Más exactamente, es el faro de Navidad, en el puerto de Cartagena.
Si sumamos los hechos de que la fecha que más me gusta es la Navidad, que mi color preferido es el rojo, que la profesión que me habría gustado tener es la de farero y que no cambiaría mi ciudad por ninguna otra del planeta para vivir… queda claro que este lugar tiene para mí un valor especial.
Del mismo modo que a Miguel Hernández se le murió su amigo Ramón Sijé, a mí se me ha muerto mi amigo Juan Mediano, que estará en los cielos.
Compartimos muchas cosas, fuimos compañeros de trabajo además de amigos, e hice muchos dibujos para él. Gran parte de las portadas de sus libros las dibujé yo. Y el dibujo que le hago hoy, con todo el cariño y respeto, como homenaje, supongo que será el último.
Juan Mediano, presentándose a San Pedro
Como habrá mucha gente que contará como era, yo prefiero contar cómo imagino que es ahora, porque lo conozco.
Habrá llegado al cielo todo serio y formal, porque a circunspecto no le gana nadie. Se habrá presentado a Pedro Marina Cartagena. Igual hasta se ha puesto pajarita y, si hay zona de fumadores allí, habrá sacado la pipa.
De entrada pensarán que es aburrido, por lo formal. Pero en cuanto abra la boca, sabrán lo que es la coña de un cartagenerico, que ríase usted de la famosa retranca gallega.
Hablará y no parará de cosas de su tierra, que es la mía, Cartagena, poniéndola por las nubes, aunque eso le resultará fácil ya que es donde está ahora mismo.
Escribirá pronto en «El Eco del Cielo» o como se llame la prensa de allí. Hablará por «La Voz de la Eternidad» o cualquier otra emisora celestial. Narrará historias y anécdotas que ya quisieran los Hechos de los Apostóles, con perdón.
Y no me extrañaría que en el futuro aparezca un nuevo evangelio, apócrifo, sí, pero evangelio, donde al final alguien firme: «Simplemente Juan».
Bueno, amigo Juan, nos vemos. Pero no corre prisa.
España la creó un cartagenero. Vale, de entrada resulta chocante. O provocador. Vamos, que es mentira. O, mejor dicho, casi mentira, porque un porquito de verdad sí que tiene. Veamos por qué.
Para empezar, tenía ganas de escribir sobre esto desde hace tiempo, desde que le leí a un buen amigo decir algo así como que «España en realidad no existe». Sí, dijo eso, y a pesar de ello seguimos siendo amigos. Cosas de la amistad.
San Isidoro de Cartagena y las teorías modernas sobre la «nación de naciones» y gilipolleces varias.
Con esa manía de reescribir y tergiversar la historia que tienen los progres y los indepes; la verdad es que yo a veces no los distingo unos de otros, como van juntos hasta a mear, te encuentras día sí y día no -en Cartagena diríamos «un día sin otro», pero no quiero desviarme- con que todo lo de mérito es de su pequeña nacioncita.
Bueno, pues si cada uno dice la burrada que quiere ¿por qué no iba yo a decir que España la creó un cartagenero? Cuando, además, un poco de verdad sí que tiene.
Isidoro de Cartagena
Ese cartagenero fue Isidoro de Cartagena, o San Isidoro, aunque se le conoce por el «mote» de Isidoro de Sevilla. Pero vayamos poco a poco.
A Leonardo da Vinci se le llama así porque nació en Vinci, aunque su principal obra la desarrolló en Florencia y otras ciudades de Italia ¿verdad? A Pitágoras de Samos se le conoce de este modo por nacer en Samos aunque vivió en Crotona, a San Francisco de Asís… sí, lo han adivinado, nació en Asís.
Pero en el caso de mi paisano Isidoro, no. Nació aquí, junto con sus cuatro hermanos; de los cuales otros tres (Leandro, Fulgencio y Florentina) además de él mismo, que fue el menor, fueron santos. Y la otra hermana, Teodosia, no llegó a santa, pero le faltó poco. Eran hijos de del Duque (Dux) Severiano.
Todo esto, si le interesa, puede verlo con más detalle en este otro post que escribí hace tiempo sobre el Duque Severiano.
El caso es que, como explico allí, por razones políticas, la familia, que eran godos por parte de padre e hispanos por parte de madre, tuvo que marcharse de Cartagena, ya que la ciudad pasó a estar bajo el poder del imperio Bizantino. Y se fueron a Sevilla. Y no perdieron la silla ni nada de eso, al contrario.
El hermano mayor, Leandro, llegó a obispo de Sevilla y, a su muerte, le sucedió nuestro Isidoro de Cartagena. Y a partir de ahí, que si Isidoro de Sevilla por aquí, que si Isidoro de Sevilla por allá, hasta hoy. Y no hay quien lo cambie, oiga.
Pero voy a intentar centrarme de nuevo. No voy a intentar describir aquí los logros, los méritos y la influencia de Isidoro en todos los campos del saber: historia, teología, ciencias naturales, derecho, retórica, matemáticas, música, medicina…
Y además, política. Porque intervino en TODO lo importante que ocurrió en España -sí, he dicho España- de entonces, y en lo que ocurrió después. Participó en concilios, intervino en la conversión de Recaredo al catolicismo con lo que conllevó eso: la unificación de España -sí, he vuelto a decir España- y, además escribió sus famosas «Etimologías» que resultaron un compendio de todo el saber hasta entonces. Una especie de Enciclopedia a lo bruto.
Vamos que Isidoro de Cartagena hizo que, mientras que Europa se hundía en un páramo cultural y político dividida en pequeños reinos, en España -otra vez, lo he dicho otra vez- brillaba y se unía como la primera nación.
No voy a entrar al trapo de distinguir nación, país, estado, etc. Ya sé que los estados modernos tal y como los conocemos ahora surgieron tras la revolución francesa, pero que España era una nación, vamos que si lo era. Y lo es.
Y aunque aquella -que es esta- bendita tierra se había llamado Hispania por los romanos, pero no era todavía una nación, sino una provincia del imperio romano, cuando se constituyó una unidad independiente alrededor de la monarquía gótica, ya se llamó España. Y fue Isidoro de Cartagena el PRIMERO que utilizó ese nombre. Por eso el título provocador de este post.
Sobre la alabanza a España
Como también le daba a la Historia, Isidoro escribió la «Historia de los Godos» y el prólogo a esa obra fue «Sobre la alabanza a España» Aunque sea un poquillo largo, lo voy a copiar íntegro aquí:
«Eres, oh España, la más hermosa de todas las tierras que se extienden del Occidente a la India; tierra bendita y siempre feliz en tus príncipes, madre de muchos pueblos. Eres con pleno derecho la reina de todas las provincias, pues de ti reciben luz el Oriente y el Occidente.
Tú, honra y prez de todo el Orbe; tú, la porción más ilustre del globo. En tu suelo campea alegre y florece exuberancia la fecundidad gloriosa del pueblo godo.
La pródiga naturaleza te ha dotado de toda clase de frutos. Eres rica en vacas, llena de fuerza, alegre en mieses. Te vistes con espigas, recibes sombra de olivos, te ciñes con vides. Eres florida en tus campos, frondosa en tus montes, llena de pesca en tus playas.
No hay en el mundo región mejor situada que tú; ni te tuesta de ardor el sol estivo, ni llega a aterirte el rigor del invierno, sino que, circundada por ambiente templado, eres con blandos céfiros regalada.
Cuanto hay, pues, de fecundo en los campos, de precioso en los metales, de hermoso y útil en los animales, lo produces tú. Tus ríos no van en zaga a los más famosos del orbe habitado.
Ni Alfeo iguala tus caballos, ni Clitumno tus boyadas; aunque el sagrado Alfeo, coronado de olímpicas palmas, dirija por los espacios sus veloces cuadrigas, y aunque Clitumno inmolara antiguamente en víctima capitolina, ingentes becerros.
No ambicionas los espesos bosques de Etruria, ni admiras los plantíos de palmas de Holorco, ni envidias los carros alados, confiada en tus corceles. Eres fecunda por tus ríos; y graciosamente amarilla por tus torrentes auríferos, fuente de hermosa raza caballar.
Tus vellones purpúreos dejan ruborizados a los de Tiro. En el interior de tus montes fulgura la piedra brillante, de jaspe y mármol, émula de los vivos colores del sol vecino.
Eres, pues, Oh, España, rica de hombres y de piedras preciosas y púrpura, abundante en gobernadores y hombres de Estado; tan opulenta en la educación de los príncipes, como bienhadada en producirlos.
Con razón puso en ti los ojos Roma, la cabeza del orbe; y aunque el valor romano vencedor, se desposó contigo, al fin el floreciente pueblo de los godos, después de haberte alcanzado, te arrebató y te armó, y goza de ti lleno de felicidad entre las regias ínfulas y en medio de abundantes riquezas.>>
Yo recomiendo vivamente leer y conocer un poco más a Isidoro de Cartagena. Fue un auténtico monstruo en el mejor sentido de la palabra. Hasta que no profundizas en él no llegas a alcanzar la dimensión que tuvo y la influencia que obró tanto en España como en todo Occidente, en su época y mucho después.
Por qué Cartagena se llama Cartagena es algo que puede parecer curioso, apasionante, previsible…, pero nunca casual. Las cosas no suelen ocurrir por casualidad y los nombres propios de los lugares o toponimias, menos.
Nombres de Cartagena
Hace tiempo escribí una entrada a medio camino entre la historia y la mitología que se llamaba Cartagenas y Carthagos en el mundo. En ella relacionaba algunos de los nombres de mi ciudad, ahora me extenderé más en ello.
Toponimia curiosa
Volviendo al principio, los nombres propios pueden resultar curiosos, interesantes, pero nunca causales. Nunca es «porque sí». Veamos algunos casos.
Hay muchos pueblos, grupos de individuos o lugares que significan -en sus respectivas lenguas- «la gente». Ellos se consideran a sí mismos, la gente. Por ejemplo Canadá significa eso precisamente: «la gente».
La localidad de Palo Alto en California debe su nombre a una secuoya gigantesca que era lo primero que divisaban los españoles cuando volvían de Filipinas por la ruta del famoso Galeón de Manila. Y era lo primero que veían porque la tierra es redonda, mal que les pese a los terraplanistas.
La península del Yucatán se llama así debido a un malentendido muy gracioso. Cuando los conquistadores españoles llegaron le preguntaron a un indígena cómo se llamaba aquello. Lo que -seguramente- le respondió el inca en su lengua fue «Ma’anaatik ka t’ann» que viene a significar «No te entiendo». Pero aquello, que sonaba algo así como «Yucatán», fue lo que entendieron como nombre del lugar.
Paraguay significa «gente nacida a lo largo del río»
Uruguay equivale «río de pájaros», etc.
Y ahora vamos con Cartagena.
Muchos fonemas en diferentes idiomas significan precisamente ciudad. MAST era uno de ellos entre los pueblos iberos que habitaban las península. Si recordamos lo que simboliza el escudo de Cartagena: una ciudad, una fortaleza sobre unas rocas, una península. De ahí que ese MAST, pasase a ser MASTIA, la ciudad, por antonomasia. Y que los pobladores de ella y de sus alrededores fuesen llamados mastienos.
Hay otro nombre que se refiere a Cartagena y que (dicen) aparece hasta en la Biblia. Esto está un poco traído por los pelos pero yo lo pongo porque no cuesta dinero y a la vista de las salvajadas que hacen con la historia los nacionalistas, esto es una cagadita de rata en el arroz, además de que no afirmo que sea verdad, es solo un purparler. En la Biblia aparece una tal Tarsis. Y a Cartagena dicen que también la llamaban MASTIA TARSEION.
La justificación de esto está en que TARTE es una raíz que significa «recinto acotado o amurallado» y el término semítico RSSS es equivalente a «fundir». Pues listo, como aquella ciudad nuestra era rica en metales, especialmente plata, pasó a ser Mastia Tarseion, la Ciudadela de la Fundición, y de ahí a ser la Tarsis bíblica hay un paso.
Según parece, los mastienos eran muy antiguos y cuando comenzaron a pulular por allí una tribu ibera más moderna, los contestanos, absorbieron a los mastienos, la ciudad pasó a llamarse CONTESTANIA. Pero aquello duró menos que un abrazo de suegro.
Por aquí pasaron, pero lo que se dice pasar literalmente, haciendo negocio y tal con fenicios y tartesos, pero sin quedarse, los griegos. Recuerden que aquella Mastia o Contestania era una ciudad fuerte sobre una península. Eso, en la lengua de aquellos griegos masaliotas -o sea, procedentes de la colonia griega de Massalia (Marsella)- era QUERROSENIZO, eso significaba literalmente: fortaleza sobre una península. Y así llamaron a nuestra ciudad. Exactamente igual que a Peñíscola y por la misma razón. O sea que había dos ciudades llamadas del mismo modo.
Tampoco es que durase mucho aquella idea griega y QUERROSENIZO -o Cherrosenizo según otros- pasó de designar a la ciudad entera a una sola de las cinco colinas, la que era realmente una ciudadela fortificada: lo que hoy es el Castillo de la Concepción y que, sentimentalmente, todavía conserva ese nombre griego.
Querronesizo, Esculapio, Eshmún, Castillo de la Concepción (o Castillo de los Patos), que todo es lo mismo.
Llegaron después otros tipos pero, estos sí, con intenciones de quedarse, los cartagineses, que son los que, más o menos, terminaron por dar un nombre casi definitivo a la ciudad, aunque había de pasar por varias metamorfosis.
Los púnicos, al igual que los iberos, tenían una raíz vocal que significaba ciudad: QART. Y también los árabes respetaron más tarde esta voz ligeramente variada como QARTA para referirse a una ciudad, pero lo veremos después, impacientes.
Los cartagineses vieron las posibilidades que tenía aquel emplazamiento y decidieron hacerlo una de sus bases principales (si no la que más) para su expansión por Ispanna (que es como llamaron los fenicios a España, que existía, vaya si existía, o Iberia, que es el nombre que le dieron los griegos. Lo de Hispania fue un poco más tarde, cosa de los romanos).
Sigamos con los cartagineses. Pasaron de otros nombres previos, y el jefe de la cosa, Asdrúbal Barca, llamado también Asdrúbal el Bello, la refundó en el año 227 antes de Cristo y a aquella nueva ciudad la llamó QART HADASTH, o sea, Ciudad Nueva. Podría ser bello pero, imaginativo, lo justo.
Asdrúbal el ¿bello?
Los griegos, que seguían pasando para arriba y para abajo con sus bisnes, tradujeron aquello a su lengua y la llamaban o bien KAINÉ POLIS, o KARJEDON NEA. Negocios, muchos, pero cero complicaciones.
Lo de los cartagineses estuvo bien y fue intenso, pero duró poquito. En el 209 a.C. (Significa antes de Cristo. Lo aclaro porque como a los progres le da sarpullido nombrar a Cristo, ahora empiezan a llamarla «era Común»). Bueno, 209 antes de Cristo llegó Escipión el Africano y aquello dejó de ser cartaginés y pasó a ser romano.
Aunque Carthago fue la bestia negra de los romanos y enemigo a muerte, estos no perdieron el tiempo en borrar nombres ni hacer leyes de memoria histérica de esas ni nada. La llamaron CARTHAGO NOVA, la nueva Carthago. Toma ya. La llamaron eso y más cosas, pero siempre respetando el Carthago. Dado que era una fuente de materias primas valiosas como el esparto, la plata o el escombro, la llamaron CARTHAGO SPARTARIA (especialmente los romanos bizantinos), CARTHAGO ARGENTARIA y CARTHAGO SKOMBRARIA, según lo que estaban esquilmando para llevarse a su tierra. Y todavía no nos han pedido perdón, los tíos.
(Aclaración: el escombro no se refiere a lo que abunda ahora en el casco antiguo de Cartagena; es como se llama también a la caballa, que abundaba en estas aguas y dio nombre a nuestra querida isla de Escombreras. Con la caballa y otros pescados se hacía el famoso garum, en el que éramos primera potencia mundial, por mucho que le pese a Cádiz)
Se fueron los romanos porque llegaron los bárbaros -la cosa es un poco más compleja, pero hay que aligerar o nos darán las uvas, además, los romanos van a volver enseguida, ya verán.
Alrededor del año 500 d.C. (no era Común, no; después de Cristo) estaban por aquí los visigodos. El Imperio Romano se había dividido en dos y el de Occidente había caído. Sólo quedaba en pie el Imperio Romano de Oriente, o sea el de Bizancio o los bizantinos. Aunque ellos nunca se llamaron a sí mismos de este modo. Siempre se llamaron romanos.
El caso es que lo visigodos, después de haber echado a los vándalos, por ser eso, unos vándalos, y mandarlos a África, se habían quedado afincados por aquí. Pero, o no todo el mundo estaba contento con ellos y echaban de menos a los romanos, o es que los romanos (de Bizancio) echaban de menos su imperio de Occidente y habían decidido recuperarlos. El caso es que desembarcaron en la península. ¿Adivinan por dónde? Exacto: Por Carthago Nova.
La Spania de Bizancio.
Aquella provincia se llamó Spania -aunque, recuerden, España no existe o la inventó Franco- y Charthago Nova fue su capital. (¡Cartagena capital de España!) Utilizaron el nombre de CARTHAGO SPARTARIA del que hemos hablado antes y también el de CARTHAGINEM. Cosas de la lengua, esa «m» final del acusativo no se pronunciaba y además el acento estaba en la segunda a. Sonaba así como «Cartágena». Ya nos vamos acercando al nombre actual, aunque todavía falta un poquito.
Aquella Spania bizantina no duró demasiado. Aunque en el 565 estaba en todo su esplendor, Los visigodos fueron recuperando terreno y terminaron por echar definitivamente a los romanos (bizantinos) en el 624.
A los cartageneros no les fue muy bien aquello. Al rey godo Suintila le sentó muy mal la chulería de que Carthaginem hubiese sido la capital de Spania y pasó el rodillo. Parecía como si hubiesen pasado los hinchas británicos después de ganar la Champions League. Dejó alguna piedra sobre piedra, pero pocas, muy pocas piedras.
Llegaron los musulmanes después de derrotar a Don Rodrigo con la ayuda de algunos traidores (costumbre de la casa) y cuando llegaron por estos lares se encontraron poco más que un solar.
Cartagena fue poca cosa durante la dominación árabe, algo más que un poblacho. La llamaron ALCHERONE y al puerto, que había quedado separado de la ciudad, lo llamaron DOBEA. Después, con el tiempo cuando supieron lo que había sido en el pasado, y tomaron conciencia de que era la heredera de la Carthago de África, la llamaron QARTAYANNAT.
Ya les decíamos antes que la raíz QARTA era ciudad. Pero ¿y YANNAT? Hay teorías (poéticas) que dicen que viene de GENNA (paraíso), y que hablaría de una ciudad que era como el paraíso por su belleza, condiciones agradables, etc. Y el caso es que antes acabo de decir que era poco más que un poblado. Sí, pero es que la poesía tiene sus licencias. Además, es que los árabes tenían tres QARTAYANNAT y tuvieron que ponerles apellido para distinguirlas.
Estaba la QARTAYANNAT FRIQUIYA, que era la Carthago de Túnez, la QARTAYANNAT AL YAZIRA, que era la actual Algeciras, y la QARTAYANNAT AL HALFA (que significa la Espartaria, como decían los romanos), esa era la de la Cora de Tudmir, o sea la Cartagena actual.
A mí me llaman Jotaefe porque José Francisco le resultaba a mucha gente demasiado largo. Quizás por la misma causa Qartayannat Al Halfa fue dejando paso a Qartayanna o Cartayanna.
Ánimo que ya llega la Reconquista y encontraremos nuestro nombre definitivo. Más o menos.
Cuando llegaron las fuerzas cristianas a la que entonces era Cartayanna, fue el rey Alfonso X el Sabio el que la llamó Cartageña o Cartagenia, ya que el sonido era el mismo. Poco a poco, con la ciudad ya perteneciendo al reino de Castilla (fuimos algún tiempo «El portillo de Castilla», o sea el puerto por el que asomaba Castilla al Mediterráneo) y el nombre empieza a aparecer como Carthagena, con una «h» de quita y pon, que todavía usamos (o no) cuando hablamos de fútbol y vamos al estadio Carthago Nova.
El caso es que la h del nombre oficial se perdió un buen día y desde entonces hasta hoy somos Cartagena. Pero no se vayan, porque todavía hay más.
Cuando comenzó la conquista de América y el Pacífico por parte de España, o del Imperio Español, como gusten, también empezaron a brotar Cartagenas y Carthagos por el mundo.
Y hubo una hija que se fue haciendo mucho más grande (y todavía lo es) que la madre. Era la Cartagena que hay en Colombia, que fue el principal puerto de envío de mercancías a la metrópoli. Era tan rica que los ingleses la ambicionaban y allí fue donde hicieron el ridículo ante Blas de Lezo, sufriendo la mayor derrota de su historia.
Pero estábamos hablando de que había muchas Cartagenas y aquella se confundía con esta. De modo que la de allá del otro lado del charco, fue bautizada como Cartagena de Poniente, y la de acá, lógicamente, como Cartagena de Levante. Los lugares de salida y puesta del astro rey dieron los nombres.
Después se vio más conveniente llamar a aquella CARTAGENA DE YNDIAS, puesto que era, de facto, la capital de las Indias aquellas que afanosamente buscaba Colón.
Y aquí nos quedamos con CARTAGENA a secas o, cuando hace falta, aclararlo, todavía utilizamos lo de CARTAGENA DE LEVANTE.
Ahora sí hemos acabado. Solamente me queda un agradecimiento que hacer. Una parte importante de lo que hay en esta entrada lo aprendí de D. Juan Soler Cantó, fallecido en 2004, médico, historiador y autor de innumerables libros sobre Cartagena y que, en la Navidad de 1998 tuvo la amabilidad de regalarme y dedicarme su «Historia de Cartagena».
Otra de las colinas es la que se ve al fondo, se llama Monte de Eshmún o de Asclepio (Mons Asclepii), donde se edificó un templo a Esculapio. Ahora se llama Monte de la Concepción, aunque también hay quien le llama Cherrosenizo. Otros le llamamos todavía «El Castillo de los Patos«.
¡¡Cuantos nombres ¿verdad?! Es lo que tiene contar ya tres mil años de historia.
A la hora de dibujar, siempre me gustó imitar a los maestros. Al menos, a los que yo consideraba maestros.
Cuando se celebraron las elecciones municipales, el 26 de mayo de 2019, ganó en Cartagena mi candidato favorito: Pepe López. O Superlópez, como le llamamos algunos paisanos. Aquello me dio la oportunidad de imitar a Jan y recrear a su famoso superhéroe.
Superlópez, volando sobre la cúpula del Ayuntamiento.
Pero la victoria no fue por mayoría absoluta y se precisaba pactar; sin embargo, en el resto de partidos no estaban por la labor.
Noticias del 5º Canal
Aquello me dio la oportunidad de imitar a mi admirado Perich y sus «noticias del 5º Canal».
López no lo tenía fácil al no haber ningún medio de comunicación afín a su postura. Todos estaban «copados». Aquello lo reflejé otro día imitando el estilo de Forges.
The Truth y su tradicional enemistad hacia López
Hubo un momento en que la candidata popular parecía estar a punto de conseguir el bastón de mando. Aquello lo dibujé con el estilo sencillo y naif de Gila, el gran Miguel Gila.
Finalmente se fraguó, a nivel local, un gobierno Frankenstein, formado por socialistas, populares y ciudadanos. Todos recordamos el «pacto de la servilleta» que permitió formar gobierno en las elecciones anteriores a Movimiento Ciudadano y PSOE y que había llevado a gobernar dos años cada uno, alternándose.
Ahora era algo parecido pero todos contra López, los enemigos tradicionales se unían para evitar que el candidato más votado gobernara. Para aquella ocasión, recurrí a imitar el estilo del, quizás, más grande de todos: Antonio Mingote.
Finalmente, el pacto del papel higiénico se llevó a cabo y el PSOE formó otro gobierno Frankenstein con PP y Ciudadanos.
Nota de Agosto 2019
Tan anti natura fue aquel pacto, que el PSOE terminó expulsando tanto a la alcaldesa como a los concejales que lo perpetraron.
Se llamaba Leonardo Bódalo Gabarrón, y fuimos amigos desde que nos conocimos hasta que falleció. Además, fuimos compañeros de trabajo, desde que yo entré a trabajar en Bazán hasta que se jubiló.
La primera caricatura que le hice, por los años 70.
Ahora el que se ha jubilado he sido yo y, por casualidad (o no, vaya usted a saber) me he encontrado un sobre añejo entre mis papeles, esos que ya están amarillentos; como cantaba Serrat son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas, en un rincón, en un papel o en un cajón…
He mirado en su interior y algo de lo que había ya lo sabía y lo esperaba, pero otras cosas las había olvidado.
Había varias caricaturas de las que le hice durante el mucho tiempo en que convivimos. Era un caricatura con la mala leche cartagenera correspondiente, aunque se lo tomaba muy bien y se limitaba a rezongar «joder con el zagalico este». Subido en un taburete para resaltar su baja estatura (la física, porque en la otra era un gigante), con su eterna cartera donde llevaba de todo, desde el bocata de media mañana, su pluma estilográfica con tinta verde siempre, o sus postales de las que era representante.
Bueno, lo cierto es que lo del bocata no es exacto. Sí que llevaba su tentempié, pero no era nunca un bocata. Tenía mucha clase nuestro Leo para ir comiendo bocadillos. Chiquito pero dandi.
Esta otra se la hice unos años después, y ayuda a ir definiendo más al personaje. El meterme con su estatura lo hice en esta ocasión mediante la corbata que arrastra por el suelo.
Aparece de nuevo su eterna cartera, pero aquí se dan más datos, como el de ser también representante de la Sociedad de Autores. Eran decenas de anécdotas las que nos contaba sobre su persecución a los piratas del mundo artístico, el musical especialmente. Leonardo Bódalo era hombre de teatro, al que amaba profundamente, independientemente de su vinculación con la SGAE. Por eso los libretos de Lope, Calderón, etc.
Una nueva caricatura de Leonardo, siendo ya más mayor.
Y aparece un nuevo elemento importante: su vinculación con la Semana Santa de Cartagena. Era presidente de la agrupación marraja del Descendimiento, en la versión corta o de amigos, y en la oficial «Agrupación del Santísimo Descendimiento de Cristo y Paso de la Primera Caída» (uf). Y esa extraña y perversa vinculación que tiene la lluvia con los marrajos quedó reflejada en la puñetera nube de Viernes Santo que aparece lloviéndole a mi amigo.
Le diseñé muchas tarjetas de felicitación navideña para su agrupación, que hacía en imprenta cada año, religiosamente, y tenía que ser distinta y original siempre. En el sobre que me ha asaltado he encontrado varias, todas ellas de las últimas. No he visto ninguna de las antiguas, quizás aparezcan algún día en otro cajón. La más reciente que he encontrado es la de la navidad de 2005, no recuerdo si hubo alguna posterior. Cuando dejó el cargo cesaron mis colaboraciones en este apartado.
Felicitación que diseñé para el Descendimiento – navidad 2005 – año nuevo 2006
Y ahora damos un salto atrás y del 2005 volvamos a 1986, que fue cuando se jubiló Leonardo. Para aquella ocasión hice una nueva caricatura, en la que aparecía también nuestro jefe Juan Para Blázquez, ya que se jubilaron al mismo tiempo y la comida homenaje fue para los dos, en el Restaurante Mare Nostrum.
Caricatura que incluí en la tarjeta que diseñé para la despedida de Juan Para y Leonardo Bódalo.
Anverso del tarjetón-menú de la comida de despedida. Como se dice, es versión para iniciados, porque el extraño nombre de cada plato tenía su historia y su explicación.
Y voy a ir cerrando este homenaje a mis dos compañeros y amigos, porque son recuerdos, siguiendo con las canción de Serrat… que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.
En las costas de Cartagena –que no de Murcia, porque la ciudad vecina no tiene mar cercano– está la Cala del Reventón.
Cae, desde la ciudad trimilenaria, en dirección este, hacia Cabo de Palos, un poco antes de llegar a la Cala del Muerto, nombre que parece sacado de una novela de Robert Louis Stevenson.
Cala del Reventón, tal y como la muestra Google Maps
Y de eso iba esta pequeña pincelada cartagenera, de nombres. ¿Por qué Cala del Reventón? ¿Reventó allí algo o alguien?
Pues reventar, reventar, parece que no. O sí, metafóricamente. Según creen algunos especialistas en la materia, el nombre viene de la tercera acepción de la palabra «reventón» que tiene la RAE. Una acepción ya casi en desuso y que, seguramente, terminará desapareciendo.
Dice esa tercera acepción que es «Cuesta muy pendiente y dificultosa de subir». Y a esta cala solamente se puede acceder por mar, debido a lo abrupto del terreno.
Bella, pero hay que darse un reventón, para acceder.
Relativamente cerca, y en dirección a Cartagena hay otra calita pequeña, de la que es más fácil imaginar su etimología. Se llama Sinbikini.
La palabra copela, existe, como Teruel, vaya que sí, aunque no es de uso corriente.
Se refiere a un vaso en forma de cono truncado, que se utiliza para trabajar y purificar los minerales de oro o plata, y como curiosidad añadida tiene que está hecho con ceniza de huesos calcinados. Es de suponer que no serán humanos, claro.
Pero en Cartagena, tan dados que somos en darle pescozones al diccionario y desconcertarlo, a él y quienes nos oyen, le cambiamos el significado.
Aquí, un copela es un sordo, o al menos un poco teniente, duro de oído. ¿Por qué? Ah, ni idea. Eso se me escapa, como tantas otras.
Una jícara, vaya por delante, es una vasija pequeña, generalmente de loza, según nos explica la RAE. Y, además, suele emplearse para tomar chocolate, en estado líquido, claro, habría que añadir.
Es una especie de chocolatera, más o menos equivalente a la cafetera o a la tetera.
Sin embargo por alguna extraña razón, que no alcanzo a comprender ni he podido localizar, en Cartagena se transforma en un trozo de chocolate, en estado sólido.
jícara de chocolate
Esas deliciosas pastillas del cacao elemento en sus múltiples variedades (puro, con leche, con almendras, avellanas, sal, frutas, y un etcétera infinito) , vienen ya predivididas en porciones que, al menos antes, se llamaban onzas,
Pues, repito, en Cartagena, un trozo de esa pastilla, comprendiera una o más onzas, era una jícara.
Bien es verdad que ya no se le oye a casi nadie y es otro localismo que va camino del cementerio de la globalización.