Más exactamente, es el faro de Navidad, en el puerto de Cartagena.
Si sumamos los hechos de que la fecha que más me gusta es la Navidad, que mi color preferido es el rojo, que la profesión que me habría gustado tener es la de farero y que no cambiaría mi ciudad por ninguna otra del planeta para vivir… queda claro que este lugar tiene para mí un valor especial.
Del mismo modo que a Miguel Hernández se le murió su amigo Ramón Sijé, a mí se me ha muerto mi amigo Juan Mediano, que estará en los cielos.
Compartimos muchas cosas, fuimos compañeros de trabajo además de amigos, e hice muchos dibujos para él. Gran parte de las portadas de sus libros las dibujé yo. Y el dibujo que le hago hoy, con todo el cariño y respeto, como homenaje, supongo que será el último.
Juan Mediano, presentándose a San Pedro
Como habrá mucha gente que contará como era, yo prefiero contar cómo imagino que es ahora, porque lo conozco.
Habrá llegado al cielo todo serio y formal, porque a circunspecto no le gana nadie. Se habrá presentado a Pedro Marina Cartagena. Igual hasta se ha puesto pajarita y, si hay zona de fumadores allí, habrá sacado la pipa.
De entrada pensarán que es aburrido, por lo formal. Pero en cuanto abra la boca, sabrán lo que es la coña de un cartagenerico, que ríase usted de la famosa retranca gallega.
Hablará y no parará de cosas de su tierra, que es la mía, Cartagena, poniéndola por las nubes, aunque eso le resultará fácil ya que es donde está ahora mismo.
Escribirá pronto en «El Eco del Cielo» o como se llame la prensa de allí. Hablará por «La Voz de la Eternidad» o cualquier otra emisora celestial. Narrará historias y anécdotas que ya quisieran los Hechos de los Apostóles, con perdón.
Y no me extrañaría que en el futuro aparezca un nuevo evangelio, apócrifo, sí, pero evangelio, donde al final alguien firme: «Simplemente Juan».
Bueno, amigo Juan, nos vemos. Pero no corre prisa.
España la creó un cartagenero. Vale, de entrada resulta chocante. O provocador. Vamos, que es mentira. O, mejor dicho, casi mentira, porque un porquito de verdad sí que tiene. Veamos por qué.
Para empezar, tenía ganas de escribir sobre esto desde hace tiempo, desde que le leí a un buen amigo decir algo así como que «España en realidad no existe». Sí, dijo eso, y a pesar de ello seguimos siendo amigos. Cosas de la amistad.
San Isidoro de Cartagena y las teorías modernas sobre la «nación de naciones» y gilipolleces varias.
Con esa manía de reescribir y tergiversar la historia que tienen los progres y los indepes; la verdad es que yo a veces no los distingo unos de otros, como van juntos hasta a mear, te encuentras día sí y día no -en Cartagena diríamos «un día sin otro», pero no quiero desviarme- con que todo lo de mérito es de su pequeña nacioncita.
Bueno, pues si cada uno dice la burrada que quiere ¿por qué no iba yo a decir que España la creó un cartagenero? Cuando, además, un poco de verdad sí que tiene.
Isidoro de Cartagena
Ese cartagenero fue Isidoro de Cartagena, o San Isidoro, aunque se le conoce por el «mote» de Isidoro de Sevilla. Pero vayamos poco a poco.
A Leonardo da Vinci se le llama así porque nació en Vinci, aunque su principal obra la desarrolló en Florencia y otras ciudades de Italia ¿verdad? A Pitágoras de Samos se le conoce de este modo por nacer en Samos aunque vivió en Crotona, a San Francisco de Asís… sí, lo han adivinado, nació en Asís.
Pero en el caso de mi paisano Isidoro, no. Nació aquí, junto con sus cuatro hermanos; de los cuales otros tres (Leandro, Fulgencio y Florentina) además de él mismo, que fue el menor, fueron santos. Y la otra hermana, Teodosia, no llegó a santa, pero le faltó poco. Eran hijos de del Duque (Dux) Severiano.
Todo esto, si le interesa, puede verlo con más detalle en este otro post que escribí hace tiempo sobre el Duque Severiano.
El caso es que, como explico allí, por razones políticas, la familia, que eran godos por parte de padre e hispanos por parte de madre, tuvo que marcharse de Cartagena, ya que la ciudad pasó a estar bajo el poder del imperio Bizantino. Y se fueron a Sevilla. Y no perdieron la silla ni nada de eso, al contrario.
El hermano mayor, Leandro, llegó a obispo de Sevilla y, a su muerte, le sucedió nuestro Isidoro de Cartagena. Y a partir de ahí, que si Isidoro de Sevilla por aquí, que si Isidoro de Sevilla por allá, hasta hoy. Y no hay quien lo cambie, oiga.
Pero voy a intentar centrarme de nuevo. No voy a intentar describir aquí los logros, los méritos y la influencia de Isidoro en todos los campos del saber: historia, teología, ciencias naturales, derecho, retórica, matemáticas, música, medicina…
Y además, política. Porque intervino en TODO lo importante que ocurrió en España -sí, he dicho España- de entonces, y en lo que ocurrió después. Participó en concilios, intervino en la conversión de Recaredo al catolicismo con lo que conllevó eso: la unificación de España -sí, he vuelto a decir España- y, además escribió sus famosas «Etimologías» que resultaron un compendio de todo el saber hasta entonces. Una especie de Enciclopedia a lo bruto.
Vamos que Isidoro de Cartagena hizo que, mientras que Europa se hundía en un páramo cultural y político dividida en pequeños reinos, en España -otra vez, lo he dicho otra vez- brillaba y se unía como la primera nación.
No voy a entrar al trapo de distinguir nación, país, estado, etc. Ya sé que los estados modernos tal y como los conocemos ahora surgieron tras la revolución francesa, pero que España era una nación, vamos que si lo era. Y lo es.
Y aunque aquella -que es esta- bendita tierra se había llamado Hispania por los romanos, pero no era todavía una nación, sino una provincia del imperio romano, cuando se constituyó una unidad independiente alrededor de la monarquía gótica, ya se llamó España. Y fue Isidoro de Cartagena el PRIMERO que utilizó ese nombre. Por eso el título provocador de este post.
Sobre la alabanza a España
Como también le daba a la Historia, Isidoro escribió la «Historia de los Godos» y el prólogo a esa obra fue «Sobre la alabanza a España» Aunque sea un poquillo largo, lo voy a copiar íntegro aquí:
«Eres, oh España, la más hermosa de todas las tierras que se extienden del Occidente a la India; tierra bendita y siempre feliz en tus príncipes, madre de muchos pueblos. Eres con pleno derecho la reina de todas las provincias, pues de ti reciben luz el Oriente y el Occidente.
Tú, honra y prez de todo el Orbe; tú, la porción más ilustre del globo. En tu suelo campea alegre y florece exuberancia la fecundidad gloriosa del pueblo godo.
La pródiga naturaleza te ha dotado de toda clase de frutos. Eres rica en vacas, llena de fuerza, alegre en mieses. Te vistes con espigas, recibes sombra de olivos, te ciñes con vides. Eres florida en tus campos, frondosa en tus montes, llena de pesca en tus playas.
No hay en el mundo región mejor situada que tú; ni te tuesta de ardor el sol estivo, ni llega a aterirte el rigor del invierno, sino que, circundada por ambiente templado, eres con blandos céfiros regalada.
Cuanto hay, pues, de fecundo en los campos, de precioso en los metales, de hermoso y útil en los animales, lo produces tú. Tus ríos no van en zaga a los más famosos del orbe habitado.
Ni Alfeo iguala tus caballos, ni Clitumno tus boyadas; aunque el sagrado Alfeo, coronado de olímpicas palmas, dirija por los espacios sus veloces cuadrigas, y aunque Clitumno inmolara antiguamente en víctima capitolina, ingentes becerros.
No ambicionas los espesos bosques de Etruria, ni admiras los plantíos de palmas de Holorco, ni envidias los carros alados, confiada en tus corceles. Eres fecunda por tus ríos; y graciosamente amarilla por tus torrentes auríferos, fuente de hermosa raza caballar.
Tus vellones purpúreos dejan ruborizados a los de Tiro. En el interior de tus montes fulgura la piedra brillante, de jaspe y mármol, émula de los vivos colores del sol vecino.
Eres, pues, Oh, España, rica de hombres y de piedras preciosas y púrpura, abundante en gobernadores y hombres de Estado; tan opulenta en la educación de los príncipes, como bienhadada en producirlos.
Con razón puso en ti los ojos Roma, la cabeza del orbe; y aunque el valor romano vencedor, se desposó contigo, al fin el floreciente pueblo de los godos, después de haberte alcanzado, te arrebató y te armó, y goza de ti lleno de felicidad entre las regias ínfulas y en medio de abundantes riquezas.>>
Yo recomiendo vivamente leer y conocer un poco más a Isidoro de Cartagena. Fue un auténtico monstruo en el mejor sentido de la palabra. Hasta que no profundizas en él no llegas a alcanzar la dimensión que tuvo y la influencia que obró tanto en España como en todo Occidente, en su época y mucho después.
Por qué Cartagena se llama Cartagena es algo que puede parecer curioso, apasionante, previsible…, pero nunca casual. Las cosas no suelen ocurrir por casualidad y los nombres propios de los lugares o toponimias, menos.
Nombres de Cartagena
Hace tiempo escribí una entrada a medio camino entre la historia y la mitología que se llamaba Cartagenas y Carthagos en el mundo. En ella relacionaba algunos de los nombres de mi ciudad, ahora me extenderé más en ello.
Toponimia curiosa
Volviendo al principio, los nombres propios pueden resultar curiosos, interesantes, pero nunca causales. Nunca es «porque sí». Veamos algunos casos.
Hay muchos pueblos, grupos de individuos o lugares que significan -en sus respectivas lenguas- «la gente». Ellos se consideran a sí mismos, la gente. Por ejemplo Canadá significa eso precisamente: «la gente».
La localidad de Palo Alto en California debe su nombre a una secuoya gigantesca que era lo primero que divisaban los españoles cuando volvían de Filipinas por la ruta del famoso Galeón de Manila. Y era lo primero que veían porque la tierra es redonda, mal que les pese a los terraplanistas.
La península del Yucatán se llama así debido a un malentendido muy gracioso. Cuando los conquistadores españoles llegaron le preguntaron a un indígena cómo se llamaba aquello. Lo que -seguramente- le respondió el inca en su lengua fue «Ma’anaatik ka t’ann» que viene a significar «No te entiendo». Pero aquello, que sonaba algo así como «Yucatán», fue lo que entendieron como nombre del lugar.
Paraguay significa «gente nacida a lo largo del río»
Uruguay equivale «río de pájaros», etc.
Y ahora vamos con Cartagena.
Muchos fonemas en diferentes idiomas significan precisamente ciudad. MAST era uno de ellos entre los pueblos iberos que habitaban las península. Si recordamos lo que simboliza el escudo de Cartagena: una ciudad, una fortaleza sobre unas rocas, una península. De ahí que ese MAST, pasase a ser MASTIA, la ciudad, por antonomasia. Y que los pobladores de ella y de sus alrededores fuesen llamados mastienos.
Hay otro nombre que se refiere a Cartagena y que (dicen) aparece hasta en la Biblia. Esto está un poco traído por los pelos pero yo lo pongo porque no cuesta dinero y a la vista de las salvajadas que hacen con la historia los nacionalistas, esto es una cagadita de rata en el arroz, además de que no afirmo que sea verdad, es solo un purparler. En la Biblia aparece una tal Tarsis. Y a Cartagena dicen que también la llamaban MASTIA TARSEION.
La justificación de esto está en que TARTE es una raíz que significa «recinto acotado o amurallado» y el término semítico RSSS es equivalente a «fundir». Pues listo, como aquella ciudad nuestra era rica en metales, especialmente plata, pasó a ser Mastia Tarseion, la Ciudadela de la Fundición, y de ahí a ser la Tarsis bíblica hay un paso.
Según parece, los mastienos eran muy antiguos y cuando comenzaron a pulular por allí una tribu ibera más moderna, los contestanos, absorbieron a los mastienos, la ciudad pasó a llamarse CONTESTANIA. Pero aquello duró menos que un abrazo de suegro.
Por aquí pasaron, pero lo que se dice pasar literalmente, haciendo negocio y tal con fenicios y tartesos, pero sin quedarse, los griegos. Recuerden que aquella Mastia o Contestania era una ciudad fuerte sobre una península. Eso, en la lengua de aquellos griegos masaliotas -o sea, procedentes de la colonia griega de Massalia (Marsella)- era QUERROSENIZO, eso significaba literalmente: fortaleza sobre una península. Y así llamaron a nuestra ciudad. Exactamente igual que a Peñíscola y por la misma razón. O sea que había dos ciudades llamadas del mismo modo.
Tampoco es que durase mucho aquella idea griega y QUERROSENIZO -o Cherrosenizo según otros- pasó de designar a la ciudad entera a una sola de las cinco colinas, la que era realmente una ciudadela fortificada: lo que hoy es el Castillo de la Concepción y que, sentimentalmente, todavía conserva ese nombre griego.
Querronesizo, Esculapio, Eshmún, Castillo de la Concepción (o Castillo de los Patos), que todo es lo mismo.
Llegaron después otros tipos pero, estos sí, con intenciones de quedarse, los cartagineses, que son los que, más o menos, terminaron por dar un nombre casi definitivo a la ciudad, aunque había de pasar por varias metamorfosis.
Los púnicos, al igual que los iberos, tenían una raíz vocal que significaba ciudad: QART. Y también los árabes respetaron más tarde esta voz ligeramente variada como QARTA para referirse a una ciudad, pero lo veremos después, impacientes.
Los cartagineses vieron las posibilidades que tenía aquel emplazamiento y decidieron hacerlo una de sus bases principales (si no la que más) para su expansión por Ispanna (que es como llamaron los fenicios a España, que existía, vaya si existía, o Iberia, que es el nombre que le dieron los griegos. Lo de Hispania fue un poco más tarde, cosa de los romanos).
Sigamos con los cartagineses. Pasaron de otros nombres previos, y el jefe de la cosa, Asdrúbal Barca, llamado también Asdrúbal el Bello, la refundó en el año 227 antes de Cristo y a aquella nueva ciudad la llamó QART HADASTH, o sea, Ciudad Nueva. Podría ser bello pero, imaginativo, lo justo.
Asdrúbal el ¿bello?
Los griegos, que seguían pasando para arriba y para abajo con sus bisnes, tradujeron aquello a su lengua y la llamaban o bien KAINÉ POLIS, o KARJEDON NEA. Negocios, muchos, pero cero complicaciones.
Lo de los cartagineses estuvo bien y fue intenso, pero duró poquito. En el 209 a.C. (Significa antes de Cristo. Lo aclaro porque como a los progres le da sarpullido nombrar a Cristo, ahora empiezan a llamarla «era Común»). Bueno, 209 antes de Cristo llegó Escipión el Africano y aquello dejó de ser cartaginés y pasó a ser romano.
Aunque Carthago fue la bestia negra de los romanos y enemigo a muerte, estos no perdieron el tiempo en borrar nombres ni hacer leyes de memoria histérica de esas ni nada. La llamaron CARTHAGO NOVA, la nueva Carthago. Toma ya. La llamaron eso y más cosas, pero siempre respetando el Carthago. Dado que era una fuente de materias primas valiosas como el esparto, la plata o el escombro, la llamaron CARTHAGO SPARTARIA (especialmente los romanos bizantinos), CARTHAGO ARGENTARIA y CARTHAGO SKOMBRARIA, según lo que estaban esquilmando para llevarse a su tierra. Y todavía no nos han pedido perdón, los tíos.
(Aclaración: el escombro no se refiere a lo que abunda ahora en el casco antiguo de Cartagena; es como se llama también a la caballa, que abundaba en estas aguas y dio nombre a nuestra querida isla de Escombreras. Con la caballa y otros pescados se hacía el famoso garum, en el que éramos primera potencia mundial, por mucho que le pese a Cádiz)
Se fueron los romanos porque llegaron los bárbaros -la cosa es un poco más compleja, pero hay que aligerar o nos darán las uvas, además, los romanos van a volver enseguida, ya verán.
Alrededor del año 500 d.C. (no era Común, no; después de Cristo) estaban por aquí los visigodos. El Imperio Romano se había dividido en dos y el de Occidente había caído. Sólo quedaba en pie el Imperio Romano de Oriente, o sea el de Bizancio o los bizantinos. Aunque ellos nunca se llamaron a sí mismos de este modo. Siempre se llamaron romanos.
El caso es que lo visigodos, después de haber echado a los vándalos, por ser eso, unos vándalos, y mandarlos a África, se habían quedado afincados por aquí. Pero, o no todo el mundo estaba contento con ellos y echaban de menos a los romanos, o es que los romanos (de Bizancio) echaban de menos su imperio de Occidente y habían decidido recuperarlos. El caso es que desembarcaron en la península. ¿Adivinan por dónde? Exacto: Por Carthago Nova.
La Spania de Bizancio.
Aquella provincia se llamó Spania -aunque, recuerden, España no existe o la inventó Franco- y Charthago Nova fue su capital. (¡Cartagena capital de España!) Utilizaron el nombre de CARTHAGO SPARTARIA del que hemos hablado antes y también el de CARTHAGINEM. Cosas de la lengua, esa «m» final del acusativo no se pronunciaba y además el acento estaba en la segunda a. Sonaba así como «Cartágena». Ya nos vamos acercando al nombre actual, aunque todavía falta un poquito.
Aquella Spania bizantina no duró demasiado. Aunque en el 565 estaba en todo su esplendor, Los visigodos fueron recuperando terreno y terminaron por echar definitivamente a los romanos (bizantinos) en el 624.
A los cartageneros no les fue muy bien aquello. Al rey godo Suintila le sentó muy mal la chulería de que Carthaginem hubiese sido la capital de Spania y pasó el rodillo. Parecía como si hubiesen pasado los hinchas británicos después de ganar la Champions League. Dejó alguna piedra sobre piedra, pero pocas, muy pocas piedras.
Llegaron los musulmanes después de derrotar a Don Rodrigo con la ayuda de algunos traidores (costumbre de la casa) y cuando llegaron por estos lares se encontraron poco más que un solar.
Cartagena fue poca cosa durante la dominación árabe, algo más que un poblacho. La llamaron ALCHERONE y al puerto, que había quedado separado de la ciudad, lo llamaron DOBEA. Después, con el tiempo cuando supieron lo que había sido en el pasado, y tomaron conciencia de que era la heredera de la Carthago de África, la llamaron QARTAYANNAT.
Ya les decíamos antes que la raíz QARTA era ciudad. Pero ¿y YANNAT? Hay teorías (poéticas) que dicen que viene de GENNA (paraíso), y que hablaría de una ciudad que era como el paraíso por su belleza, condiciones agradables, etc. Y el caso es que antes acabo de decir que era poco más que un poblado. Sí, pero es que la poesía tiene sus licencias. Además, es que los árabes tenían tres QARTAYANNAT y tuvieron que ponerles apellido para distinguirlas.
Estaba la QARTAYANNAT FRIQUIYA, que era la Carthago de Túnez, la QARTAYANNAT AL YAZIRA, que era la actual Algeciras, y la QARTAYANNAT AL HALFA (que significa la Espartaria, como decían los romanos), esa era la de la Cora de Tudmir, o sea la Cartagena actual.
A mí me llaman Jotaefe porque José Francisco le resultaba a mucha gente demasiado largo. Quizás por la misma causa Qartayannat Al Halfa fue dejando paso a Qartayanna o Cartayanna.
Ánimo que ya llega la Reconquista y encontraremos nuestro nombre definitivo. Más o menos.
Cuando llegaron las fuerzas cristianas a la que entonces era Cartayanna, fue el rey Alfonso X el Sabio el que la llamó Cartageña o Cartagenia, ya que el sonido era el mismo. Poco a poco, con la ciudad ya perteneciendo al reino de Castilla (fuimos algún tiempo «El portillo de Castilla», o sea el puerto por el que asomaba Castilla al Mediterráneo) y el nombre empieza a aparecer como Carthagena, con una «h» de quita y pon, que todavía usamos (o no) cuando hablamos de fútbol y vamos al estadio Carthago Nova.
El caso es que la h del nombre oficial se perdió un buen día y desde entonces hasta hoy somos Cartagena. Pero no se vayan, porque todavía hay más.
Cuando comenzó la conquista de América y el Pacífico por parte de España, o del Imperio Español, como gusten, también empezaron a brotar Cartagenas y Carthagos por el mundo.
Y hubo una hija que se fue haciendo mucho más grande (y todavía lo es) que la madre. Era la Cartagena que hay en Colombia, que fue el principal puerto de envío de mercancías a la metrópoli. Era tan rica que los ingleses la ambicionaban y allí fue donde hicieron el ridículo ante Blas de Lezo, sufriendo la mayor derrota de su historia.
Pero estábamos hablando de que había muchas Cartagenas y aquella se confundía con esta. De modo que la de allá del otro lado del charco, fue bautizada como Cartagena de Poniente, y la de acá, lógicamente, como Cartagena de Levante. Los lugares de salida y puesta del astro rey dieron los nombres.
Después se vio más conveniente llamar a aquella CARTAGENA DE YNDIAS, puesto que era, de facto, la capital de las Indias aquellas que afanosamente buscaba Colón.
Y aquí nos quedamos con CARTAGENA a secas o, cuando hace falta, aclararlo, todavía utilizamos lo de CARTAGENA DE LEVANTE.
Ahora sí hemos acabado. Solamente me queda un agradecimiento que hacer. Una parte importante de lo que hay en esta entrada lo aprendí de D. Juan Soler Cantó, fallecido en 2004, médico, historiador y autor de innumerables libros sobre Cartagena y que, en la Navidad de 1998 tuvo la amabilidad de regalarme y dedicarme su «Historia de Cartagena».
Para empezar, el escudo de armas oficial de la ciudad de Cartagena es el que se describe en la página de su Excmo. Ayuntamiento y dice así:
«El ESCUDO de armas de la ciudad es de forma acaudada. Está constituido por un castillo en oro, con tres torres almenadas: la del centro un poco más elevada; las puertas y ventanas, clareadas de gules. La fortaleza se destaca en campo azul, levantada sobre peñas color piedra, batidas por las azules olas del mar. Su bordura, la componen ocho jaqueles: cuatro donde campea el castillo de oro, en campo de gules; y cuatro con león rampante de gules, sobre campo de plata. Timbra el blasón una corona mural.» También se explica allí que es el escudo que se usa desde 1929, propuesto por el archivero y cronista D. Federico Casal.
Una interpretación más del escudo de Cartagena.
Aunque hubo otros previos, diferentes, y que también se recogen en la página, muy de pasada.
Sin embargo, esa explicación del Sr. Casal no es muy exhaustiva y deja muchos puntos al albur del artista que lo realice. Gules es el color rojo en heráldica, del mismo modo que azur es azul, sable es negro, oro es amarillo, plata es blanco y sinople es verde. Pero no todos los rojos son iguales, como dije en el color Cartagena, de hecho todos los colores tienen infinidad de de tonos.
Pero no es eso solamente. Los leones son de gules (rojo) y no púrpura como lo son en el escudo de España, bien. Pero ¿son uñados y lenguados? Uñados significa que tienen las uñas extendidas y lenguados, linguados o lampsados, que tienen la lengua fuera y de un color distinto al cuerpo. Ese es el caso también del escudo español.
De la bordura no indica el grosor de la misma; podría ser estrecha, ancha, media… Los castillos y los leones ¿han de estar siempre verticales o pueden adaptarse al trayecto de la bordura?
Hay más dudas. Por eso se ven tantas variaciones en los escudos de armas, no ya en el caso del de Cartagena sino en cualquiera. O se dan instrucciones muy precisas o cada uno lo interpretará a su modo.
Pero en el caso que nos ocupa, lo que más me preocupa (es un decir) a mí, es la corona. Se limita a decir «timbra el blasón una corona mural«. Bien, pero ¿de qué color? ¿oro, plata, o piedra, como sí dice de las rocas en que se asienta el castillo central? Y llegamos al punto más importante, a mi entender. Esa corona mural ¿es doble o sencilla? No es una pregunta absurda y se verá por qué.
He leído otras descripciones y representaciones del escudo de Cartagena que me parecen más acertadas, al menos en cuanto a la corona, que debería ser doble.
El cuerpo central es un castillo sobre las rocas batidas por las olas, indicando su fortaleza, tanto por tierra como por mar. Si recordamos cómo era la Cartagena antigua, una península rodeada de agua por todas partes menos por una, se entiende mejor.
C
La península donde se asentaba la ciudad antigua. Los griegos la llamaron Cherrosenizo o Querrosenizo, igual que a Peñíscola, por sus características físicas. Luego, el término Cherrosenizo quedó reservado a una sola de las cinco colinas, la del castillo de la Concepción.
La orla o bordura con las armas de Castilla (los castillos y los leones) se debe a que Cartagena fue durante un tiempo parte directa de Castilla; de hecho la llamaban «Portillo de Castilla» ya que por ella se asomaba el reino castellano al mar Mediterráneo. Cartagena pertenecía a Castilla directamente, sin feudatarios intermedios, eso indica la orla.
Y vamos con la corona. Requiere una explicación que los expertos en las Guerras Púnicas y los aficionados a las Fiestas de Cartagineses y Romanos, conocen muy bien. Los generales romanos otorgaban un premio, una distinción, al primer soldado que entrase en una ciudad de las que los romanos invadían. Ese premio era una corona mural (por la muralla que habían asaltado). El premio era único.
Cuando los romanos tomaron Qart Hadasht (Cartagena en época cartaginesa), Publio Cornelio Escipión, el genial estratega, dispuso que fuese atacada simultáneamente por tierra y por mar. De las tropas que atacaron por mar, el primero que entró en la ciudad fue el legionario Sexto Digicio, a las órdenes de Cayo Lelio. Y de las tropas atacantes por el istmo de tierra fue el centurión Quinto Trebelio, a las órdenes del propio Escipión. Ambos reclamaron el premio y ambos dijeron haber sido el primero.
Ante la imposibilidad de saber quién fue en realidad el primero en saltar la muralla y lo enconado de la disputa, Escipión dispuso que se otorgara una doble corona mural, fue un premio ex aequo. Ha sido la única ocasión en que se otorgó así. Y esa doble corona mural en el escudo indica la integración de Cartagena en Roma y el mundo romano.
Y eso es lo que dice el escudo de Cartagena.
Pero, repito, el escudo OFICIAL es el que utiliza el Ayuntamiento de la ciudad.
Ah, me olvidaba. También se le rodea con unas hojas de laurel y olivo y con la leyenda «Muy noble, muy leal y siempre heroica». Pero eso está, idéntico o con alguna variante, en los escudos de Zaragoza, Sevilla, Bilbao, Tarifa, Mérida, Madrid, Santiago de los Caballeros, Sax, Requena, Jerez de la Frontero, Cádiz, Medina del Campo, Cuenca, Soria, Logroño, y un etcétera larguísimo. Y, la verdad, cuando lo llevan casi todas las ciudades, me dice muy poco.
Dicen que Sevilla tiene un color especial, y seguramente es así, no seré yo quien lo discuta.
Pero tampoco hay discusión en que Cartagena tiene también su color especial: el «color Cartagena» o «rojo Cartagena». ¿Qué color es el rojo Cartagena? Pues el de su bandera.
Bandera de Cartagena, con el color «Rojo Cartagena»
Ya, -dirá el lector- pero… ¿qué rojo es ese? Ay, amigo, eso ya requiere una explicación más larga.
El rojo Cartagena pertenece a la familia de los carmesíes, los cuales no son pocos. Es un rojo oscuro, entre granate y púrpura. Pero empecemos por el principio, el carmesí es un rojo purpúreo o carmín muy vivo. Actualmente se le llama carmesí, pero ha pasado por otros nombres antiguos como cremesino o cármeso, y estos, a su vez, del árabe qarmazí, que significa “del color del quermes”.
¿Y qué es el quermes? Los quermes son insectos a los que les gusta zanganear por unos arbustos mediterráneos llamados Quercus coccifera. Los cuerpos secos de estos insectos se machacan y se obtiene un pigmento de color rojo vivo que se utiliza para teñir tejidos.
Kermes Vermillio
Aunque me exprese en presente, esto era algo habitual antiguamente. No sé si actualmente todavía se hace, supongo que los tintes se obtendrán por procesos químicos. Lo que sí sé es que este proceso antiguo resultaba muy caro por la cantidad de insectos necesarios para obtener litros de tinte. Debido a eso no estaba al alcance de cualquiera y eran reyes, cardenales, gente importante, la que podía permitirse estas telas.
No era un caso único el del quermes. Por ejemplo, de la grana cochinilla, otro insecto parásito del nopal se obtenía otro rojo carmín que, combinado con otros productos ácidos como el limón, cambiaba a otros tonos rojos, y si se mezclaba con productos alcalinas se tornaba morado o púrpura.
Cualquier tela de color rojo vivo o escarlata puede considerarse carmesí. Entonces, si hay tantos colores de la misma familia: escarlata, granate, bermellón, morado, púrpura… ¿cuál es el carmesí que nos ocupa?
He recogido aquí algunos pocos ejemplos de carmesíes, entre ellos el Cartagena. Pero hay muchos más
Isaac Newton dijo que había 7 colores, aquellos en que se descomponía la luz blanca; pero en realidad hay cientos de miles, otros hablan de millones y algunos dicen que infinitos. Sin irnos tan lejos, el sistema Pantone tiene registrados 2.161 colores para las artes gráficas y otros más para el mundo de la moda y la decoración. Y cada uno tiene un código.
Decir que la bandera de Cartagena es de color carmesí es decir bien poco, puesto que hay decenas de banderas con un color carmesí distinto al nuestro. El color Cartagena se normalizó como Pantone 202 C.
He tomado una foto a mi catálogo de colores Pantone para marcar el que nos ocupa: el color «rojo Cartagena»
Luego hay otros problemas añadidos como es que los colores en banderas, fotos, etc. van cambiando por el efecto del sol, el envejecimiento, la humedad… y lo que era un Cartagena se puede convertir en un morado o lila pálido. Pero, eso, como se dice habitualmente, es otra historia.
Seguramente, lector, ha oído usted alguna vez la expresión «ves menos que Pepe Leches». ¿Quién era o fue ese «Pepe Leches»? Para unos no existió, para otros sí, hay varios versiones, que puede encontrar en este enlace, muy bien explicadas.
Pero en Cartagena, al que es miope, se le dice que «ve menos que el Cheche». Y ese sí que existió, ya lo creo. Yo lo conocí personalmente.
Al que no tiene claro lo que ve, en Cartagena es que «ve menos que el Cheche»
Sin embargo el Cheche no tenía un problema especialmente serio de visión. Era un jugador de fútbol, de nuestro Efesé, y ponía pasión en su cometido.
En una ocasión, cogió el balón y se lanzó furioso hacia la portería con la clara intención de hacer gol. El problema es que iba lanzado contra su propia portería, cabeza gacha y como una locomotora, sin oír las advertencias que le llegaban de jugadores y público.
Al final, tuvo que ser su propia defensa la que tuvo que entrarle con dureza y hacerle falta para cortar aquel peligro.
Desde entonces, al que no ve lo que tiene delante, en Cartagena se le dice que «ve menos que el Cheche«.
En este mundillo de las frases hechas o los dichos, que tanto da, es un auténtico lío con más versiones que las explicaciones de Fernando Simón sobre el uso de las mascarillas del virus chino.
El hambriento perro del Tío Alegrías
Hace unos días dije que tenía (yo) más hambre que el perro del Tío Alegrías y me preguntó mi mujer qué expresión era esa. También ella es cartagenera, y de una edad similar a la mía, pero todas estas expresiones chuscas o típicas, de aquí y de otros sitios, se van extinguiendo lentamente y suelen sobrevivir un docena mal contada que conoce todo el mundo y que, con ellas, ya creen estar doctorados en el habla típica local.
Volviendo a mi mujer, le expliqué entonces y repito ahora, que depende el sitio, el citado can tiene unas características u otros. Por ejemplo, en la zona de Valencia, el Tío Alegrías era vecino de un pueblecito llamado Benagéber, de escasa población pero famoso por su embalse. Y aquel vecino tenía un perro que utilizaba para cazar, pero con la particularidad que cuando saltaba la liebre, al chucho le entraban ganas de mear o de cagar -con perdón- y esa inoportunidad hacía que perdiese la presa.
La versión que nos quedamos aquí, en Cartagena, es que el tal Tío Alegrías era un pobre (hoy se diría una persona en riesgo de exclusión o cercana a estar bajo el umbral de la pobreza) o un tío rácano, vaya usted a saber, que tenía un perrito que pasaba mucha hambre.
También se dice a veces «pasar más hambre que el perro de un gitano», pero supongo que estará ya o a punto de estar en la lista de las expresiones prohibidas por la nueva Santa y Progre Inquisición, ya que tiene connotaciones racistas o étnicas.
Se puede sustituir por «más hambre que el perro de un ciego», aunque los perros de los ciegos ya no viven ahora como vivían hace años, afortunadamente, o «más hambre que el perro de un afilador», lo que tampoco sería muy acertado, ya que apenas hay afiladores, los pocos que se ven van motorizados y no llevan perro y, lo que es peor, podría caerte una denuncia del Sindicato de Afiladores (si es que existe) por ofensas, ya que ahora nos ofendemos todos por todo.
Por cierto, en Granada, la expresión del perro del afilador es más larga y con más gracia. Dice «pasas más hambre que el perro del afilador, que se comía las chispas para comer algo caliente».
Yo voy a seguir utilizando la expresión «más hambre que el perro del Tío Alegrías», en primer lugar porque soy cartagenero, y en segundo porque tiene menos inconvenientes que las demás.
Salvo que existan los descendientes del Tío Alegrías y me pongan una demanda por ofensas, claro.
En el habla de Cartagena se puede decir de varios modos: «quedar arrinche«, «estar arrinche«, «quedar en arrinche«, pero el significado es estar canino, dicho en modo coloquial, o estar sin dinero, dicho en forma correcta.
Tal y como galopa la crisis económica actual, la más grande de las últimas décadas, y dada la ineptitud gubernamental, es lógico pensar que quedaremos todos arrinche. Todos salvo ellos, claro.
Quedar en arrinche también se aplica a ser penalizado y perder turno y oportunidad en algún juego.