No lo han pillao con el carrito del helao, sino con el de las chuches.
Tengo especial cariño a esta calle ya que la visitaba casi a diario durante una parte de mi vida, cuando trabajaba para Publicidad Cros, que entonces tenía allí su domicilio.
Origen del nombre de Calle del Conducto
Tomó su nombre por un conducto que recogía las aguas procedentes de la calle Santa Florentina, que entonces era una rambla (y que a su vez recogía las aguas procedentes de la Serreta) y las vertía en la calle Real.
Maror no está, no. No la busquen en el diccionario de la RAE porque no la van a encontrar en la lengua castellana.
Sin embargo, es una palabra cartagenera que sí que existe en otros idiomas. Por ejemplo, en el catalán, en donde significa mar con olas que oscilan entre 0,5 y 1,25 metros.
De origen catalán. Vaya por Dios
Y el habla de Cartagena, que es tributaria de diferentes zonas de España, ha tomado esta palabra «maror» del catalán para referirse a la marea u oleaje pero… en el Mar Menor.
Seguramente, el que se refiera a olas más bien modestas (entre medio y metro y medio de altura, aproximadamente) viene bien para un mar que, como su nombre indica, es pequeño.
Sus olas también son de talla bajita y muy difícilmente alcanzarán la altura del maror catalán.
También existe maror en hebreo para referirse a una planta de sabor amargo y que se consume en determinadas festividades, pero no es el caso cartagenero.
No era una estación; era, como su nombre indica, un apeadero. Un lugar para bajarse del tren antes de llegar a Cartagena o para tomarlo, al poco de haber salido de la ciudad trimilenaria.
Es un lugar al que le tengo especial cariño. Mi calle daba por un extremo a él y allí, en la plaza que había a sus espaldas, he jugado mucho al fútbol.
También allí me fastidié el menisco, pero pelillos a la mar.
Inauguración del apeadero
Tuvo su época de vigencia, claro, pero no le recuerdo nunca una intensa actividad. Quizás al principio, no lo sé.
Paso a nivel Barrio de Peral – 1973
Lo que sí sé es que su existencia estuvo vinculada al paso a nivel situado a unos cientos de metros de él, en dirección a Cartagena. Aquel maldito paso a nivel, que dio muchos sustos hasta que un día dio algo más.
Un punto negro en la red de ferrocarriles
Eso fue el accidente ocurrido el 21 de Noviembre de 1979 En él falleció, además de otras cinco personas, mi amigo y compañero de trabajo Enrique López Belmonte, persona bien conocida en Cartagena por ser fundador y alma mater del equipo de fútbol E.F. Esperanza.
Desde que tuvo lugar la tragedia se hizo aún más patente el despropósito de aquella vía de tren atravesando la población y repercutió, como no, también en el apeadero.
Último tren a su paso por Barrio de Peral: 21 Noviembre 1998
Decadencia y cierre del Apeadero de Barrio de Peral
Todavía pasó mucho tiempo en que estuvo presente aquel peligro, pese a las protestas vecinales, hasta que el día 21 de Noviembre de 1998, justo 19 años después de aquel luctuoso hecho, pasó el último tren por el Barrio de Peral.
El apeadero, cerrado y deteriorado.
El apeadero cerró bastante antes que el paso a nivel. Los trenes ya no paraban allí, y se fue deteriorando.
Vías fuera. Vía verde de Barrio de Peral
Finalmente, también se eliminaron las vías del tren y aquello se convirtió en una vía verde para uso y disfrute de los vecinos.
«Estoy tan acostumbrado a perder que cuando gano me cabreo», repite a menudo un buen amigo.
Se refiere, sobre todo, al fútbol, a nuestro desafortunado equipo el Efesé, que acumula tantos infortunios o más que el «pupas» Atlético de Madrid, aunque no seamos tan famosos.
La frase la hace extensiva mi amigo a otras pérdidas que atañan a la ciudad en general, porque también pierde, perdemos todos, con bastante frecuencia.
Algunas veces, claro, también ganamos, aunque sea al mar.
Dársena de botes antigua.
Cartagena no siempre pierde
Por ejemplo, la antigua Dársena de botes hoy esta ocupada por la Plaza de los Héroes de Cavite (aproximadamente) en un terreno que se ganó el mar.
Terreno ganado al mar.
En la dos fotografías -que tienen bastantes años de diferencia- puede verse la misma zona aproximada.
Antes y después de ganar al mar esos terrenos. Para que no podamos decir que Cartagena siempre pierde.
Adarve, palabra de origen árabe, significa «protección, defensa, muro de una fortaleza», y esta calle tomó ese nombre ya que parte de ella la formaba la muralla que protegía a Cartagena.
Golisme no significa literalmente lo que dice el título, que haya de ponérsele la comida en otro lugar. La titulación del post, haciendo una pirueta, indica que esa palabra tiene un comportamiento un tanto extraño.
Veamos, en el habla de Cartagena hay infinidad de palabras relacionadas con el comer (mucho, poco, rápido, sin orden, etc. etc.).
Parece que nuestros abuelos valoraban mucho ese acto, el de comer. Quizás porque no lo practicaban todo lo que deseaban o necesitaban y por eso aparece tantas veces.
Difíciles de contentar a la hora de comer, eso son los golismes.
La palabra que viene en esta ocasión al blog, golisme, sirve para referirse a los niños o no tan niños, que son difíciles para comer. Esos a los que no les gusta casi nada o comen muy poquito.
Hay otra palabra cartagenera que viene a significar lo mismo: lambrijo. Aunque hay alguna pequeña diferencia. Mientras que ambas valen para explicar que al sujeto en cuestión no le vale cualquier cosa a la hora de comer.
Sin embargo el término lambrijo suele conllevar, además, que el comer poco ya se va viendo en el interfecto y tiene pocas carnes, está escuálido. En cambio, el golisme, puede estar de buen año, no es incompatible.
Por qué hay que echar de comer aparte a Golisme
Pero el encabezado de esta entrada que apunta a que golisme es una palabra un tanto extraña (aún más) y es por su comportamiento al conjugarla. Porque, sí, también la convertimos en verbo y todo.
Lambrijeartiene un comportamiento normal, equivale a comer de mala manera y escasamente, lo que se corresponde con el sustantivo lambrijo. Pero golismear (que también lo tenemos, por supuesto) da un giro. Puede significar tanto olisquear físicamente como entrometerse en asuntos ajenos.
Y aún da para más; se emplea igualmente para referirse a quien come mal. Pero no poco o cosas muy especiales, sino abundantes golosinas, caprichos y «chuches». Quizás por eso, el golisme no tiene porqué estar delgadito, como ocurría con el lambrijo.
Y es que el habla de Cartagena, además de ser tan peculiar, tiene tantos matices…
Enza, una palabra que solamente existe aquí. Y así lo recoge el diccionario de la RAE.
Trampa para incautos
También dice la RAE, en su primera acepción, que es inclinación o afición y, si lo dice ella, ha de ser verdad, aunque después de aceptar «iros» como imperativo de ir, con el argumento de que lo dice mucha gente, lo cierto es que ya para mí ya no es lo que era. La tengo en cuenta, sí, pero sin el respeto que me inspiraba antes.
Enza, en Cartagena
Pero a lo que iba; que dice la Real Academia que es un murcianismo y, seguramente, que enza sea afición o incinación en Murcia debe ser así, pero no lo sé por mí mismo.
Yo soy cartagenero y lo que sí sé en primera persona es que en mi tierra la segunda acepción de doña RAE sí que se da. Es sinónimo de cebo, señuelo, reclamo.
En realidad la palabra «valón» o «valona», no es extraña para nada. En el diccionario de la RAE se encuentra y con muchas acepciones, ya sean los naturales de una parte de Bélgica, ciertos calzones anchos de siglos pasados, cuellos de ropa grandes antiguos, etc.
Valona
Misteriosa palabra
Lo que ya no está tan claro o, mejor dicho, nada claro, es por qué en el habla de Cartagena se llama así a la copa o parte alta de la palmera.
Ensillao, así tal cual, no está registrado por la RAE. Bien dicho, o sea, ensillado, sí que lo está; pero ninguno de los significados que tiene se corresponde con el habla de Cartagena.
Porque para la RAE un ensillado puede ser una caballería (o una persona, aunque esta figuradamente) con el lomo hundido. Y también podría ser un hundimiento suave en el lomo de una montaña, que tienen lomo las montañas por si alguien no lo sabía.