Desde El Molinete, con amor

También podría titular «Desde el monte de la Ciudadela de Asdrúbal» (Mons Arx Asdrubalis). En él construyó su palacio Asdrúbal el Bello, y es una de las Cinco Colinas de Cartagena.

Otra de las colinas es la que se ve al fondo, se llama Monte de Eshmún o de Asclepio (Mons Asclepii), donde se edificó un templo a Esculapio. Ahora se llama Monte de la Concepción, aunque también hay quien le llama Cherrosenizo. Otros le llamamos todavía «El Castillo de los Patos«.

¡¡Cuantos nombres ¿verdad?! Es lo que tiene contar ya tres mil años de historia.

Mi autohomenaje de despedida.

Después de una vida laboral prolongada, afortunadamente, he asistido a bastantes; muchas, diría yo, despedidas a compañeros que se han ido retirando.

En algunas de ellas he tenido una participación bastante activa como organizador o amenizador por mi afición a dibujar y hacer caricaturas, diseñar carteles y demás cosas similares.

Algunos de ellos se han llevado, además de otros presentes, mis dibujos como recuerdo.

A primeros de marzo del pasado año 2018 despedimos a un compañero y estuvimos unas 30 personas o más.

Al final de ese mismo mes fui a mí a quien le tocó decir adiós a la vida laboral. Había llegado la (creo que) bien merecida jubilación, tras 46 años y 12 días de haber estado cotizando a la Seguridad Social.

Pero esa jubilación es lo único que llegó. No llegó homenaje, ni despedida, ni unas palabras emocionadas o no, ni unas lágrimas, de cocodrilo o de pavo real… nada.

Como si nunca hubiese pasado por allí. ¿Por qué? No lo sé. No conozco ningún motivo que lo explique. Confieso que, durante un tiempo, lo he estado pensando, sin quitarme el sueño, claro, y no he encontrado un motivo para tener el dudoso honor de ser el primero al que se le da esa patada simbólica.

Después de unos meses de silencio y de no alcanzar a comprender el desprecio, decidí que había de pasar página y la mejor forma era hacerme yo mi propio homenaje de despedida. Así que pasé por los chinos y me compré el regalo: un par de magníficos bolígrafos de 4 colores. Siempre me han gustado las cosas de pintar y escribir. Eso de “gustar más que a un tonto un lápiz” creo que lo crearon por mí. Al tratarse de una ocasión tan especial pensé que merecía la pena estirarme un poco y aunque desequilibré mi presupuesto, hice el increíble gasto de 0,95 €.

Amigos imaginarios para un autohomenaje de despedida. ¿Con un par? No, mejor con una docena.

Como una despedida sin amigos no es despedida ni es ná, ya que no los tenía, me los inventé. Si algunos niños tienen amigos imaginarios, a ver por qué yo no puedo tenerlos, de modo que me los hice. Hace unos siglos, a las brujas y a los herejes la Inquisición los quemaba cuando los atrapaba, pero cuando no estaban físicamente, construían un muñeco y los quemaban en efigie. Y como yo estaba quemando una etapa también me construí unas efigies de amigos imaginarios. ¿Con un par? No, con muchos.

En el menú volví a tirar la casa por la ventana. Me fui al bar, hubo cerveza 0,0º por todo lo alto y una rica marinera, para que el nombre me recordara a mi empresa, tan relacionada con la mar.

Una marinera en la despedida. Y cerveza 0,0 para que no se me subiera a la cabeza tanta emoción y tanto cariño de mis amigos.

Como mis amigos imaginarios eran de pocas palabras y no habría discursito, cogí el periódico del día y leí un par de noticias. El periódico era El Mundo, así que, todo el mundo contento.

Y ya quedó todo atrás. Sigo sin saber el por qué, pero ahora, ya, ni lo sé ni me importa.

NOTA POSTERIOR:

Cuando escribí y publiqué esto en mi blog y en Facebook, el 29 de enero de 2020, parecía (y yo mismo lo llegué a pensar) que sólo tenía amigos imaginarios, que no los tenía de carne y hueso, ya que los compañeros de trabajo me habían hecho tal desprecio. Pero me equivocaba. No es que no tuviese amigos, es que eran otros y estaban en otra parte.

Además de los comentarios que empezaron a llegar a mi publicación, se sumaron las llamadas telefónicas de amigos (esos sí) ya jubilados, o en activo pero en otros departamentos de mi misma empresa. El comentario más frecuente fue «vergüenza ajena».

No solo eso. También me organizaron una comida homenaje amigos del Arsenal militar, a la que asistí con mucho gusto y me ayudó a eliminar el sabor amargo que me había ido quedando.

Y hubo más: otro grupo de compañeros de mi propia empresa, pero de otro departamento, me llamaron para anunciarme otra comida de homenaje. Y en esas estábamos, a finales de febrero, cuando llegó el COVID y se fue todo al garete. Aplazada está sine die. Pero ya da igual, se celebre o no se celebre, lo importante fue el gesto.

Y si vergonzoso fue el de unos, bonito y de agradecer fue el de otros.

La pájara

Dicen que todos los equipos -de fútbol- sufren una pájara, o dos, a lo largo de la temporada.

Mi equipo, el FC Cartagena, también. Y parece que suele llegar entre febrero y marzo. Se ve que la pájara esa es ave migratoria y tiene sus fechas, o qué sabré yo.

El caso es que estamos en Enero y la pájara ya ha llegado. El Efesé ha vuelto a perder, esta vez con el poco boyante Sevilla At. y ha visto volar el liderato. Como la pájara.

Calle La Mancha

Las fotos hechas con el móvil no son las más deseables, tanto por la calidad como por el formato, pero hay ocasiones que no hay que dejar escapar.

En realidad no es la calle La Mancha, pero debería serlo.

Iba con mi mujer por la calle Tierno Galván, en Cartagena, y lo vi allá al fondo, recortándose contra el cielo temprano, y me sentí Don Quijote ante un gigante.

Tampoco es un molino propio de La Mancha, sino uno típico del campo de Cartagena, especie singular y única en España. Dicen que lo más parecido se encuentra en la isla griega de Mikonos, no sé si será verdad.

El caso es que por unos momentos me volví el caballero de la triste figura, pero no lanza en ristre, sino con móvil.

Recuerdos navideños

Mis recuerdos navideños están llenos de olores, sonidos e imágenes variopintos. La mayoría agradables, y alguno un poco siniestro.

Entre los primeros están las tortas de Pascua que hacía mi madre, y su aroma, el sonido de los villancicos (todos en español, claro, el inglés no había llegado aún), el belén y sus figuritas de barro desportilladas, con el río hecho de papel de aluminio y el lago con un espejito.

Pero

Guardar

Copia de una tarjeta de Ferrándiz

Lo que hoy me ha despertado esos recuerdos son las tarjetas navideñas (entonces las llamábamos «crismas» por el Christmas inglés, y a mí me causaba perplejidad que denominase así a lo que se rompía uno cuando se caía por unas escaleras pero, en fin) y, entre ellas, destacaban los dibujos de Ferrándiz, el auténtico rey de la Navidad.

No he podido resistir la tentación de coger alguna de las que conservo y copiarla. Mejores, mucho mejores son las originales, qué duda cabe. Pero redibujarlas, fijarme en cada detalle, comprobar la complejidad y dificultad de cada trazo además de su belleza, me permite disfrutarlas mucho más que sólo mirarlas. Y ahí está de nuevo D. Juan Ferrándiz Castells, que falleció en 1997, que sigue ayudándome a disfrutar de la Navidad.

Especial ternura recuerdo a las bolas de adorno para el árbol, que iba a comprar con mi hermana. No sé si decir bolas o bola, en singular, porque el presupuesto de cada año no nos alcanzaba para más, y eso obligaba a elegir bien, pasando muchos minutos con la nariz pegada al cristal del escaparate, meditando y discutiendo la compra. 

Aquellos objetos eran muy bonitos, al menos a mí me lo parecían, y muuuy frágiles, y eso ya no era opinión mía, era una realidad incuestionable. Eran de cristal, fino y delicado. Iban en cajitas con serrín o virutas de madera como embalaje y, aún así, se rompían con mirarlas. 

He dicho que también había algún recuerdo siniestro, y es verdad. Ese era el buche del pavo, que mataban por Navidad las familias que se podían permitir hacerlo y que a veces se entregaba a los niños, inflado como un globo, para jugar con él. Y con las plumas nos hacíamos tocados de jefe indio para jugar.

Siniestro sí que era, pero no se puede negar que entonces se reciclaba mucho más que ahora.

A este equipo le falta algo

A este equipo le falta algo.

Hacía tiempo que no dibujaba nada del Efesé. No me apetecía, son muchas decepciones seguidas. Creo que fue hace más de dos años cuando hice algo en este blog.

Hoy el Murcia le ha ganado por 2-0 pero lo peor no ha sido la derrota, que ya es mala perder con los pimentoneros, sino cómo se ha perdido.

 

Tras ver el partido, la impresión es de que al equipo le falta algo. Y oyendo y leyendo los comentarios de la afición, la opinión es unánime. Los aficionados le están enviando un recado. Todavía son líderes, pero…

¿Quién es el julay?

Para empezar, «julay», formalmente no existe, porque la RAE no reconoce el término.

Sin embargo, sí que es un término utilizado coloquialmente, y el significado común es el de individuo incauto, alguien fácil de engañar. Tiene una segunda acepción, menos extendida y que va cayendo en el desuso y es el de homosexual, refiriéndose únicamente al hombre.

En Cartagena también se usa pero, cómo no, con un significado totalmente opuesto al de uso común. Y, en este caso, totalmente es lo que se dice totalmente.

Imitando a los maestros tras las elecciones municipales

A la hora de dibujar, siempre me gustó imitar a los maestros. Al menos, a los que yo consideraba maestros.

Cuando se celebraron las elecciones municipales, el 26 de mayo de 2019, ganó en Cartagena mi candidato favorito: Pepe López. O Superlópez, como le llamamos algunos paisanos. Aquello me dio la oportunidad de imitar a Jan y recrear a su famoso superhéroe.

No es un pájaro, no es un avión, es Superlópez.
Superlópez, volando sobre la cúpula del Ayuntamiento.

Pero la victoria no fue por mayoría absoluta y se precisaba pactar; sin embargo, en el resto de partidos no estaban por la labor.

Recordando a Perich
Noticias del 5º Canal

Aquello me dio la oportunidad de imitar a mi admirado Perich y sus «noticias del 5º Canal».

López no lo tenía fácil al no haber ningún medio de comunicación afín a su postura. Todos estaban «copados».  Aquello lo reflejé otro día imitando el estilo de Forges.

Los blasillos comentando la actualidad cartagenera.
The Truth y su tradicional enemistad hacia López

Hubo un momento en que la candidata popular parecía estar a punto de conseguir el bastón de mando. Aquello lo dibujé con el estilo sencillo y naif de Gila, el gran Miguel Gila.

Finalmente se fraguó, a nivel local, un gobierno Frankenstein, formado por socialistas, populares y ciudadanos. Todos recordamos el «pacto de la servilleta» que permitió formar gobierno en las elecciones anteriores a Movimiento Ciudadano y PSOE y que había llevado a gobernar dos años cada uno, alternándose.

Ahora era algo parecido pero todos contra López, los enemigos tradicionales se unían para evitar que el candidato más votado gobernara. Para aquella ocasión, recurrí a imitar el estilo del, quizás, más grande de todos: Antonio Mingote.

Finalmente, el pacto del papel higiénico se llevó a cabo y el PSOE formó otro gobierno Frankenstein con PP y Ciudadanos.

Nota de Agosto 2019

Tan anti natura fue aquel pacto, que el PSOE terminó expulsando tanto a la alcaldesa como a los concejales que lo perpetraron.

Palaya del Mar Menor

Palaya del Mar Menor.  No, no es una errata. Cierto que son famosas las playas del Mar Menor pero hoy no hemos venido a hablar de playas sino de palayas.

Lenguado común, o solea solea, pero dicho en cartagenero.
Palaya

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Mi amigo Leonardo

Se llamaba Leonardo Bódalo Gabarrón, y fuimos amigos desde que nos conocimos hasta que falleció. Además, fuimos compañeros de trabajo, desde que yo entré a trabajar en Bazán hasta que se jubiló.

La primera caricatura que le hice, por los años 70.

Ahora el que se ha jubilado he sido yo y, por casualidad (o no, vaya usted a saber) me he  encontrado un sobre añejo entre mis papeles, esos que ya están amarillentos; como cantaba Serrat son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas, en un rincón, en un papel o en un cajón…

He mirado en su interior y algo de lo que había ya lo sabía y lo esperaba, pero otras cosas las había olvidado.

Había varias caricaturas de las que le hice durante el mucho tiempo en que convivimos. Era un caricatura con la mala leche cartagenera correspondiente, aunque se lo tomaba muy bien y se limitaba a rezongar «joder con el zagalico este». Subido en un taburete para resaltar su baja estatura (la física, porque en la otra era un gigante), con su eterna cartera donde llevaba de todo, desde el bocata de media mañana, su pluma estilográfica con tinta verde siempre, o sus postales de las que era representante.

Bueno, lo cierto es que lo del bocata no es exacto. Sí que llevaba su tentempié, pero no era nunca un bocata. Tenía mucha clase nuestro Leo para ir comiendo bocadillos. Chiquito pero dandi.

Esta otra se la hice unos años después, y ayuda a ir definiendo más al personaje. El meterme con su estatura lo hice en esta ocasión mediante la corbata que arrastra por el suelo.

Aparece de nuevo su eterna cartera, pero aquí se dan más datos, como el de ser también representante de la Sociedad de Autores. Eran decenas de anécdotas las que nos contaba sobre su persecución a los piratas del mundo artístico, el musical especialmente. Leonardo Bódalo era hombre de teatro, al que amaba profundamente, independientemente de su vinculación con la SGAE. Por eso los libretos de Lope, Calderón, etc.

Una nueva caricatura de Leonardo, siendo ya más mayor.

Y aparece un nuevo elemento importante: su vinculación con la Semana Santa de Cartagena. Era presidente de la agrupación marraja del Descendimiento, en la versión corta o de amigos, y en la oficial «Agrupación del Santísimo Descendimiento de Cristo y Paso de la Primera Caída» (uf). Y esa extraña y perversa vinculación que tiene la lluvia con los marrajos quedó reflejada en la puñetera nube de Viernes Santo que aparece lloviéndole a mi amigo.

Le diseñé muchas tarjetas de felicitación navideña para su agrupación, que hacía en imprenta cada año, religiosamente, y tenía que ser distinta y original siempre. En el sobre que me ha asaltado he encontrado varias, todas ellas de las últimas. No he visto ninguna de las antiguas, quizás aparezcan algún día en otro cajón. La más reciente que he encontrado es la de la navidad de 2005, no recuerdo si hubo alguna posterior. Cuando dejó el cargo cesaron mis colaboraciones en este apartado.

Felicitación que diseñé para el Descendimiento – navidad 2005 – año nuevo 2006

Y ahora damos un salto atrás y del 2005 volvamos a 1986, que fue cuando se jubiló Leonardo. Para aquella ocasión hice una nueva caricatura, en la que aparecía también nuestro jefe Juan Para Blázquez, ya que se jubilaron al mismo tiempo y la comida homenaje fue para los dos, en el Restaurante Mare Nostrum.

Caricatura que incluí en la tarjeta que diseñé para la despedida de Juan Para y Leonardo Bódalo.
Anverso del tarjetón-menú de la comida de despedida. Como se dice, es versión para iniciados, porque el extraño nombre de cada plato tenía su historia y su explicación.

Y voy a ir cerrando este homenaje a mis dos compañeros y amigos, porque son recuerdos, siguiendo con las canción de Serrat… que te sonríen tristes y  nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.