He leído que la Comunidad vigilará a diario el estado del Mar Menor. Me quedo mucho más tranquilo, aunque… después de la gestión hecha estos últimos 20 años, pese a las advertencias, no sé, no sé.

Cosas de mi tierra
Juan Fernández nació en Cartagena en una fecha exacta que se desconoce pero que oscila entre 1528 y 1530. Sí se sabe que murió en 1599 en Santiago de Chile.
Era marino, piloto concretamente, y navegó por aguas de Perú y Chile durante mucho tiempo, haciendo la ruta de El Callao a Valparaíso, ruta que se hacía costeando y tardaba aproximadamente seis meses en realizarse, debido a que tenían que navegar contra la corriente de Humboldt.
Después de varios años de hacer este recorrido, Juan Fernández pensó en buscar una alternativa, adentrándose en el Pacífico y navegando más lejos de la costa, donde la corriente era menos fuerte o inexistente. Consiguió rebajar la duración del viaje de 6 meses… ¡a 30 días!
Pero, además de descubrir esta mejor ruta, de paso descubrió dos islas que son las que le han hecho famoso, forman el Archipiélago de Juan Fernández (o Islas de Juan Fernández). Quizás porque llevaba prisa en sus tareas marineras o porque los cartageneros somos un poco dejaos a veces para nuestras cosas, no se calentó mucho la cabeza a la hora de bautizarlas, las llamó: Isla de Más Afuera e Isla de Más a Tierra. Llevaba prisa, pero lógica no le faltaba a mi paisano.

Por toda la costa cartagenera (y levantina en general) se edificaron torres vigía y defensivas, especialmente en previsión contra las incursiones de los moros. De ello ya se habló un poco en otra entrada anterior de este blog, sobre la expresión “moros en la costa”.
De aquellas torres quedaron algunas erigidas por el territorio de la comarca cartagenera: Torre del Rame, Torre Pacheco, la torre sobre cuyo solar se edificó posteriormente el faro de Cabo de Palos, del que también hablamos anteriormente, etc.
Y la de la que toca hoy hablar: Torre del Negro.
En este caso, viene aquí por su asociación a una leyenda, como casi todas, confusa y carente de datos claros o concretos, pero que todavía circula, y allá va.
El edificio fue construido en tiempos de Felipe II, alrededor de 1585, en Los Urrutias (Cartagena) a menos de 100 metros de la orilla del Mar Menor (entonces) y aunque su nombre inicial fue de Torre Arráez, se conoció pronto como Torre del Negro por un esclavo negro, y además liberto, procedente de galeras, que se alojó allí. Hoy, en época de lo políticamente gilip correcto quizás debería llamarse Torre del Subsahariano, pero no demos ideas.
La leyenda no tiene nada que ver con el negro, sino con la época de Felipe IV, cuando un soldado veterano llamado Hans, procedente de los tercios españoles que operaban por Flandes y otras zonas de Europa, se alojó en la Torre del Negro, al parecer con todos los permisos de sus superiores. La idea de Hans era realmente interesante. Él era, además de soldado, también herrero, inventor y alquimista a partes iguales y su propósito era desarrollar un equipo de buzo, adelantándose varios siglos, para poder descender al fondo del mar y recuperar los cañones de los barcos hundidos.
Esto podría parecer, visto desde esta época, un asunto trivial, pero no lo era. Para poder fundir el bronce de un cañón hacía falta unas temperaturas altísimas en los hornos correspondientes y para alimentar esos hornos, el número de árboles que talar (y por tanto el coste económico) era tremendo. Equipar un galeón podía suponer despoblar bosques enteros y todavía hay zonas de Cantabria, Asturias, Galicia, etc. que no se han recuperado de aquella tala masiva de árboles. Por tanto, poder recuperar los cañones de barcos hundidos podría ser un negocio y un recurso económico de gran alcance.
Por eso, Hans se dedicaba durante el día a las labores propias de su profesión como herrero, reparando calderos o cuencos metálicos de los vecinos, herrando caballos y asnos, etc. y por las noches andaba en la construcción del equipo de buzo y, para ello pensaba utilizar el yelmo y armaduras de la época, como herrero, haciéndolos herméticos y poniendo como visor un plástico de su invención, como alquimista. Por las noches, cuando trabajaba en su invento, se oían los golpes y martillazos del herrero.
Un buen o mal día, Hans desapareció de la noche a la mañana sin dar recado a nadie y sin que se sepa a día de hoy, que pasó con él o a dónde fue. Aquí empieza la leyenda.
Dicen… (esa palabra tradicional en las leyendas) que algunas noches se oyen todavía los golpes del herrero sonando por los alrededores de la Torre. Y también dicen que salen burbujas inexplicables en algunas zonas del Mar Menor. Para algunos, el bueno de Hans se cansó de intentar su experimento sin resultados positivos y se marchó a la francesa, sencillamente. Para otros, Hans se fue al Mar Menor a probar su equipo de buzo y no funcionó como él esperaba y el pobre se ahogó. De ahí esos golpes y esas burbujas, correspondientes al alma en pena de Hans.
Que cada uno se quede con lo que más le guste.
PERICO PELAO: Marcha lenta de los “judíos” en la Semana Santa de Cartagena.
PELEANTA: Arrabalera, mujer que causa escándalos.
PEROL: Recipiente para cocinar, similar a la olla, pero más bajo.
CORDIALES DE BONIATO / o de BATATA: Dulce navideño típico del Campo de Cartagena, especialmente en Torre Pacheco.
LARGA: Culebra, serpiente.
Juan Carlos Ceballos, se ha hecho con un puesto en la defensa equipo, en la capitanía y en el afecto de la afición del F.C. Cartagena. Con todo merecimiento, además.

Y por ese merecimiento le he dedicado un ratico, entre lápices de colores y lápices pastel, para vestirlo de último mohicano, como es conocido simpáticamente. Incluso su cuenta de Twitter es @ultimohicano21
Pues nada, capi, a seguir así. «O pasa rostro pálido o pasa bola de cuero, pero los dos no pasan».
Estoy en La Manga, después de comer, viendo a la gente jugar al tenis y no lo puedo creer. Hacer deporte, «con tó el sestero« en Cartagena… deporte de riesgo.
El Pacto de Cartagena, también conocido como Pacto de la Vergüenza, ha sido el firmado por el Partido Popular de varias comunidades autónomas para dejar a Cartagena fuera del FERRMED (Ferrocarril del Mediterráneo) que une los principales puertos marítimos, sustituyendo a Cartagena por Murcia. Y ha sido firmado en Cartagena, para más recochineo.

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PASARLO PEOR QUE BARCELÓ EN LA MAR: Expresión que indica el padecer muchas adversidades y contratiempos. (1)
REPARO: Mezcla de vino dulce y brandy a partes iguales.
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COSAS DEL HABLA DE CARTAGENA
TUTUVÍA: Totovía, cotovía, cogujada, alondra moñuda.
El canto de la Alondra Totovía aparece en una coplilla un tanto surrealista a las que somos tan dados los cartageneros y que solamente se justifica por la rima:
A la una canta el gallo
A las dos la tutuvía
A las tres el ruiseñor
Y a las cuatro… ¡ya es de día!.
DÁTILES DE GETSEMANÍ: Dátiles rellenos de dulce de leche y pasta de almendras.
(Tienen un especial protagonismo en la Semana Santa de Cartagena).

EMPERCHAR o EMPORCHAR: Empezar alguna actividad que requiere un gran esfuerzo y, en contra de la propia voluntad. («Comerse el marrón», vamos)
FRITONGO: Fritura cartagenera a base de longaniza y asadura.
(No confundir con fritanga.)
RABALERA: Arrabalera, mujer de baja educación.
