… Y era el 23 de mayo de 1812 cuando los franchutes aparecieron. Pero no contaban con los artilleros del Atalaya que les enviaron unos cuantos pepinazos bien dirigidos.
Los franceses dijeron algo así como “¡Mon dieu, estos pepinés que da el campo de Cartagena, son muy grossos… demasié. Preferimos los de la huerta murciana. Vamos pallá”. Y se dieron la vuelta y se fueron a Murcia, donde sí hicieron de las suyas. Esto es una versión mía muy libre, porque no hay documentos con las conversaciones entre Soult y sus esbirros. El caso es que tras la batalla de Álava en 1813 la guerra terminó y nos habíamos quedado sin verle el morro a los franceses y sin árboles.
Los árboles se replantaron en 1814 pero… en 1823 hubo que volver a talarlos. ¿Por qué? Otra vez los franceses de por medio. ¡Hijos de…! Sí, los Cien Mil Hijos de San Luis, volvieron a invadir la península, para quitar el gobierno constitucional y poner en el trono a otro “Hijo De”, sí Fernando VII, el rey felón. Seguramente el peor rey de la historia de España, y mira que tenemos donde elegir. Ya teníamos al absolutismo reinando de nuevo. Pero me desvío de la Alameda.
Ya tenemos de nuevo árboles. ¿Creen que durarían mucho? Efectivamente: NO. En 1844 hubo unos levantamientos liberales y progresistas en algunas ciudades contra el gobierno absolutista de Isabel II (Isabelona), hija del rey felón. Cartagena y Alicante, entre otras, estaban en esos focos liberales rebeldes. Entonces enviaron al general Roncali (Federico Roncali y Ceruti, primer Conde de Alcoy) que era Capitán General de Valencia (creo) a tirarnos de las orejas a los alicantinos y cartageneros. ¿Y que hicimos? Efectivamente, talar los árboles de la Alameda para ver llegar a Roncali.
A Cartagena le fue bastante mal en aquella ocasión. La Marina, o la escuadra, como prefieran, se mantuvo fiel al gobierno reaccionario y bombardeó la ciudad desde los barcos. Aquello debilitó las defensas y las tropas de Roncali entraron la ciudad. Hubo una represión muy dura y se habla de hasta 200 fusilados en castigo por el levantamiento. O sea que tenemos una Alameda pelada, sin árboles, y mirando a una ciudad castigada y con víctimas.
Tras secarse las lágrimas, Cartagena plantó árboles de nuevo. Seguíamos teniendo álamos. Que también sufrirían el hacha. Ahora en 1873. ¿Y qué paso en ese año? Pues el famoso Cantón de Cartagena, aquella heroica y valiente locura. Una estupidez descomunal mitificada por los historiadores contemporáneos. Pero de eso escribiré otro día. De momento nos baste saber que, para ver bien a los ejércitos centralistas de la I República, talamos los árboles de Alameda. Sí, otra vez.
Esto terminó peor que lo de 1844. Media ciudad destruida, y muchos muertos, tanto por la defensa de la ciudad como por la explosión del polvorín el 7 de enero de 1874 que causó al menos 300 muertos, sobre todo civiles.
Cuando aquello pasó, se compraron en Novelda 1.550 álamos negros para repoblar lo talado. Se pusieron también bancos de hierro.
En 1875 se construyó una plaza de toros junto a la Alameda que no parece que tuviese mucho éxito. Como tampoco tuvo éxito en 1877 el intento de elevación de un globo en los terrenos aledaños de la Alameda.
En 1879 se inauguró el alumbrado a lo largo de toda la Alameda, aquello sí tuvo éxito. (Aunque se remodeló en 1891).
En 1897, con diseño del arquitecto Tomás Rico, queda como un paseo, con nuevos bancos, con mucho éxito de afluencia de público. Tenía además una zona reservada a los ciclistas para que no molestasen a los peatones. ¡Y nos creíamos que el carril-bici era cosa de modernos!
A finales del siglo XIX se empezaron a plantar muchos eucaliptos en lugar de álamos. No era por capricho o moda, sino porque el ensanche siempre ha tenido problemas de aguas y encharcamientos, lo que daba lugar a plagas de mosquitos, y las raíces de los eucaliptos tienen la propiedad de absorber mucha agua, por lo que se empleaban para ir desecando el terreno.
Todo el mundo en Cartagena (todo el mundo es un decir, ya lo sé) sabe que la calle Ramón y Cajal es también la Calle 18, porque ha conservado el número de cuando se planificó el Ensanche cartagenero y a cada calle se le asignó un número. Algunos, pero ya menos, saben que Ángel Bruna es la Calle 14. Pero ¿Cuántos saben que la Alameda es la Calle 20? ¿No lo sabía? A la cama no te irás…
Uno de los edificios con más historia es la “Fábrica de la Luz”, del que ya solo quedan los restos como símbolo porque sus terrenos los ocupan unos grandes almacenes famosos en toda España. La Fábrica de la Luz que, en realidad era la Fábrica de Electricidad Hispania, comenzó a construirse en 1900 y al año siguiente ya estaban terminadas sus dos chimeneas que, en aquel momento ostentaron el récord de ser las más altas de España; al menos una de ellas, con 54,5 metros de altura.
Fábrica de la Luz
Otro edificio emblemático y, para mí, entrañable, es el de la Cruz Roja (hoy ya no tiene ese nombre) porque nací allí. En una época en que todavía casi todo el mundo nacía en su casa, a mí me llevó mi madre a parirme al hospital de la Cruz Roja. No sé si era ella una adelantada de su tiempo o lo era yo.
Hospital de la Cruz Roja
Cuando se construyó eran las oficinas de una compañía de seguros, luego en 1921 pasó a ser hospital de sangre, donde se atendía a las víctimas de la guerra de África, o habría que decir, mejor, las guerras. En 1934, durante la II República se convirtió en dispensario de la Cruz Roja y fue hospital de esta institución hasta 2005. Pasó a ser del grupo hospitalario Perpetuo Socorro y en 2022 se reconvirtió en residencia de mayores.
La Alameda ha visto correr por ella tranvías, bueno los ha visto pasar, porque correr lo que se dice correr, poco. Primero eran de tracción sangre, tirados por mulas, y luego por energía eléctrica. Por ella discurrían las líneas que unían la ciudad con San Antón, Los Dolores y Los Molinos, que era como se llamaba antes el Barrio de Peral. Había dos carriles, a derecha e izquierda, uno era para “subir” a los barrios y el otro para “bajar” a Cartagena.
Tranvías por la Alameda
Durante años, para mí, desafortunados, la Alameda se llamó de otro modo. En 1920 el Ayuntamiento le cambió el nombre como calle Fernando Garrido. Al final, en 1960, se impuso el sentido común, y le volvieron a cambiar el nombre llamándola como le decía todo el mundo: Alameda de San Antón.
Se me olvidaba, hablando de hospitales, que también estuvo allí el Hospital-Clínica “18 de Julio” fundado en 1940 por la obra social de Falange Española. Aquel edificio pasó luego a manos de CC.OO. Ñam.
Y como una cosa lleva a la otra, cosas de fachas, acabo de acordarme de la Cruz de los Caídos que había en la confluencia de la Alameda con la Plaza de España. Fue demolida en 1993, mucho antes de que se pusiera en marcha la Ley de Memoria Histérica.
Cruz de los Caídos
La Alameda ha visto incluso el I Concurso Hípico Nacional que se celebró en 1945 en un “hipódromo” construido junto a la Fábrica de la Luz: el Campo La Luz. Dicen que se construyó más rápido que hacen los chinos un hospital contra el covid, en el que al parecer emplearon sólo 10 días. Concretamente el Hospital Huoshenshan de Wuhan. Bueno, pues el Campo La Luz, según la prensa de entonces, surgió como “por arte de magia”. La Alameda es mucha Alameda.
Campo La Luz
Hablando de eucaliptos antes, me olvidaba de la última tala sufrida. Septiembre de 1989. Como estaban ya los árboles muy envejecidos y en malas condiciones, el Ayuntamiento que era gobernado por el Partido Cantonal decidió cortarlos para renovarlos y plantar otros árboles. La oposición aprovechó la ocasión para montar alguna algarada con la ayuda de los ecolojetas. No hay nada como tener una ONG subvencionada o ansiosa de subvenciones, para que te apoye en tus gestiones de gobierno u oposición. Se montó un buen follón con gente encadenada a los árboles y todo, en plan americano. Como no se pudieron talar todos, se dejó aquello dormir y el gobierno cantonal, los muy zorros, de noche, con nocturnidad y alevosía, en enero o febrero de 1990 ¡zas! se cargaron todos los que quedaban.
Tala de ecucaliptos – Septiembre 1989
Luego se construyó un hermoso paseo con diferentes plantas que todo el mundo (salvo los fanáticos) reconocen que mejoró mucho la Alameda, pero el follón y la labor de desgaste había que hacerla y se hizo por la oposición y sus muchachos.
Voy a ir terminando porque me voy a ver un partido de fútbol del Efesé contra el Real Murcia. Pero no puedo cerrar este… iba a decir artículo, pero no tiene esa categoría. Digamos que no puedo cerrar esta cosa que he escrito, sin hablar de la fuente central de la Alameda.
El 16 de mayo de 1945 llegó, por fin, el agua a Cartagena, gracias en gran medida a las gestiones del Almirante Bastarreche. El agua tan esperada del río Taibilla a donde llegó ese día fue a los depósitos de Tentegorra. Y tres días después, el 19 de mayo, para celebrar algo tan importante para una ciudad que siempre ha padecido de sed, se inauguró una fuente alargada, con luces, y aquello fue amenizado con una verbena popular.
La fuente de la Alameda, funcionando.
Podría contaros más cosas pero el fútbol entre aladroques y barrigaverdes no espera.
Cuando paséis por la Alameda u os toméis un café en una de sus terrazas, no penséis que estáis en una calle más. Recordad su historia y sabed que estáis en MI Alameda.
Que no, que es broma, que también es vuestra. Un abrazo.
Cuando escribí mi primer libro sobre el habla de los cartageneros, decía en él que podría (¡horror! ) sacar un segundo.
Aquella amenaza, que era una simple broma, con el tiempo se ha convertido en realidad. Pero no ha sido por maldad, sino como como algo necesario.
Quedé más o menos satisfecho en cuanto a la cantidad de vocablos típicos cartageneros recogidos en el libro, pero… Pronto empezaron los cartageneros bordesicos a decirme “t’as dejao esto”, “se t’a olvidao aquello”… Y era verdad.
Me puse a recoger esos olvidos y lo que ocurrió fue que, revisando ahora ya a fondo, para evitar que viniese un malafollá a sacarme los colores, fueron surgiendo palabras icues que, de tan olvidadas y lejanas que estaban, ni yo mismo conocía.
Este libro tiene una diferencia con respecto al anterior y es que, aunque todavía aparecen palabras de uso común en la ciudad trimilenaria y su campo, son menos que en el primero. Y. sin embargo, aparecen más de esas “raras” que uno se pregunta “¿pero esto qué es?”.
Puedo prometer y prometo que no me he inventado ninguna. Y puedo confesar y confieso que, si bien, lo que aparecía en el primer libro me lo sabía casi de memoria, lo de este he de consultarlo para poder hablar de él.
Ahora que, si nos ponemos a leerlas y utilizarlas de nuevo, a lo mejor conseguimos resucitarlas. ¿Que no? Sujétame el cubata.
En esta ocasión, el libro no estará en librerías, sólo en Amazon.
Aquí os dejo el enlace por si alguien quiere verlo (y si lo compra, mejor)
¿Y por qué no en una editorial?
Mi experiencia no ha sido positiva con las editoriales en el primer libro y, al hacer el segundo, después de varias tentativas, me decidí por hacerlo con Amazon, que tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como es natural. Pero, para mí, las ventajas eran mayores. Del primero, por ejemplo, ni siquiera sé cuántos se han vendido ni he visto un euro por ellos.
¿Habrá más libros?
Seguramente sí, estoy escribiendo un tercero, aunque ya no será sobre el habla de Cartagena, pero sí sobre mi ciudad. Como eso será dentro de un tiempo, quizás se me haya pasado el cabreo y vuelva a alguna editorial. Ya veremos.
La última publicación editorial del año será el libro referente en la comarca de Cartagena durante el 2025 de la mano de su autor: J.F. Martínez López
Dentro de nuestra CARTAGENA COLECCIÓN, llega a las librerías de toda España y parte de América Latina un libro que deberá ser un referente en gran parte de la región de Murcia. Nos referimos a ‘HABLANDO EN CARTAGENERO’, una obra ilustrada a todo color y a gran formato creada, diseñada, ideada y desarrollada en su plenitud por J.F. Martínez López.
La editorial MALBEC ha respetado en todos sus puntos y comas esta creación literaria y visual como no podía ser de otra forma. “Esta publicación es única y apasionante por ello, por vez primera, la hemos publicado con un formato extragrande y una calidad de impresión únicas que harán de este libro algo único para nuestros lectores”. Así lo afirma con rotundidad el editor y periodista Javier Salinas Ramos.
Presentación: sábado, 4 de enero
Con motivo de este lujo literario, su estreno y presentación se harán por todo lo alto. Será el próximo sábado, 4 de enero, a partir de las 19:00 horas, en el salón de actos del Teatro Romano de Cartagena. El autor firmará ejemplares que se venderán in situ con un descuento único y especial para la ocasión. Por ello, y solo este día, los ejemplares firmados por el autor se pondrán a disposición de lector por solo 20 euros.
El acto, que se prevé multitudinario, será totalmente gratuito hasta completar aforo. Además de su autor, estarán presentes en el evento el editor Javier Salinas Ramos, el empresario y promotor cultural de Cartagena (y en particular de este libro), Tomás Martínez Pagán, y Joaquín Alcaraz Piñonero, profesor e historietista.
SINOPSIS hablando cartagenero
La forma de hablar de los cartageneros ¿es un idioma, un dialecto, una lengua? Pues en cartagenero se diría que es indiculiebre, o sea, ni perro, ni gato, ni liebre. Es simplemente un modo peculiar de hablar, cada vez más escaso, por cierto, que tiene algunas palabras propias (pocas) y otras que comparte con otras regiones de España por cuestiones geográficas o históricas.
Este libro que tiene en las manos no es el primero que recoge algunas muestras de ello. Tampoco es un trabajo exhaustivo, contiene solo algunos ejemplos, cerca de los tres mil, pero tiene la peculiaridad que también lleva dibujos y fotos del autor, lo que lo hace más fácil -o lo intenta- de leer y digerir. Es un libro de consulta que se puede abrir por cualquier parte y no hace falta seguir un hilo. El autor, Jotaefe, ha pretendido que sea ameno. Si no lo consigue, siempre habrá algún cartagenero bordesico que diga “era su abuelo el que sabía”.
Es el primer libro de Jotaefe. Hace mucho tiempo empezó a tomar notas y hacer dibujos, sin ninguna otra intención que disfrutarlo para sí mismo, no tenía intención de hacer libro alguno. Pero un buen amigo, Loren, del que hay un prólogo, lo convenció y entró en trombolina, que en cartagenero es ponerse en marcha con vigor y decisión. Ediciones Malbec le echó reaños y aquí está.
Si quiere saber el significado de esas y otras muchas palabras o frases, va a tener que comprarlo. O se va a quedar llampando.
Sobre JOTAEFE
José Francisco Martínez López. Cartagena de España (1954). Trabajó en la E. N. Bazán desde los 21 años hasta su jubilación. Antes, a comienzos de los 70, trabajó en la Escuela de Minas, y allí, en una revistaba que editaban los alumnos (“Micomex”) comenzó a firmar sus dibujos como Jotaefe. Así le llaman todavía la inmensa mayoría de sus amigos. Estudió bachillerato superior en los Institutos Jiménez de la Espada e Isaac Peral, pero no pudo ir a la Universidad, había que ponerse a currar.
Como tantos españolitos de antes, sacó adelante a su familia con pluriempleos. Fue autónomo, trabajó en una agencia de publicidad muchos años, fue comercial, diseñador, relaciones públicas y trabajó para la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Cartagena.
Ya por afición, colaboró en programas de radio muy diversos en RNE (antes RadioCadena y, antes, Radio Juventud), luego en la SER, La Unión Radio 8, Radio Mar Menor. Fue profesor de yoga y de astrología.
Ganó el concurso de carteles de Semana Santa en 1990. Colaboró con chistes gráficos en “La Prensa de Cartagena”, las revistas “Dársena”, “Mastia”, “Chistes y Pasatiempos”, los libros de deportes “Fútbol Cartagenero”, el diario digital “Sportcartagena”, donde aún sigue ilustrando las aventuras del Efesé, y algunas otras cosas menudas.
Le gusta el dibujo, la fotografía, el cine, la música, los perros, los gatos y leer. Sobre todo, leer. Cuando fue al colegio por primera vez, ya sabía leer, había aprendido en los tebeos, que eran su pasión. Hoy, además de libros, sigue leyendo tebeos. Con 70 años. Y no le da vergüenza.
Lo que más quiere, después de su familia es su tierra, Cartagena. A ella y a su peculiar habla está dedicado este libro, que es el primero que saca. Están intentando convencerlo de que también sea el último, pero, de momento, no hay nada seguro. Es muy camoto.
No todo el mundo ha tenido la oportunidad de bautizar (nominar sería lo más acertado) una calle, y yo lo hice. La Calle Isla de Delos, en la Manga del Mar Menor.
La historia comenzó cuando me fui a vivir, en 1988, a una calle sin nombre. Como suena, aquella calle, preciosa, peatonal, con un pequeño canal que unía y une el puerto deportivo de Nuevo Puerto Bello con el Canal de la Gola, en La Manga, no tenía nombre.
Una bonita calle, pero sin nombre.
¿Se imaginan lo que es vivir en una calle que no tiene nombre? ¿Se hacen una idea de la dificultad para explicar a alguien que no conoce La Manga a dónde han de llevarte un colchón o un frigorífico, que venga de Murcia, por decir algo?
«Cuando llegue usted al kilómetro dos, toma el cambio de sentido y entra en la calle donde está el Cine, al llegar al cine gire a la derecha, siga todo recto hasta que llega a un pequeño puente. Allí, en la esquina, hay una cabina telefónica. En esa calle hay un pequeño canal (no confundir con el canal grande de Marchamalo). Cuando llegue a la tercera escalera, es en el segundo piso» Divertido ¿verdad?
Cuando le pasa a otro sí, pero cuando lo vive uno mismo durante años, no lo es tanto. Llegué a hacer e imprimir un pequeño plano para entregar a los amigos y conocidos que me iban a visitar.
¿POR QUÉ SIN NOMBRE?
No tengo ni idea. Dejadez municipal, olvido, caos urbanístico de La Manga. Me tomé el trabajo de buscar por si se había caído la placa en su día o algo así, pero no. Tenían nombre todas las de alrededor, y eran nombres de islas griegas: Isla de Anticitera, Isla de Lesbos,
Eran muchos años de incomodidades y decidí hacer algo: pedir al Ayuntamiento que nominara esa calle, mi calle. Y, además, para hacerlo más fácil, les sugerí un nombre: Isla de Delos.
Delos. Isla de los dioses.
Ni corto ni perezoso, como se dice habitualmente, en julio de 2010 le escribí al Sr. Concejal y en la carta, además de otras cosas, le decía: «
,,,en caso de que aún no tuviese nombre como creo, me permito el atrevimiento de sugerirle uno: Calle de la Isla de Delos. Al ver que las calles del entorno están recibiendo nombres de islas griegas de relevancia, como el de Anticitera, donde se encontró el llamado “artefacto de Anticitera”, una especie de calculadora anterior a Cristo, o el de la Isla de Lesbos, lugar de cultos paganos cuyas sacerdotisas practicaban el amor lésbico, palabra que tiene su origen precisamente en el nombre de la isla, pensé que estaría en armonía con las vías adyacentes el que mi calle se llamase de la Isla de Delos.
Islas Cícladas. Alrededor de Delos.
Esta isla, según la mitología griega, fue donde nacieron los hermanos gemelos Apolo (el Sol) y Diana (la Luna). Delos, además, pese a su pequeño tamaño, estaba en el corazón de las islas Cícladas y pese a que casi no estuvo habitada con población fija, sí tuvo muchas visitas por ser sede de templos muy importantes y lugar de culto entre los antiguos griegos. Hoy sigue teniendo esas visitas, por motivos turísticos, claro».
RESPUESTA AFIRMATIVA
La corporación tuvo a bien aceptar mi propuesta, y así me lo comunicaron el 13 de octubre de ese mismo año.
Como yo sé que las cosas de palacio van despacio, me dispuse a esperar que colocasen el oportuno rótulo con el nombre de la calle. Pero pasaron los meses y todo seguía igual. Cuando se cumplió un año, me dirigí de nuevo al Sr. Concejal pidiéndole colocasen un rótulo ya que el personal seguía sin saber el nombre de la calle y los problemas eran los mismos.
Y LO COLOCARON, PERO…
Efectivamente, el rótulo, meses después fue colocado… pero mal. El lugar que escogieron para ubicarlo correspondía a la calle Isla de Anticitera; de modo que los problemas habían aumentado. Mi calle seguía sin nombre, o sin rótulo, mejor dicho, y la calle Isla de Anticitera tenía dos nombres distintos.
VUELTA LA BURRA AL TRIGO
Con fecha 26 de abril de 2012 escribí de nuevo al Ayuntamiento explicándoles el problema. Les acompañé fotos del rótulo mal colocado, del plano de la zona con la calle correcta e incluso les sugerí varias ubicaciones adecuadas paras el rótulo en un esquema.
POR FIN TENEMOS NOMBRE
Esta vez la respuesta fue más rápida y en mayo de 2012, casi dos años después de iniciar la aventura, mi calle, por fin, tenía nombre: CALLE ISLA DE DELOS
Calle Isla de Delos, con su rótulo correctamente colocado.
MI CALLE YA NO ES MI CALLE, PERO SÍ
Este verano de 2023 será el primero después de muchos en que la calle Isla de Delos ya no será mi calle, porque ya no vivo allí.
Pero aunque ya no sea mi calle, por todo esto narrado, la calle Isla de Delos SIEMPRE SERÁ MI CALLE.
¿Han oído hablar de los mundos paralelos? No creemos en ellos pero son como las meigas, haberlos haylos.
El próximo día 28 hay elecciones municipales en la Cartagena de Levante de esa otra dimensión y también hay candidatos paralelos. Ojo, he dicho paralelos, no para lelos.
Este blog ha conseguido, como primicia (paralela) información de esos candidatos. Y cualquier parecido con los de aquí, con los del mundo real, es pura coincidencia.
Matrioshka
Es la candidata prosoviética, o soviética, directamente. Viene envasada como las muñequitas rusas llamadas matrioshkas que van unas dentro de otras. Tiene el envase de Lenin, y dentro está el de Stalin, luego sale Maduro y dentro del todo está la candidata. Se camuflan, pero al final se les ve el plumero.
Matrioshkas
Citizen
El candidato Citizen se ha equipado de Sherlock Holmes para buscar su voto. No un voto, sino el voto. Porque le han dicho que, al menos, tiene uno. Alguien de su familia que le quiere mucho se lo ha prometido, y él anda buscándolo. Quiere tener, al menos, uno.
Citizen
Meles Meles
Puede resultar raro el nombrecito, pero los científicos son así y es como llamaron al Tejón. La candidata Meles Meles anda enfrascada excavando galerías, ya que es donde más cómoda se encuentra. Allí abajo, a oscuras, lejos de miradas indiscretas es donde se hacen los pactos, alianzas y conspiraciones con mayor comodidad.
Meles Meles
Barbanegra
Es miembro de la tripulación que más botín ha conseguido en toda Europa, tras sus muchas operaciones. No se sabe bien dónde lo esconden. Dicen que en Panamá, Gibraltar, Baréin, Barbados,… Sea donde sea, será un paraíso fiscal. De paraísos ellos (Piratas Sanguijuelas Orates Escornacabras) entienden un montón. Y esté donde esté el botín, estará marcado por una X.
Barbanegra
Doña Sardina
Como se dice en otra parte de este blog, se ha sabido que alguna sardina que otra, aunque nazca en el mar, también puede marcharse a vivir en el río, donde llega a alcanzar el tratamiento de Doña Sardina y luego, cuando ve la oportunidad de seguir medrando, es capaz de metamorfosearse en otras especies, aladroques, por ejemplo, y volver a casa, por convocatoria electoral, e intentar poner sus huevos. O huevazos.
Doña Sardina
Doctor Nefario
Hay un político, a nivel nacional, al que todos sus rivales y la prensa en general, se empeñan en presentar un día sí y otro también como un Villano. Lo que ocurre es que su crecimiento en votos nos dicen que es Nuestro Villano Favorito. El Doctor Nefario, ayudante del villano, se presenta candidato a la alcaldía de la Cartagena paralela. Y lo hace con sus inventos e ideas extrañas, extrañísimas. Como son la familia tradicional, el sexo binario, la patria, el trabajo y la meritocracia… en fin, un auténtico despropósito.
Doctor Nefario
Superlópez
Decía alguien que «los enanos atacan en grupo y por la espalda». Nuestro superhéroe ya sabe lo que es eso porque ha sufrido esos ataques traicioneros de todos contra él. Pero no se arredra y vuelve a la carga. Todos le temen. Y es que, como cada superhéroe, tiene un superpoder. En su caso es el de TIRAR DE LA MANTA.
Superlópez tirando de la manta
El día 28, que Dios reparta suerte. Y que no haya pucherazo, como parece que está habiendo ya con el voto por correo en algunos sitios.
Se sabe que hay elecciones municipales y regionales para el próximo 28 de mayo.
Hay movimientos por colocarse en los mejores puestos, mucho movimiento. Al mismo tiempo, la prensa anuncia que hay una plaga de garrapatas. ¿Casualidad? Podría ser
Entre los muchos movimientos anunciados, parece que se han incluido picoletos en algunas listas. Eso puede ser bueno, para tenerlos vigilados más estrechamente a los candidatos.
Cartagena es una de las ciudades más «españolistas» que hay, por no decir la que más. No tengo ningún comité fantasma de expertos (como otros) que avale tal afirmación. Sólo las muchas encuestas realizadas, aunque no tengan valor científico, y lo que veo y siento desde que nací, y de eso hace ya muchos años. Demasiados, quizás, dicen mis huesos. Este sentimiento tampoco tiene valor científico, ya lo sé. No hace falta que me manden un factcheker de estos que han creado para torcer los resultados al gusto de los mandamases.
Y al miso tiempo que una de las más «españolistas» es la menos murciana o murcianista que hay. Y tampoco necesito estudios de ninguna universidad para estar convencido de ello.
De otra parte es sabido de todos (aunque algunos no lo aceptarán nunca) que la comunidad de la región de Murcia es la que tiene menos arraigado el sentimiento de tal región. Y no es extraño para un territorio que fue creado a martillazos, de la nada, porque había «café para todos» y se generaban un montón de poltronas con sus correspondientes sueldos.
Hubo que buscar en el baúl de los recuerdos y encontrar algo que justificase una bandera, un escudo, y hasta una historia.
Yo, personalmente, no soy murciano. Bueno, sí, ya sé que en algún sitio, administrativamente, dice que pertenezco a la región de Murcia y, por tanto, soy murciano (je). Pero también lo eran hace años los albaceteños, cuando la región de Murcia la formaban Murcia y Albacete. Ahora, los de Albacete son castellano-manchegos. Los cartageneros, en tiempos, fuimos castellanos, cuando Cartagena era el «portillo de Castilla». Hoy, no. ¿Qué seremos mañana? Chi lo sa…
Pero no hay que fiarlo todo a los sentimientos. También hay motivos históricos, sociales, económicos, (uy, los económicos…) que potencian y justifican ese poco apego al murcianismo. Los datos que siguen corresponden a 2016. Desde entonces han aumentado los motivos, pero con estos son suficientes para hacerse una idea.
Deuda histórica y agravios presupuestarios
El Campo de Cartagena representa el 16% del territorio regional, posee el 26% de la población autonómica y genera el 33% del PIB, pero recibe menos del 8% de las inversiones, según estudios recientes de la UMU y la UPCT.
Desde que se creó la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, el 74% del presupuesto autonómico se invierte cada año en Murcia capital, siendo el restante 26% repartido entre los demás municipios, entre los que Cartagena recibe entre el 4 y el 8%. Asimismo, la ciudad de Murcia concentra el 48,68% de los equipamientos de la Región.
A esta deuda histórica hay que añadir una serie de agravios consentidos, creados o fomentados por los sucesivos gobiernos regionales, tanto de los del capullo como los de la gaviota ¿o era un charrán?
Administración del capullo y el puño (1982-1995)
Cierre del Banco de España en Cartagena y traslado de los servicios a Murcia.
Cierre de la fábrica de cervezas el Águila.
Cierre de Peñarroya, Fertilizantes, Española del Zinc y la Sierra Minera.
Cierre de la plaza de toros de Cartagena -la tercera más antigua del país- con el fin de sacar a la luz los restos del anfiteatro romano. 30 años después nada de esto se había hecho aún. Ahora (2023) ya hay actividades que, ojalá, tengan futuro fructífero no muy lejano.
Traslado a Murcia de la Delegación de Tabacalera.
Traslado a Murcia de la delegación de Correos y su gestión comercial.
Traslado a Murcia de los servicios del puerto y aduanas del Puerto de Cartagena. ¿Aduanas a 50 kilómetros del puerto? Only in Murcia.
Traslado a Murcia de los servicios de Telefónica.
Traslado a Murcia de la terminal ferroviaria de contenedores.
Traslado a Murcia de los servicios de defensa.
Traslado a Murcia de la delegación de distribución de prensa.
Traslado a Murcia de la Delegación del Centro Farmacéutico de Cartagena.
Pérdida del Aula de Magisterio.
Pérdida de la Escuela Regional de Hostelería.
Construcción en 1998 del Auditorio y Palacio Congresos de Murcia íntegramente con fondos regionales. El Palacio de Congresos de Cartagena se construyó 12 años después con fondos exclusivamente locales.
Construcción en 1994 del Palacio de Deportes de Murcia también con fondos regionales. El de Cartagena, esta vez sí con financiación del gobierno regional, se inauguró con muchas dificultades y deficiencias iniciales y por la determinación del alcalde Pepe López, de MC.
Paralización de la ampliación de los juzgados y desarrollo de la Ciudad de la Justicia de Murcia.
Paralización de la ampliación del FEVE a Cabo de Palos y el Mar Menor.
Desvío de la autovía del Mediterráneo por Murcia y el interior de la región, evitando su paso por el litoral mediterráneo, Cartagena y su comarca.
Administración de las gaviotas o charranes (1995-….)
Pérdida de Parque Tecnológico, trasladándolo a Fuente Álamo e incumpliendo su aprobación por la Asamblea Regional para Cartagena.
Mantenimiento de una única comisaría de Policía Nacional -con una de las mayores listas de espera de España- frente a la tercera comisaría inaugurada en Murcia capital.
Traslado a Murcia del Instituto Anatómico Forense.
Supresión del Departamento Marítimo del Mediterráneo, del que Cartagena era su capital.
Traslado de la Delegación Provincial de Cultura desde Cartagena a Murcia.
Cierre de la cárcel de San Antón, y traslado de las infraestructuras y servicios carcelarios a Murcia, acabando con una tradición muy antigua, ligada a la historia militar de la ciudad.
División de la comarca histórica del Campo de Cartagena, con la creación de la imaginaria comarca del Mar Menor. (Divide y vencerás)
Construcción de un nuevo recinto ferial en Murcia para competir con el actual Recinto Ferial Regional IFEPA de Torre Pacheco.
Pérdida del Foro Euromediterráneo.
Agresiones culturales a Cartagena través de libros de texto oficiales. (1) Esto del adoctrinamiento requiere una entra aparte en el futuro.
Traslado del consulado francés a Murcia.
Incumplimiento de la ley 5/1998 de creación de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), por la que todos los centros de enseñanza universitaria de Cartagena adscritos a la Universidad de Murcia estarían adscritos a la nueva UPCT.
Cierre del Centro Histórico•Fotográfico de la Región de Murcia (Cehiform), situado en Cartagena y traslado a Murcia. Los fondos documentales más importantes proceden de colecciones de Cartagena, con 20.000 fotografías, frente a las 13.000 restantes que son del resto de la Región.
Traslado del Aeropuerto de San Javier a Corvera, en el municipio de Murcia. Así, el Campo de Cartagena perdió esta infraestructura y los puestos de trabajo asociados.
Décadas de retraso en la descontaminación de la bahía de Portmán y la Sierra Minera de Cartagena y La Unión.
Supresión de algunos servicios ferroviarios con Madrid y Barcelona y traslado a Lorca del servicio Cartagena-Montpelier, sin servicio de cercanías entre Murcia y Cartagena y con una red obsoleta sin electrificar.
Boicot por parte de la UMU para la implantación de la UCAM con Medicina en Cartagena y beneplácito cuando quiso instalarse en Murcia.
El área de salud de Cartagena, con 2,2 camas por cada mil habitantes, siendo la media regional de 3,15 camas, ve como la Consejería de Sanidad cierra el Hospital Naval, y luego el Hospital del Rosell. Única ciudad con el cierre de dos hospitales. Este cierre no fue definitivo por la respuesta popular y quedó a medio gas para poner tiritas y poco más. Pero no se puede decir que esté cerrado.
Traslado a Murcia de la carrera Solar Race, cuya sede desde su creación ha sido el Circuito de Cartagena al tratarse de una carrera con prototipos fabricados por ingenieros de la UPCT. Inexistencia de ayudas regionales a este circuito por no estar en la capital.
Jefatura de Tráfico traslada a Murcia la gestión de trámites administrativos.
El tercer Juzgado de lo Mercantil a crear en la Región estaba comprometido con la Ciudad de Cartagena y solicitado por unanimidad del Pleno de la Asamblea Regional, pero se va a Murcia.
El Corredor Mediterráneo no pasará por Cartagena. Es decir, la ciudad con uno de los puertos más importantes de Europa, se verá aislada de la principal vía de comunicación en favor de Murcia, localidad que no es costera ni portuaria.
El Corredor Mediterráneo se salta únicamente la ciudad costera de Cartagena, en beneficio ¿de quién?
Podríamos seguir con el Mar Menor, la cueva Victoria, el monte Miral, las Torres Vigías, los molinos de viento, pero ¿para qué? Todo eso cuesta dinero. Y esos recursos los necesitan en la ciudad de Murcia.
Balaguero es un término que existe en la lengua castellana. Si se molesta en buscarlo en el diccionario, le dirá que es un almiar.
Y su luego busca almiar, se informará de que es un montón de paja o heno, al aire libre, normalmente alrededor de un palo clavado verticalmente, para conservarlo todo el año.
Pero en Cartagena no, amigo. Se trata de algo parecido pero no igual. Un balaguero es un montón de ropa sucia. ¿Cómo se convirtió una cosa en la otra? No se lo puedo decir porque no lo sé.
Balaguero
Quizás ese montón de paja o heno amontonado echa un tufillo poco agradable que recuerda al de la ropa sucia… ¡qué sé yo! Son elucubraciones mías.
Pero que en Cartagena un balaguero es un montón de ropa sucia… vaya que sí.
PREMIOS GOYA 2012: FINALISTA MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Carthago Nova es un largometraje de animación digital que a través de una trama y unos personajes de ficción nos transporta al siglo I. d.C. y nos permite descubrir una de las ciudades más importantes de Hispania.